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La frontera entre el narco, la migración y la indefinición de AMLO Opinión

Adela Navarro Bello
06/04/2019 | 04:04 AM

La falta de una definición y una respuesta frontal por parte del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, a las amenazas del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en el tema de la migración, está comenzando a sentirse como una tibieza institucional, además, de manera unilateral el problema está escalando y afectando ya, las relaciones comerciales entre ambos países.

 

Trump está mediáticamente solo en esta cruzada, y ha dado órdenes para que personal de aduanas de los Estados Unidos sea reubicado en el patrullaje fronterizo, con lo cual se ha cerrado de manera parcial la aduana comercial.

 

La frontera entre México y los Estados Unidos tiene una longitud de más de 3 mil 100 kilómetros y se divide, en territorio nacional, en seis estados. Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. De ciudad a ciudad, inicia en el noroeste en Tijuana, Baja California y concluye en el noreste en Matamoros, Tamaulipas.

 

Colindante con los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas, en los Estados Unidos, esta frontera no solo es atractiva para establecer relaciones comerciales, sociales o académicas, de gobierno entre gobiernos de ambos países, también atrae a los criminales. Particularmente a los narcotraficantes.

 

Por supuesto, también, a quienes buscan el “sueño americano”, y pretenden, desde cualquier parte del País, de América Central, África o Asia -mayormente- internarse en los Estados Unidos, sea por la vía documentada solicitando asilo, refugio o tramitando una residencia legal, o de manera abrupta, sin documentos, utilizando los servicios del crimen organizado o lanzándose por el rio, las montañas, el desierto o las playas.

 

El discurso del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, siempre fue antimigración indocumentada. Desde la campaña polarizó con la idea del migrante criminal, que abusa y se aprovecha en aquel territorio.

 

Tal acepción se acendró con la llegada de las caravanas de migrantes provenientes de Honduras, que por miles entraron a México de manera accidentada y llegaron a la frontera norte, particularmente a dos ciudades de Baja California, Mexicali y Tijuana, Además, hoy día prevalece la alerta de nuevas oleadas de migrantes de América Central y Asia, que intentarán entrar a los Estados Unidos vía México.

 

El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha tomado el tema, como muchos otros, de manera muy laxa, sin profundizar en las repercusiones que un cierre de la frontera por parte de los Estados Unidos pueda significar para los estados del norte y para el país en general, especialmente en el aspecto comercial. De visita en una comunidad no fronteriza, como lo es Poza Rica, Veracruz, el Presidente le preguntó “al pueblo sabio”, que en ese momento eran los presentes, si debía responder o no a los comentarios del mandatario de Estados Unidos de Norteamérica, y por supuesto le dijeron que no. Quizá la respuesta hubiese sido distinta si “el pueblo sabio” lo hubiesen integrado residentes de una de las ciudades fronterizas mexicanas, que en el día a día deben lidiar con la migración, los crucen fronterizos, los trámites binacionales y la inseguridad en el país.

 

Para que se dé una idea, tan solo en Tijuana, al día, por la aduana local se realizan un promedio de mil 800 operaciones de importación de productos, y un promedio de 2 mil 800 transacciones de exportación de productos. En la aduana turística en dos garitas (Chaparral y Otay), cruzan alrededor de 75 mil vehículos por día.

 

El Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica ha amenazado con cerrar las fronteras con México, si el gobierno de este país no detiene la migración de Centro América hacia aquel territorio transitando por el nuestros. Ha dicho que sus centros de migración están al tope de personas que han sido detenidas por la patrulla fronteriza. Un elemento de migración confió que de octubre 2018 a marzo 2019 (lo que va del año fiscal norteamericano), se han detenido en la frontera contenida entre Mexicali y Tijuana, Baja California, 6 mil guatemaltecos, 5 mil hondureños y mil salvadoreños. Que no ha sido tan notorio en México la presencia de los mismos, porque no arribaron en caravana como lo hicieron los hondureños a finales de 2018.

 

Un agente de migración en México explicó que sí se han cerrado un poco los trámites para el acceso de los migrantes de América Central a suelo nacional, y que personal de migración ha sido dispuesto en el Itsmo de Tehuantepec, no tanto para cerrar el paso sino para hacerlo más ordenado.

 

Aun así, el Gobierno mexicano se ha negado en la figura del Presidente Andrés Manuel López Obrador a responder al Presidente de los Estados Unidos de manera frontal y contundente sobre la política migratoria mexicana, lo que exacerba al norteamericano a grado de intensificar sus comunicaciones en redes, amenazando con cerrar la frontera.

 

Además mezclando el tema de la migración con el tema del narcotráfico. No solo indicó Donald Trump que cerrar la frontera es una opción para detener la migración, sino también el paso de la droga. Y que en ese caso, era más importante la seguridad que el comercio.

 

La droga que es traficada de México hacia los Estados Unidos, ciertamente cruza -de manera ilegal- por garitas vehiculares, pero mayormente es trasegada en barcos, en lanchas, por aire y por túneles. Si hay un cierre de la frontera entre México y la Unión Americana, la droga no dejará de fluir hacia aquel país, como sí se detendrán las operaciones comerciales, particularmente las exportaciones mexicanas; de acuerdo a la agencia Reuters, el 40 por ciento de las frutas que consumen en Norteamérica son de importación, y México es el tercer socio comercial de aquel país.

 

Los cárteles de la droga mexicanos han construido sus propios canales para el trasiego de la droga hacia los Estados Unidos que superan a las fronteras establecidas, incluso para internarse en aquel país tienen sus procesos especiales. Viene a cuento el caso de un miembro del cártel Arellano Félix que en la década de los 2000 padecía cáncer, y era conocido que se internaba para recibir tratamiento allende la frontera, por la vía marítima.

 

Esta semana, el gobierno de los Estados Unidos inicio medidas que afectan las transacciones comerciales y turísticas con México, de acuerdo a información de aduanas, el 30 por ciento del personal destinado a los módulos de importación desde México ha sido asignado a labores de la patrulla fronteriza, para el cuidado de las fronteras y la captura de migrantes sin documentos, lo cual repercute en la actividad comercial. Regresando al ejemplo de Tijuana, de 10 módulos para la importación que tenían habilitados, únicamente funcionan siete. Los choferes de los tráileres cargados de productos alimenticios y productos tecnológicos e industriales que previo a esta medida esperaban dos horas para hacer el trámite e internarse a aquel país, hoy deben esperar hasta cinco horas en promedio. Lo mismo sucedió el fin de semana en las garitas turísticas. Hubo filas de hasta cuatro horas para cruzar de México a los Estados Unidos por los dos puertos de acceso en Tijuana.

 

Representantes de maquiladoras e industrias se han reunido ya, para establecer comunicación con el Gobierno mexicano, esperarían una posición más firme del Presidente de la República, la reasignación de personal que se está dando en territorio norteamericano les afecta ya en las exportaciones, un cierre de la frontera laceraría gravemente la economía mexicana.

 

La droga sin embargo, seguirá fluyendo de este país al otro. Para los cárteles no hay fronteras, hay crimen, y ese también es binacional.

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