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Las raíces del desencanto Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
07/04/2019 | 04:05 AM
‘Los alcaldes morenistas sinaloenses están construyendo futuro, sin embargo, no es el esperado, que habría pan y gozo para todos, sino un futuro incierto en medio de una ola de frustración que se veía lejos y estaba a vuelta de la esquina’.
 
 
 
 
Duró solo cuatro meses.
El triunfo de una tarea de construcción que llevó décadas de esfuerzos y sacrificios individuales y colectivos para que la izquierda gobernara en Sinaloa. Basta que unos alcaldes sin antecedentes de izquierda y con escaso oficio político, sin ideales consistentes y una frágil sensibilidad social, estuvieran empeñados en echar abajo la esperanza de cambio.
 
No hay día en que Jesús Estrada Ferreiro, Luis Guillermo Benítez Torres o Billy Chapman Moreno, dejen de traicionarse por sus desplantes y dislates, su impericia política y muestren que no entienden lo que es gobernar con un ideario democrático y de justicia, que aun con ello sigue teniendo a López Obrador por encima del 80 por ciento de apoyo ciudadano, pero, en Sinaloa empieza a ser terreno minado.
 
Cuando eso sucede, la esperanza se corroe y se aleja la posibilidad de un cambio verdadero que, dicho de paso, en un país tan desigual como el nuestro es un crimen de lesa humanidad que de no reconsiderarse terminaremos pagándolo todos.
 
Se podrá decir, desde el púlpito partidario, que las políticas sociales del gobierno federal son el pilar básico de la llamada cuarta transformación y que lo que hagan los alcaldes morenistas es secundario, complementario, menor, pero si bien en ello hay algo de cierto, siendo un gobierno con un Presidente fuerte, los ayuntamientos es el nivel de gobierno más cercano a la gente y es que no tiene que ver con una beca o una pensión doble a los adultos mayores, sino con lo inmediato la dotación de los servicios públicos o un sistema de seguridad eficiente.
 
Es ahí, donde la gente ha evaluado a los que se fueron y evaluará a los que han llegado a administrar las alcaldías, no por su pertenencia al partido del Presidente, sino por lo que hagan o dejen de hacer en sus funciones de gobierno. Quizá, por eso, no replican aquello de las consultas para la rendición de cuentas y la revocación de mandato, porque sin duda su liderazgo saldría en entredicho.
 
No es casual que Sinaloa electoralmente hablando haya oscilado entre una alta abstención y una alta participación, como lo vimos en los comicios estatales de 2016 y los concurrentes de 2018, y dentro de ello hay algo silencioso que cada día es más visible: el voto diferenciado o voto cruzado, como se le conoce coloquialmente.
 
Esos comportamientos electorales que no saben de municipios densa o escasamente poblados, es el tic tac de la percepción que se tiene de los gobiernos, sean sus gobernantes rojos, azules, verdes, amarillos o tintos.
 
Vamos, es lo que explica el realineamiento electoral que hubo el año pasado, el hartazgo ante la impericia política, el abuso o la corrupción de los gobiernos anteriores.
 
Pero, como ese tic tac es dinámico, no se estaciona en ninguna parte, no genera sino destruye lealtades, sino es una suerte de sombra sobre la calidad de los gobernantes que en el momento electoral llega a poner a cada quien en su lugar.
 
Los alcaldes morenistas sinaloenses están construyendo futuro, sin embargo, no es el esperado, que habría pan y gozo para todos, sino un futuro incierto en medio de una ola de frustración que se veía lejos y estaba a vuelta de la esquina.
 
El morenismo pensante, porque hay sin duda uno que es todo emociones, ve con preocupación el espectáculo que sus alcaldes están dando y saben que aun estando Andrés Manuel en la papeleta electoral de 2021, lo que hoy se siembra mañana se cosechará en las urnas, y eso puede significar transformar la esperanza en frustración y eso de inmediato podría ser una baja en las urnas y en apoyos al morenismo local.
 
Ya hay un adelanto, está en los resultados de las elecciones recientes en sindicaturas y comisarías, donde el PRI ha arrasado, según declara Jesús Valdés, el dirigente estatal del tricolor, cuando sostiene que sus candidatos se llevaron el 80 por ciento de lo votado en todo el estado y no recibe ninguna respuesta desde el morenismo.
 
Sorprende que haya sucedido siendo Morena el partido que gobierna el 80 por ciento de la población incluidas jurisdiccionalmente la amplia mayoría de las sindicaturas y comisarías, y eso parece que no provoca reacciones entre los personajes del morenismo que siguen actuando como si el resultado hubiera sido al revés.
 
O sea, si siguen como van las cosas, la frustración en los siguientes 32 meses podría alcanzar los enclaves más duros del lopezobradorismo o, mejor, un vistazo hacia el morenismo de Culiacán, Mazatlán y Ahome nos muestra un partido fragmentado, sin cohesión, quizá lo único que une a los miembros de cada uno de estos grupos es la frustración y el resentimiento contra los que cosecharon el trabajo de muchos y que están haciendo todo para que Morena no repita.
 
Y eso de suceder, significaría que Estrada Ferreiro regresaría a su despacho de abogado litigante; Benítez Torres a su laboratorio de análisis de fluidos orgánicos y Chapman Moreno a la promoción de la pesca deportiva en Topolobampo.
 
Pero, qué importa que los hoy alcaldes vuelvan a sus negocios y profesiones, lo que importa es que la espera que costó décadas de lucha política y social y está en la memoria de las gestas campesinas, el movimiento estudiantil, las luchas de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos o los movimientos cívicos y, sin duda, los personajes que sentaron las bases para que en todo México y en particular Sinaloa gobernara la izquierda variopinta, se vaya todo al carajo por el bajo desempeño de sus gobernantes. 
 
Ese sería el punto, el alcance mayor de nuestra singular kakitocracia, el llamado gobierno de los peores que terminarían con la esperanza.
 
Ojalá, y me equivoque.
 

 

jehernandezn@hotmail.com 
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