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Un puñado de votos que nunca llegó Opinión

Joel Díaz Fonseca
23/02/2019 | 04:04 AM
Esopo, el reconocido fabulista griego, se refiere en muchas de sus fábulas a la simulación, y aunque sus personajes son siempre animales, describe bastante bien el cinismo de los hombres, que buscan con frecuencia responsabilizar a otros de sus propios errores y traspiés.
 
Una de esas fábulas trata sobre una zorra sedienta que intentó infructuosamente alcanzar un racimo de jugosas y apetitosas uvas que colgaban de un alto sarmiento.
 
‘Saltó, saltó y saltó, y no pudo alcanzar el racimo. Y al darse cuenta de que un pájaro vio sus infructuosos intentos por alcanzar aquellas uvas, se retiró gritando para que aquel le escuchara: ¡Están verdes, al cabo que ni quería!’
 
Me vino a la memoria esta aleccionadora fábula de Esopo al leer las declaraciones de Adolfo Beltrán Corrales, líder del PAN en Culiacán, minimizando las renuncias de no pocos militantes de dicho partido.
 
Como la zorra de la fábula, reprocha a los militantes tránsfugas que dejen el partido ahora que está en crisis, y dispara excusas minimizadoras del éxodo blanquiazul.
 
Desde su perspectiva, no todas las renuncias tienen que ver con los ideales, la doctrina o los principios de Acción Nacional, sino con intereses personales y laborales de los renunciantes.
 
Y cita los casos específicos de Arturo Sánchez y de Arturo Ordóñez, que renunciaron, según dice, porque asumieron cargos, el primero en el Gobierno del Estado, y en el Congreso local el segundo.
 
Sin embargo, reconoce los errores que llevaron a la debacle electoral al PAN el año pasado.
 
Y apunta hacia quienes considera que son los responsables del naufragio de la nave panista: Adolfo Rojo Montoya, Alejandro Higuera Osuna y Carlos Castaños Valenzuela. Los acusa de haber repartido entre familiares y amigos todas las candidaturas en la pasada contienda electoral.
 
“Entendamos de una vez”, alerta a sus correligionarios, “tenemos que ir al reencuentro, el PAN ya no aguanta más. Tenemos una representación pírrica en el Congreso y en los cabildos, y esto no es más que resultado de las malas decisiones que se han tomado”.
 
Desde la perspectiva de Beltrán Corrales, el reto para el reencuentro con la sociedad sinaloense es que el partido se sacuda a quienes lo han llevado a la peor crisis en su historia. Y apunta también a Sebastián Zamudio Guzmán, el dirigente estatal.
 
“No hay partido, no hay cabeza... es tiempo de trabajar y mandar señales claras a la sociedad de que somos un partido en el que se pueda seguir confiando”, concluye.
 
Sin duda muchos de los militantes, incluidos los que se alejaron por no estar de acuerdo con las alianzas que se fraguaron en la pasada contienda electoral, coinciden con el diagnóstico de Beltrán Corrales.
 
La dirigencia estatal panista ajustó el partido en el pasado proceso electoral a los intereses políticos y personales de Héctor Melesio Cuén Ojeda, del Partido Sinaloense.
 
Difícilmente olvidarán los panistas, sobre todo los de viejo cuño, la forma en que reaccionó Zamudio Guzmán ante la manifestación silenciosa de un militante del blanquiazul en el acto en que quedó formalizada la alianza PAN-PAS, el jueves 8 de enero del año pasado.
 
El joven se manifestaba en silencio contra ese acuerdo portando una pancarta en la que se leía: “No CUENte con los panistas”.
 
Ahí Zamudio Guzmán se abrió de capa. Más furibundo y encendido que el propio precandidato Cuén Ojeda, acusó al joven de estarle haciendo el juego sucio al PRI (en ese momento no veían a Morena como un peligro).
 
“Cuén Ojeda”, dijo frenético Zamudio Guzmán, “reditúa el triunfo al PAN, no nada más en el Senado, sino en varias diputaciones federales y locales”.
 
Aunque con otras palabras, el dirigente panista esgrimía la tesis atribuida al hugonote Enrique de Borbón, cuando abrazó por conveniencia el catolicismo en su búsqueda del trono de Francia: París bien vale una misa, dijo.
 
En la perspectiva de Zamudio Guzmán aquella frase equivaldría a: “Un puñado de votos bien valen una alianza”. Alineó el partido a los intereses de Cuén Ojeda en su pretensión de lograr un escaño en el Senado.
 
Si hubiera congruencia entre lo que se postula y lo que se acuerda por conveniencia electorera, tanto Sebastián Zamudio como todos los que lo secundaron en esa aventura política que terminó en rotundo fracaso, deberían estar fuera del PAN.
 
Tras el fracaso electoral de la alianza con el PAS, seguramente Zamudio Guzmán terminó mascullando, como la zorra de la fábula de Esopo: “Al cabo que ni quería”.
 

 

jdiaz@noroeste.com
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