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Y ahí sigue Zamudio, al frente del PAN. El partido, rehén del dúo Anaya-Marko Observatorio

Alejandro Sicairos
16/04/2019 | 04:04 AM
Sebastián Zamudio está prendido con alfileres en la dirigencia del Partido Acción Nacional en Sinaloa, pero ahí sigue. Factor de dispersión, ingrediente que al contrario de la levadura le ocasionó al PAN el desinflamiento en la militancia, autor de la peor debacle electoral sufrida por estas siglas en la era moderna, está en espera de que Marko Cortés Mendoza, líder nacional del albiazul, le lance otra carnada en el anzuelo de la degradación política.
Inexplicablemente al frente del panismo sinaloense, del que debió dejar de ser cabeza desde diciembre de 2018, es de los últimos sobrevivientes del naufragio comicial, moral y social que sufrió ese partido en la elección de julio de 2018. A nadie representa, pocos lo defienden, todos saben que se le agotó el periodo directivo pero ahí está, como la puerta de Alcalá, viendo pasar el tiempo.
Zamudio se ha quedado en el edificio sede de CDE panista como estatua de sal para que nadie olvide la lección y las consecuencias del más desatinado y perverso manejo de un partido que canjeó ideales y principios fundacionales a cambio de desechos de poder para él y el grupo que lo acompaña a devorar el botín de la deshonra.
¿Pero por qué sigue al frente del PAN? Solo existen dos justificaciones posibles: porque desea organizar los funerales de las siglas azul y blanco, o bien porque confía en que la camarilla mafiosa que a nivel nacional encabeza Ricardo Anaya le amplíe la prebenda de continuar  como lugarteniente de la organización que a nivel estatal perdió todo, inclusive la dignidad.
La estrategia del postergado dirigente panista, que ya va por los cuatro meses de prolongación del absurdo, consiste en ir eliminando uno a uno a los contrarios, gastando el poco oxígeno que le queda en limpiar el camino para que el grupo de panistas que representa siga medrando de las migajas de un PAN  de antemano rancio.
Con la embestida contra Adolfo Beltrán Corrales, el más reciente obstáculo de la táctica de Zamudio para dejar al PAN sin nada, quiso curar con analgésicos el cáncer de corrupción que descubrió quien fuera el tesorero del comité estatal. Beltrán corroboró el saqueo institucional, única vocación de Sebastián y sus huestes, y al tratar de detener la rapiña sufrió la misma intolerancia que tiene a Acción Nacional en el fondo del despeñadero.
Y así ha querido eliminar a la creciente oposición interna, que lo ve sostenido por el broche endeble de la complicidad con el dúo que integran el ex presidente del PAN, Ricardo Anaya Cortés, y el actual dirigente nacional, Marko Cortés Mendoza, para cederse uno al otro los privilegios de la misma camarilla que es responsable de la crisis política y de confianza en que está el partido.
En fin, como lo advirtió a tiempo Mirelle Montes, la aspirante a dirigir el PAN que fue arrasada por la corrupción organizada panista, se cumplió el vaticinio de #MarkoEsAnaya, y en Sinaloa Sebastián Zamudio le mantiene encendidas las veladoras a esa dupla desprestigiada para que lo mantenga en el timón partidista local, así sea el volante una brasa ardiente.
La causa panista en Sinaloa está en el territorio de la militancia estoica. La que ha resistido los embates del ardid para derrumbar al PAN como fuerza política opositora y contrapeso de gobiernos perversos. La caída empezó desde que el partido solapó las transas inauditas de un Gobernador que los engañó al fingir empatía con el panismo y consiguió la engañifa por seis años mediante el placebo de la corrupción.
Es un hecho que Sebastián Zamudio será relevado en la dirigencia estatal del PAN. Ocurrirá tarde o temprano. Lo que no es seguro es que evite la tentación de dejar la ponzoña a través del nuevo liderazgo para que, esta vez de manera definitiva, la toxina acabe con un partido en cuyos estertores suplica vivir.
 
Reverso
Advierte un tóxico preludio,
Que un acuerdo ya está dado,
Y Marko ampliará a Zamudio,
Esta franquicia de PAN aguado.
 
Horno para bollos
No todo está perdido para el PAN en Sinaloa. Al menos no mientras Luis Roberto Loaiza Garzón sea esa voz crítica en la conciencia de la Comisión Especial de Ética y Buenas Prácticas Panistas, instalada hace dos semanas con un grupo de honorables de Acción Nacional cuyo objetivo es reencauzar al partido en la participación electoral, pero antes construir ciudadanía y despertar a militantes del letargo de la decepción. Loaiza sabe muy bien que en vez de un PAN caliente a Sinaloa le urge el horno que no queme los bollos.

 

alexsicairos@hotmail.com
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