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¿De vuelta a su hábitat? Opinión

Joel Díaz Fonseca
27/02/2019 | 04:03 AM

jdiaz@noroeste.com

 

Hace 43 años se escuchaba en la radio una bella canción de Mocedades, el grupo español que desde 1973, tras su exitosa participación en Eurovisión con el tema Eres tú, se convirtió en el referente musical de España en todo el orbe.

 

Es la canción que habla de “una gaviota sin plumar” (sic) que emprendió el vuelo y la alcanzó la noche. Cuando volaba hacia el sol, un buitre cayó sobre aquella gaviota “torpe” y ya no pudo regresar a su hábitat.

 

Eso es más o menos lo que cantaba Mocedades, tema que puede de alguna manera aplicarse a la Gaviota que habitó durante seis años en Los Pinos.

 

Sin haber hecho “casting”, aparentemente, Angélica Rivera Hurtado, “La Gaviota” de las telenovelas, consiguió el papel coestelar en el filme que bien podríamos llamar “el despeñadero”.

 

Junto con doña Carmen Romano de López Portillo, Rivera Hurtado ha quedado catalogada sin duda entre las más frívolas primeras damas que ha tenido este país. La última, si nos atenemos a la decisión de la señora Beatriz Gutiérrez Müller de no representar el papel de Primera Dama.

 

La agencia noticiosa SinEmbargo publicó el jueves un artículo en el que cuestiona el secretismo oficial en torno a los gastos dispendiosos de la esposa del Presidente.

 

Desde el titular mismo, el artículo cuestiona la opacidad en todo lo concerniente a quien fue la Primera Dama: “¿Cuánto le costó La Gaviota al País? La información de los gastos de la ex Pimera Dama es inexistente”.

 

Si se revisan los archivos de la Presidencia de la República”, se asienta en el reportaje, “Angélica Rivera jamás pasó por ahí. Sus huellas no se encuentran. Su presencia no puede dibujarse. De sus gastos no hay facturas ni comprobantes. Ni un pequeño detalle de su rendición de cuentas que sirva para documentar su vida en la Residencia Oficial de Los Pinos”.

 

Blindada por elementos del Estado Mayor Presidencial y apegada al argumento de que no era servidora pública”, agrega, “no dejó el menor registro de sí misma en los archivos de la administración pública federal”.

 

Y vaya que tan solo en su ropa y joyas, confeccionadas y diseñadas por los más renombrados modistos y diseñadores del orbe, gastó la Presidencia una fortuna. Y cómo no habría de hacerlo si el enlace de Rivera Hurtado y Peña Nieto fue un “cálculo político”, una “unión convenida”, como en la edad media y aún en épocas posteriores.

 

Los padres decidían el futuro de sus hijas, sin importar si estaban de acuerdo en enlazarse con jóvenes o con viejos adinerados a los que ni siquiera conocían.

 

La periodista Sanjuana Martínez escribió en octubre un artículo en el que asienta que previo a la postulación de Peña Nieto como candidato del PRI a la Presidencia, Televisa le presentó un catálogo de sus más cotizadas actrices para que eligiera de entre ellas a quien sería su pareja. La elegida fue Rivera Hurtado.

 

Ella se habría comprometido a fungir como esposa, para atraerle votos a cambio de ganancias económicas”, señala el artículo de SinEmbargo.

 

Que el enlace Peña Nieto-Rivera Hurtado fue un convenio político, por no decir una farsa, lo demostró la separación de la “pareja presidencial” en cuanto cayó el telón y se apagaron las luces.

 

Tomó cada uno su camino, pero, eso sí, “bien fondeados”. ¡Ah!, y con la seguridad de que será difícil que el fisco o la nueva Fiscalía General encuentren algo a su nombre.

 

Tuvieron el tiempo suficiente, y los controles de las instituciones encargadas de perseguir el delito, para borrar cualquier huella de un uso dispendioso de los recursos del erario.

 

No hay manera de conocer de primera mano cuánto le costó La Gaviota al País, como advierte SinEmbargo, pero la sociedad mexicana sí puede darse más o menos una idea si hace un repaso de las crónicas que se publicaron sobre ella y su familia en las “revistas del corazón” como Hola, Quién y Vanidades, entre otras, que son el escaparate para que las “familias bien” se luzcan y se pavoneen, para que presuman a todo mundo su vida de lujos y de frivolidades.

 

El de 2013-2018 fue sin duda un sexenio de telenovela, pero con un final diferente. En el “reality” que nos tocó presenciar no triunfó el amor, como ocurre en las telenovelas. Este terminó en un “aparente” divorcio, aunque no puede hablarse de divorcio cuando se trata de un matrimonio arreglado. Seguramente al alejarse ella de aquel nido de telenovela se escuchaban las voces de Mocedades como trasfondo:

 

“… gaviota torpe y sin plumar, vuelve a tu nido, vuelve a tu gente…”.

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