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La justicia y la ley Opinión

Roberto Blancarte
30/04/2019 | 04:04 AM

roberto.blancarte@milenio.com

 

Atrás de la Cineteca Nacional hay un barrio donde se anuncia algo así como: “Señor ladrón, si te agarramos, te linchamos”. 

Es la clara advertencia de que allí no se van a tolerar robos ni otros crímenes: la gente se va a hacer justicia por mano propia. Si cumplen lo señalado, al que agarren lo van a tundir o lo van a matar; hasta donde llegue el enojo de los pobladores locales. Al que pesquen, no lo van a entregar a las autoridades competentes, ni mucho menos le darán la oportunidad de defenderse y presentar pruebas que lo exculpen. Allí lo que va a funcionar es el juicio popular sumario.

 

Hago esta referencia porque hace algunos días el Presidente de la República dijo que si había que optar entre la ley y la justicia, no había que pensarlo mucho, que había que decidir en favor de la justicia”, lo cual además remitía a aquel pasaje de los evangelios en el que Jesús de Nazaret, confrontado por los fariseos acerca del cumplimiento de la ley, respondió que la ley sabática se había hecho para el hombre y no el hombre para el cumplimiento de dicho mandamiento.

 

Al respecto, hay que recordar que los fariseos acusaban a Jesús de Nazaret de no cumplir la ley sabática, por curar a un enfermo el día de reposo establecido por Dios. La discusión residía entonces en si era más importante apegarse a la letra establecida o al espíritu de la ley divina. Es cuando Jesús revierte la cuestión y pregunta si es más importante seguir la ley o curar al enfermo.

 

Todo esto suena muy bien y uno está tentado en darle la razón a los que piden ignorar la ley, pero surge entonces el problema del orden social y de los criterios objetivos (es decir, que no dependan del parecer subjetivo de las personas) que tenemos que tener para la aplicación de la justicia.

 

Hay que señalar, en todo caso, que si bien inmediatamente después de su referencia a la ley y la justicia, López Obrador dijo que México es un país de leyes y que ahora sí hay un auténtico Estado de derecho, lo cierto es que quedó la impresión de que al Presidente de la República le preocupa más hacer justicia que aplicar la ley. Con lo cual queda la duda, de entrada, si le corresponde al Jefe del Ejecutivo impartir justicia, si ésta se puede impartir al margen de la ley y si López Obrador está confundiendo o no su papel.

 

El problema principal de la disociación entre ley y justicia es que si alguien pretende ejercer ésta ignorando la normatividad existente, corre el riesgo de ser injusto e incluso de violar derechos humanos. Por ejemplo, aquellos pobladores del barrio que está detrás de la Cineteca, si de verdad cumplen su amenaza, juzgarán y castigarán sumariamente a quienes consideren culpables de algún delito. 

Lo mismo le puede suceder al Presidente de la República si decide que, según sus propios criterios de justicia, no aplicará lo establecido por la ley. Pero no es lo mismo ser Mesías que Presidente de la República. Mientras que uno, como Jesús de Nazaret, se asumía como el hijo de Dios, el otro no está aquí más que para guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen.

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