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Desamparados OPINIÓN

Lorenzo Q. Terán
30/10/2019 | 04:03 AM

lqteran@yahoo.com.mx

 

Los acontecimientos del 17 del presente en Culiacán, dejaron muchos hilos sueltos que no deben eludirse. En un primer momento, los encargados de la seguridad nacional lo señalaron como un operativo fallido, precipitado; señalaron, con énfasis, que se trataba de una situación local, luego asumieron la responsabilidad en todo el acontecimiento y exculparon al Gobernador Quirino Ordaz de responsabilidad en el operativo oficial.
Aquí es donde subyace lo asombroso del suceso.

Muchos lectores de la prensa del estado se enteraron por información publicada en el semanario RíoDoce, que el Gobernador del Estado se reunió, a principio de octubre, en la capital del estado con altos funcionarios de la DEA; lo que trataron no se sabe, pero son muchas las interrogantes que surgen en torno a esa entrevista y su relación con los acontecimientos del 17 de octubre. Seguramente, con el tiempo, se conocerá la verdad completa de esos hechos; por lo pronto, brotan muchas dudas en la mente de los sinaloenses.

No nos vamos con la finta, algo grueso se escamoteó a la opinión pública en torno a los acontecimientos que comentamos. Pensamos que esa jornada pudo haber sido de trágicas dimensiones, de no haber mediado la actitud serena y ecuánime del Presidente Andrés Manuel López Obrador, que priorizó la protección de la vida de los civiles, evitando los sangrientos “daños colaterales”. Gracias a la responsabilidad como resolvió la crisis, se evitó que Culiacán -y otras ciudades de la entidad- se convirtiera en un verdadero infierno; esto se deduce por la capacidad de fuego y el despliegue exhibido. Sin duda un dantesco evento de una ciudad en llamas y el dolor de un pueblo fue evitado.

Los ciudadanos cuentan con un Presidente con las agallas de un verdadero estadista y previno algo grave que se cernía en torno a la aparición, en un abrir y cerrar de ojos, de los comandos armados por toda la ciudad.

La concordia que postula el Presidente López Obrador es de gran relevancia y lleva al país por buen camino para alcanzar la paz en el entramado social. Su estrategia de combatir la violencia desde sus orígenes y no por medio de las armas, va a producir buenos dividendos para la sociedad en general, y va a tener una repercusión positiva en los estratos más desamparados. Ampliando el empleo y dando certidumbre en educación y salud, otro gallo va cantar a los mexicanos. Son notorias las señales que empiezan a surgir en ese sentido, un promisorio futuro se abre paso, a pesar de las oposiciones que el régimen del cambio enfrenta cotidianamente, por parte de quienes ven perdidas las enormes prebendas que venían disfrutando en el pasado gobierno.

No afirmamos nada que no contenga hechos consumados por los protegidos del régimen pasado, incrustados en los medios, y por encumbrados miembros de la élite económica, que nadaban a sus anchas en un mar de corrupción prevaleciente por más de tres décadas; esos son los que no paran de gritar contra el actual gobierno, que viene demostrando con hechos tangibles su dedicación de barrer de la casa común de los mexicanos todo vestigio de corrupción.

En su primer año de gobierno el Presidente ha avanzado como nunca en ese propósito de limpiar de corrupción al país; son notorios los pasos que se han dado en ese rumbo, no puede desconocerse su trascendencia, se han reformado leyes para dar certidumbre al combate a la corrupción, que debe extinguirse de la vida pública y nunca más debe extenderse como mal endémico.

Volviendo a lo que tratamos al principio de este artículo, algo quedó en el tintero sin informar. Es difícil que en el corto plazo salga a la luz pública; se sospecha que algo se ocultó a los ciudadanos. Es lógico por la forma como se presentaron los acontecimientos; todo indica que esas infaustas acciones obedecieron a algo premeditado. No se puede, en minutos, organizar un evento de tal magnitud. Cualquiera, con un mínimo de conocimientos, sabe que una acción de esa índole no se organiza en media hora; son varios los elementos que se combinan en su organización.

Si algo deja la pesadilla que vivieron los culichis es que los mexicanos tienen, como Presidente, a un estadista a la altura de las circunstancias de México.

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