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Cerveza con levadura de corrupción. Licencias de oro, hoy van al inodoro Observatorio

Alejandro Sicairos
19/04/2019 | 04:03 AM
 
 
 
La gallina de los huevos de oro que representó en Sinaloa el hecho de tener un permiso del Gobierno del Estado para explotar expendios de cerveza se acabó desde la década de los ochenta, al diseminarse las tiendas de conveniencia con venta de bebidas de contenido etílico. Hoy, cuando es tan fácil adquirir ese producto se retoma la controversia de si significa mayor alcoholismo abrirlo más en la oferta al público.
 
Existen establecimientos comerciales en formato de minisúper cuyo fin es la proveeduría masiva de cerveza y se camuflan con anaqueles repletos de otros artículos de uso y consumo, solamente para disfrazar el giro verdadero. Aquí a la gente le podrá resultar imposible conseguir hasta paracetamol en algún centro de salud pública, para curarse la cruda, pero el líquido ambarino lo encuentra a todas horas, en cualquier lugar y en la cantidad que ocupe.
 
Lo más reciente sobre este tema viejo en Sinaloa es la inclusión en la agenda legislativa del Movimiento Regeneración Nacional de la propuesta que será llevada al Congreso del Estado para liberar (más de lo que ya está) el mercado estatal de venta de cerveza. Se trata de reformar la Ley de Operación y Funcionamiento de Establecimientos destinados a la Producción, Distribución, Venta y Consumo de Bebidas Alcohólicas, para que se comercialice inclusive en la tiendas de abarrotes.
 
Conocida como Ley de Alcoholes, en las profundidades de la normativa habita el monstruo de la corrupción que empieza con la cadena de inspectores que tienen ahí una de las fuentes inagotables de la pus que emerge de la cosa pública, hasta los vividores del tráfico de influencias que son beneficiarios eternos de cantinas, depósitos o centros de distribución de cerveza.
 
Lo más seguro es que la iniciativa prospere porque para el histórico opositor de la misma, que es el Partido Revolucionario Institucional, los permisos para expender cerveza dejaron de ser moneda de cambio en los arreglos fundados en la corrupción. Desde el gobierno de Alfonso G. Calderón (1975-1980) hasta el de Juan Millán Lizárraga (1999-2004), políticos, partidos, periodistas, malandrines y servidores públicos veían las licencias de la Dirección de Alcoholes como la oportunidad de hacerse ricos.
 
Durante esas tres décadas el privilegio de vender cerveza fomentó la etapa más negra de la corrupción porque al dar tales concesiones el gobernante en turno lograba el trueque por cuotas ilegítimas de poder, silencio cómplice de periodistas y medios, así como pactos de no delación entre narcopolíticos. Y de tantas prebendas de este tipo entregadas, quedó la gallina enjuta con el nido desvalijado.
 
Es el momento de ir al siguiente nivel en la oferta y demanda de bebidas alcohólicas. Sin desdeñar la congoja de si embriagarán a Sinaloa más de lo que ya está, el centro de la controversia debe centrarse en anular las licencias para venta de cerveza como factor de tráfico de influencias y distorsión de la ley en la materia.
 
También se plantea la conveniencia de evitar que la adicción por el alcohol les llegue a menores de edad en cuyo contexto familiar y social la cerveza está siempre presente. Los adultos debemos aprender a consumirla sin implicar a personas en edad temprana y fomentar la cultura de beber sin abusar porque, queramos o no, los sinaloenses somos hijos del lúpulo.
 
En cuanto al tema de salud pública, la voz más autorizada del joven científico sinaloense Alberto Kousuke de la Herrán, considera que el problema no es la cerveza en sí o que esta se pueda vender en la tiendita de la esquina sino “el problema de raíz es nuestra relación dependiente con este tipo de bebida, y la conducta que nos evoca cuando la consumimos”.
 
Se trata de un tema de orden más que de adicciones. Las tiendas Oxxo le arrebataron gran parte del negocio a los que peleaban un permiso para venta de cerveza como disputan tanto y siempre canonjías corruptas. A los diputados de la 63 Legislatura los ocupamos sobrios para regular más una actividad a la cual le urge transparentarse, sanearse y separarse de codicias políticas y criminales. Manos a la obra.
 
Reverso
Para que a nadie fastidie,
Esta ley de “¡salud!” y alcohol,
Hagan que El Peje subsidie,
Aguachile y paracetamol.
 
Pregúntale al viento
Hay bastantes reflexiones para hacer en estos días de asueto, sin embargo, una es fundamental: ¿El boceto de México que hoy nos presenta la cuarta transformación es el País que quisimos diseñar con el voto democrático del primero de julio de 2018? Echémosle cerebro y lo que resulte es lo correcto, sin la intromisión de fanatismos, prejuicios e intolerancias.
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