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Memorándum, otro lío educativo. López Obrador, rehén de la CNTE Observatorio

Alejandro Sicairos
17/04/2019 | 04:05 AM

 

 
 
 
A manera de edicto real, el memorándum del Presidente López Obrador para cancelar la reforma educativa estremeció ayer a México, no por el fondo de lo que esta medida significa sino por la forma que delata el autoritarismo de “al diablo las instituciones” que se creyó parte de una campaña política y no de un modo de gobernar. Cuidado, el Presidente de la esperanza está cayendo en continuos derrapes y el País no está para resbalones.
 
La opinión pública nacional conoció al Presidente como cautivo de una mafia magisterial, a la cual le ofrece mayores privilegios a cambio de que lo liberen. Reinstalar a los maestros cesados, liberar a los que están presos, indemnizar a familiares de los que perdieron la vida y se reconozca el daño causado por el Estado podría ser justo a no ser que se ofrece bajo la presión de aumentar el botín para persuadir a los que han secuestrado las reformas educativas de López Obrador.
 
Los sectores nacionales se retorcieron de diferentes maneras cuando López Obrador actuó como gerente de una empresa y no como el titular del Poder Ejecutivo Federal. La orden dada a las secretarías de Gobernación, Educación y Hacienda para dejar sin efecto la reforma educativa implementada por el ex Presidente Enrique Peña Nieto se vio como guiño totalitario, lejos de la decisión templada del estadista.
 
La reforma educativa de EPN estaba muerta desde que inició el régimen actual emanado del Movimiento Regeneración Nacional. La única utilidad de ella consistía en ser el petate del muerto que AMLO blandía contra sus ex incondicionales de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a quienes amenazó con dejar intacto el esquema peñanietista si continuaban los obstáculos a la propuesta amloísta. 
 
A la llamada cuarta transformación le está doliendo que sus ex aliados de la CNTE, la aguerrida disidencia magisterial, proceda a bloquear los trabajos legislativos para modificar el sistema de enseñanza y justificar por qué el modelo de EPN fue “impuesto desde el extranjero durante el llamado período neoliberal y no ha dejado más que pobreza, violencia, corrupción y malestar social”, según lo declaró AMLO.
 
El conflicto ha escalado a un enorme lío. Todo indica que la CNTE ha doblegado al Presidente y a las instituciones y que el desafortunado memorándum quiere construir una salida digna, falsa pero puerta de escape al fin, en el conflicto agravado por la resistencia de la Coordinadora que fue acompañante efímera del vigente gobierno de izquierda.
 
Las repercusiones se dejaron venir en cadena pues mientras en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación se oyó la risa de las hienas, la CNTE se dijo insatisfecha con la acción amloísta. La organización Maestros por México, afín a Elba Esther Gordillo, hizo fiesta, mientras en la casa de los rivales elbistas se reprochó que a más de cien días del gobierno de López no han visto los resultados esperados.
 
De este tamaño es la crisis de la educación en México. Con los alumnos y maestros de vacaciones, en Palacio Nacional se generó otro embrollo político que por pretender el borrón y cuenta nueva indujo al abrazo no garrotazo contra profesores que atentaron sistemáticamente contra el derecho a la enseñanza de miles de niños mexicanos. Bien intenta decirlo el dicho: dale un gis a los cuervos y escribirán en el pizarrón sobre tus debilidades. 
 
El Presidente equivocó en el método y el ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se lo explicó con la pedagogía de la ley: la decisión que el mandatario federal tomó ayer es fácilmente impugnable. Y otra cosa quedó en evidencia: AMLO es muy errático al operar en escenarios de tensión o que lo sacan de su zona política de confort.
 
Y así fue como la mano firme, el enormísimo bono de confianza, la fe ciega de millones de mexicanos en el Presidente, y sobre todo la aptitud para alcanzar acuerdos para la reforma educativa trepidaron con ese sismo que a manera de memorándum mostró sin cortinas la debilidad presidencial e institucional.
 
Reverso
No asuste, señor Presidente,
No nos haga una a diario,
Semana Santa es suficiente,
Para revivir el calvario.
 
Lo que AMLO quiso decir
Y la mañanera del lunes fue la advertencia a los periodistas de “si se pasan... ya saben lo que sucede”, de lo cual se retractó ayer López Obrador al volver a mostrar su fobia contra la prensa que lo incomoda, dándole “una recomendación fraterna y respetuosa: no hay que hacer el ridículo, no menospreciar a la gente, ya les he hablado de la fuerza de la opinión pública y se sigue pensando en que se debe manipular al pueblo”. Cada vez entendemos menos y vale aquí una recomendación a AMLO: por qué no contrata a Rubén Aguilar, el vocero del ex Presidente Vicente Fox que traducía los dislates del devoto de las botas.
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