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A quién le importa la opinión pública Opinión

Vladimir Ramírez
09/04/2019 | 04:00 AM

vraldapa@gmail.com

@vraldapa

 

En el transcurso de la historia, al menos la del siglo pasado y en lo que va del Siglo 21, el término de opinión pública ha sido uno de los conceptos que se mantienen con una vital presencia en la vida política y gubernamental de las democracias occidentales. Sin embargo, este concepto ha tenido también distintas interpretaciones de acuerdo con el tiempo y circunstancia social de cada época. En la actualidad, el fenómeno de la opinión pública se ha vuelto cada vez más complicado de definir, sin que esto signifique que haya perdido importancia o relevancia, sino todo lo contrario: ubicar y reconocer la naturaleza y alcance de la opinión pública se ha convertido en todo un reto para los gobiernos, partidos políticos y organizaciones sociales.

 

Resulta indispensable interrogarse acerca de cómo se conforma la opinión pública y la manera en que los gobiernos la identifican y qué instrumentos de comunicación se aplican para establecer o identificar en dónde se genera la opinión de cada grupo social. Respuestas cada vez más necesarias dada la complejidad de una nueva realidad mediática en la que medios de comunicación y redes sociales se han convertido en los protagonistas que interpretan y traducen lo que la opinión pública expresa, modelándola según intereses y necesidades del  ámbito político y económico.

 

Para evitar desvíos y su distorsión se debe establecer una separación entre la opinión pública y opinión publicada, que si bien ambas expresan parte de nuestra realidad social, es importante analizar y distinguir entre ellas, en tanto nos interese localizar el origen e identidad de la opinión pública de nuestra sociedad.

 

La complejidad de la realidad frente a la globalización de la información y el libre acceso a las redes sociales, planteó en su momento las virtudes de la comunicación horizontal y democrática propia de las redes sociales, sin embargo es necesario observar y señalar cómo éstas refuerzan fenómenos de comunicación masiva en los que se distorsiona y se presta la manipulación de lo real y la subsecuente confusión entre lo real, “realidad mediática” y realidad social, al detonarse una caótica avalancha de información, opiniones, discusiones, críticas y denuncias; alentando una histeria colectiva que después se instrumentaliza para el desvío de atención de los asuntos relevantes y apremiantes que como sociedad deberíamos poder discutir, debatir, en la búsqueda de mejores alternativas de vida.

 

Una genuina opinión pública genera un pensamiento agrupado, una consciencia colectiva que se organiza para construir una visión en común a través de una opinión que se expresa a través de una voz reflexiva, prudente, vigilante, crítica y participativa, que integra y da cuerpo a la posición de una sociedad que tiene ideas propias de su realidad social.

 

De ahí la importancia de identificar y fortalecer la capacidad de una sociedad de discernir, de generar ideas y opiniones con respecto al desempeño de sus gobernantes y de todos aquellos que en sus cargos de representación popular expresen y hagan válidos los reclamos y necesidades de su comunidad. Resulta por tanto indispensable conocer en qué medida las autoridades, los partidos políticos y las organizaciones sociales establecen los criterios para integrar la voz de la ciudadanía y su opinión, para tomar decisiones, formular políticas, emprender causas sociales o manifestar posicionamientos sobre temas de interés comunitario.

 

Sin embargo, Interpretar la opinión pública va mas allá de encuestas y consultorías a la sazón de un cliente abstracto, como suele suceder en la actualidad en los gobiernos locales que carecen de los mecanismos para integrarla en su toma de decisiones y que requieren de servicios de asesoría, contratando despachos externos, para justificar o simular el interés de atender las necesidades de los ciudadanos sin comprometerse con una verdadera comunicación pública.

 

De ahí la importancia de incluir en las áreas de comunicación a estudiosos sobre el tema para establecer políticas de comunicación y participación ciudadana. De lo contrario, todo esfuerzo por alcanzar legitimidad tendría resultados adversos, como se ha constatado con el fracaso de los gobiernos y partidos predominantes del llamado antiguo régimen en México; el propio Presidente López Obrador dedicó al menos 18 años en el ejercicio del diálogo para lograr una lectura de la opinión pública, para encontrar una versión homogénea del pensar y sentir de los mexicanos en la gran diversidad de culturas que México entraña, marcada por una abismal desigualdad social y una gran dispersión de la identidad mexicana. La gran aceptación de actual Presidente de México puede explicarse por este ejercicio dialógico, una atenta mirada que pretende ver más allá de lo evidente o por encima de aquello que se asume como certeza política; requiere sin duda, el mayor interés y una gran habilidad de identificar e interpretar la opinión de quienes se representa o gobierna. Una tarea pendiente para los gobiernos y clase política en Sinaloa.

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