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Engañar preguntando Opinión

Federico Reyes Heroles
02/04/2019 | 04:00 AM

frheroles@prodigy.net.mx

 

“¿Verdad que debemos llevar buenas relaciones con Trump?”, todo mundo asiente. Cómo decir que no, buenas relaciones con todos. “El pueblo es sabio... este es un asunto interesantísimo. Levanten la mano los que piensen que debemos contestar cada vez que se refiere a México”, las manos del coro aparecieron de inmediato.

 

Las democracias se sustentan parcialmente en preguntas sistemáticas. Pero no todo debe someterse a ellas. ¿Está usted de acuerdo en que matar a su esposa y a su amante sea legal si los encuentra usted en el acto? La aceptación es muy popular. Pero las leyes se constituyen, es cierto, de aprobación popular, pero sobre todo de principios. Estos no son negociables, no deben someterse a ningún tipo de consideración. Todo orden legal tiene un contenido axiomático, de valores, que debe regir el comportamiento de gobernantes y gobernados. Sólo ciertos asuntos son sometidos a la opinión popular nunca los principios. Hitler convocó en varias ocasiones a elecciones para modificar el aparato jurídico que lo convirtió en el Führer. Pinochet preparó sus días de fiesta para perpetuarse legalmente en el poder, pero por poco margen, por fortuna, perdió el plebiscito.

 

Suena muy democrático, pero preguntar lo que no se debe es una grave desviación, distorsión, degradación, deformación de la ética que debe regir en una democracia. Además, hay formas de preguntar. Sócrates era un mago para conducir el debate en un curso determinado, pero no ponía trampas. Precisamente porque hasta lo virtuoso se puede convertir en algo perverso, es que las preguntas sobre lo público deben ser observadas muy puntualmente.  El arte de preguntar de Sócrates ha evolucionado hasta convertirse en una ciencia. La demoscopia, la ciencia de las encuestas, ha desarrollado una serie de principios básicos para que las respuestas sean libres y auténticas. Hay manuales de cómo formular las preguntas, para que no induzcan las respuestas.  La secrecía es esencial, es una de las grandes aportaciones de la civilización occidental al proceso civilizatorio. Sólo en secrecía las personas contestan lo que de verdad opinan. Se puede engañar preguntando. La mano alzada es usada por caciques y dictadores. En Cuba votaciones así han sido comunes.

 

Hay asuntos como los derechos humanos o el debido proceso o los principios de la democracia, que jamás deben ser sometidos a consulta. Los racistas del sur de Estados Unidos nunca hubieran aprobado una legislación igualitaria. La ignorancia, los prejuicios, son grandes enemigos de la democracia. “Ciertamente, fui elegido para ejercer la Presidencia durante un sexenio, pero según nuestra Carta Magna, el pueblo tiene todo el derecho de cambiar la forma de su gobierno; es decir, el pueblo pone y el pueblo quita”, son las contradictorias líneas del compromiso de Presidente: no relección, pero si el pueblo quiere puede cambiar su forma de gobierno, no relección incluida. ¿Más claro?

 

En Veracruz, el Presidente preguntó de forma engañosa sobre la política exterior. “Verdad que debemos...”. Nadie quiere llevar malas relaciones con EE.UU. En las formas, violó todo principio democrático: la mano alzada, confronta y sojuzga discrepancias, mata a la secrecía. ¿Quién va a oponerse públicamente al Presidente? Preguntar a modo es la fórmula de gobierno, ya lo vimos con el NAICM: la amañada “consulta” volteó de cabeza resultados científicos. Entonces, engañar preguntando.

 

Para alusiones familiares:

Murió hace 34 años, defendió siempre a las instituciones, rechazó la relección toda su vida, no vio la globalización, ni la caída del muro de Berlín. ¿Cómo se atreve el Presidente a arrogarse decisiones de los muertos, de Jesús Reyes Heroles y suponer su apoyo? Por descabellado, ofensivo.

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