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Dámaso de camino a la eternidad Opinión

Jesús Rojas Rivera
29/03/2019 | 04:06 AM
Las letras mexicanas visten hoy un luto solemne, murió en la Ciudad de México el escuinapense más universal, el literato sinaloense Dámaso Murúa Beltrán. La obra de Dámaso es fecunda en una fusión narrativa incomparable. A decir de los críticos literarios, se va el gran narrador de historias sureñas.
 
De mi paisano se recogen novelas que atrapan, cuentos de profunda reflexión mezclados en quimeras cercanas a la leyenda, pero sobretodo, un estilo narrativo rico en regionalismos que no dejan de lado la calidad del trazo aun en lo sencillo de su literatura popular.
 
En 1964 publica en la Editorial Mexicana “Doce relatos escuinapenses”, en donde expone las vivencias de nuestro pueblo natal, la pequeña patria al sur de Sinaloa marco usual de sus maravillosas obras. 
 
Supe de Murúa cuando era yo un niño, mi madre tenía por algún lugar de nuestro departamento en Zapopan, la primera edición de “El Güilo mentiras”. Ella creía que el arte de Dámaso era una flor que había crecido por suerte en el yermo salino de camino a Teacapán.
 
Ramón Eduardo Guevara, periodista y cuentacuentos del sur de Sinaloa -finado hace unos años-, fue mi amigo e incitador a leer la obra del paisano. “Debes conocer su narrativa porque los que somos aquí nacidos o avecindados, tenemos la obligación moral e histórica apropiarnos de su obra para difundirla”. Ramón como mi madre, veían en Dámaso un fenómeno atípico en el prodigio de sus letras. Contemporáneo de mis abuelos, ellos me contaron sobre las andanzas del escritor, sobre la respetable familia Murúa y aquellos datos pueblerinos que rondan el nacimiento del autor a principios de los años treinta. 
 
La oralidad sureña hecha narrativa conquistó incluso el gusto del uruguayo Eduardo Galeano amigo personal del señor Dámaso Murúa, a dicho de los que saben de literatura contemporánea, el viaje de Galeano al sur de Sinaloa fue motivo de inspiración en su obra. El columnista José Luis Franco escribió hace unos años en SinEmbargo: “En Escuinapa, imagino, se comieron un canasto de camarones secos, otro de cocidos, callos de hacha, tamales barbones, lisas tatemadas, y demás manjares de la región que incitan al delicioso pecado de la gula y a una cerveza bien fría, en casas de amigos del autor de El Güilo Mentiras, que acabaron como personajes de sus historias. Puedo apostar que los más viejos le hablarían de Susana Contreras, la tía del Dámaso que se gana la página 35 de El libro de los abrazos por varios motivos. Dice Galeano que si ella hubiera contado su historia a Gabriel García Márquez, la Crónica de una muerte anunciada quizá hubiera tenido otro final. La describe así: “tuvo en sus buenos tiempos el culo más incendiario de cuantos se hayan visto llamear en el pueblo de Escuinapa y en todas las comarcas del Golfo de California”.
 
De eso mismo me contó Ramón Guevara, de la influencia de Murúa en la rebeldía de Galeano, de las interminables charlas que debieron tener al esconderse el sol detrás de las islas mazatlecas y de la importancia de saber que, desde uno de los municipios más pobres de Sinaloa, se podrían formar talentos literarios que rompieran las barreras del tiempo y del espacio. 
 
No se trata de ser como el hoy finado, se trata de tomar su ejemplo, de saber leer para escribir mejor, de escuchar a los viejos para entender el presente, de retomar la oralidad mística en las historias del mercado donde la vida se narra entre mangos y arrayanes, de la plazuela donde robamos el primer beso, de la iglesia donde recibimos los sacramentos, de la playa donde nos fecundaron, del estero donde nos criaron con camarón y gualicochi.
 
Si orgulloso me he dicho siempre de ser nacido en Escuinapa, mucho de ello está precisamente por ser paisano de don Dámaso, espero con sinceridad que nuestro pueblo bueno y su autoridad acémila, entiendan la trascendencia del hecho y hagan un homenaje digno al literato más grande que nuestra tierra parió. Mientras tanto yo, voy camino a la funeraria Gayosso de Félix Cuevas, a darle un abrazo a su familia, en particular a su hijo Yuri, el compañero fiel de sus últimas batallas. Luego le seguimos...
 
jesusrojasriver@gmail.com 
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