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Martha Camacho y su lucha de 42 años. Le pide perdón el Estado por los abusos Observatorio

Alejandro Sicairos
19/09/2019 | 04:10 AM

alexsicairos@hotmail.com

 

Un acto de memoria más no de justicia, así llanamente, será la disculpa pública que la luchadora social Martha Alicia Camacho Loaiza recibirá de parte del Estado mexicano por los agravios que sufrió durante la llamada Guerra Sucia de los años 70. Ella es la herida sin cerrar en un País que, nunca hay que olvidarlo, utilizó a las policías y fuerza armada para reprimir a la disidencia, con torturas físicas y psicológicas, e inclusive asesinando. Es la sinaloense testigo que vivió para contarnos la más brutal alegoría del gobierno criminal y todavía impune.
Al fin, le ha tocado al gobierno de Andrés Manuel López Obrador arrodillarse ante las mujeres que visten de negro. Reconocer los reclamos de “¡ellos fueron!”, “¡vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “desaparecidos, ¡presentación!” o “presos políticos, ¡libertad!” que fueron durante décadas agujas punzantes puestas en oídos y ojos de ciudadanos y autoridades. Pedir perdón no los regresa con sus familias, aunque tal vez sí ayude a sanar la herida del puñal blandido desde el poder público.

Martha Camacho ha sostenido en sus convicciones, con toda la dignidad posible, la estafeta que le dejaron grandes luchadoras sociales como Rosario Ibarra de Piedra y María de Jesús Caldera de Barrón, dos madres entre tantas que murieron buscando a sus hijos víctimas de desapariciones forzadas. Nunca el Gobierno lavará tal afrenta, haga lo que haga, esconda lo que esconda.

A solicitud de esta mujer sinaloense, que espera que la medida de desagravio se repita con otras familias que sufren desapariciones forzadas por causas políticas o de violencia, la Secretaría de Gobernación realizará el 23 de septiembre a las 12:00 horas el acto de ofrecimiento de disculpa pública, en el auditorio Alfonso García Robles del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

Solo para efectos de referencia, porque hasta el recuerdo duele, el 19 de agosto de 1977 Martha Camacho y su esposo José Manuel Alapizco Lizárraga, miembros de la guerrilla urbana denominada Liga Comunista 23 de Septiembre, fueron secuestrados por elementos de la Policía Judicial de Sinaloa y de la Dirección Federal de Seguridad que los llevaron a las instalaciones de la Novena Zona Militar, en Culiacán.

En el cuartel castrense José Manuel fue ejecutado extrajudicialmente y su cuerpo desaparecido, luego de ser sometido a torturas y mutilaciones, mientras a Martha la recluyeron en las mazmorras del Ejército con un embarazo de ocho meses de desarrollo, y la obligaron a dar a luz en dichas condiciones. Desde entonces ella es sobreviviente y testigo de la Guerra Sucia que involucra a los ex presidentes Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo.

Nadie piense que con la disculpa pública acaba la búsqueda de los desaparecidos. Al contrario, al reconocer el Gobierno de México la participación que tuvieron sus policías y tropas en la Guerra Sucia lo que se espera es que establezca estrategias para responder al grito de “¿Dónde están?”, al cual hacen eco todas las plazas y calles del País, así como la interrogante anidó para siempre en la conciencia nacional.

“Es algo a lo que tenemos derecho los familiares de los desaparecidos de la Guerra Sucia. Justicia, memoria y reparación. Se trata de la aceptación del Estado mexicano de que cometió los delitos de tortura, desaparición forzada y persecución política; es un punto de inflexión que nos lleva a continuar con más ganas la lucha para que el gobierno reconozca que fueron ellos, como lo hemos señalado durante décadas”, considera Martha Camacho.

Plantea que al evento del 23 de septiembre acuda también el Secretario de la Defensa Nacional, General Luis Crescencio Sandoval González, para que sea el Ejército Mexicano, el mismo que atacó los derechos humanos y constitucionales de tantos ciudadanos, el que pida perdón no solo a ella sino a todas las madres y familias que desconocen el paradero de sus seres queridos.

Al conversar con ella ayer no era distinta a aquella esposa, jefa de familia y activista que en mayo de 2002 se plantó valiente a denunciar ante la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado el asesinato y desaparición de José Manuel Alapizco Lizárraga, y las vejaciones y torturas de las que ella fue objeto; la que mantuvo en alto la guardia después de que en 2013 la Procuraduría General de la República consideró prescritos esos delitos.

La que promovió un juicio de amparo para que un tribunal determinara en 2014 que existían suficientes elementos para considerar que durante el periodo de la Guerra Sucia se habrían cometido violaciones a derechos humanos que pueden ser constitutivos de delitos de lesa humanidad y que por su gravedad son delitos imprescriptibles.

Es la misma Martha Camacho que le es fiel a la promesa de “si yo estoy viva, tú nunca estarás muerto”.

 

Reverso

Esta valiente guerrera,
Es la que mantiene despiertos,
A los vivos en la tierra,
Y en el cielo a los muertos.

 

La automutilación

Aunque se veía venir casi desde la integración de la 63 Legislatura, la bancada del Movimiento Regeneración Nacional en el Congreso de Sinaloa le cede algo de su fuerza al Partido Revolucionario Institucional al dejar fuera al Diputado Fernando Mascareño Duarte del grupo parlamentario de la Cuarta Transformación. Mascareño, una vez expulsado le engordará ahora sin andarse escondiendo el caldo a la fracción priista. Ahí la lleva Morena como en la canción infantil: un elefante se balanceaba sobre la telaraña de Morena y como veía que resistía…

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