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Negociando con tiburones Opinión

Pablo Ayala Enríquez
19/05/2019 | 04:05 AM
pabloayala2070@gmail.com

Nunca me han llamado la atención los programas de concursos como “La voz”, “La isla”, “La Academia” o “Bailando por un sueño”. Lo acartonado del formato y la cursilería con la que buscan mantener la atención del público me aburren profundamente. Sin embargo, un mensaje de WhatsApp me obligó a dejar de lado mis preferencias y prejuicios televisivos. La cosa fue más o menos así: “Helloooo!!! Si no se han dormido sintonicen el Canal Sony. Está Shark Tank, y va a salir una mocosa con una propuesta de negocio que se llama ‘Homework Dealer’. A ver qué les parece”.

Como ya he comentado en otras ocasiones, el fraude académico, más allá de que es uno de mis temas de estudio, se está convirtiendo para mí en una especie de obsesión, por eso me apachurré dos horas frente al televisor para investigar de qué se trataba el programa y saber en qué terminaba la historia de la mocosa que nadó con los tiburones.

Por si usted no lo ha visto, le comparto algunas generalidades del programa que recientemente arrancó su cuarta temporada. Negociando con Tiburones es un concurso donde emprendedores con ideas y ventas probadas, presentan su propuesta de negocio a cinco “tiburones” con el fin de que éstos inviertan y se hagan socios del emprendedor/a. Las ideas son muy variopintas: desde shorts para la playa, pantallas de colores para focos ahorradores, comida para mascotas, hasta venta de pinturas hechas por reclusos.

En esta temporada, como dice la página del Canal Sony, los tiburones son Patricia Armendáriz Guerra, fundadora y directora de Financiera Sustentable, Carlos Bremer, CEO de Value Grupo Financiero, Rodrigo Herrera Aspra, director general y presidente de Genomma Lab; Arturo Elías Ayub, director de alianzas estratégicas y contenidos de América Móvil, director de Fundación Telmex Telcel y director de Uno TV; el cantante Emmanuel quien debuta en televisión como empresario e inversionista, Luis Harvey experto en banca de inversión y Marcus Dantus, líder de Startup México. Salvo Patricia Armendáriz, Marcus Dantus y Emmanuel, el resto de tiburones olfatean con más facilidad una moneda en el fondo del océano, que la carnada mañanera que echan los pangueros cuando salen a la pesca. Donde huelen el billete, estos tiburones hacen “bisnes” por eso me interesaba muchísimo saber si en sus negociaciones habría algún lugar para la ética.

Tras varias ideas expuestas por otros emprendedores, llegó el turno de Natalia, propietaria y directora general de “Homework Dealer”. Fue directo al grano: “Mi proyecto ayuda a estudiantes con sus tareas. Ayudamos desde una corrección de estilo hasta hacerles la tarea”. La respuesta al planteamiento fue inmediata: “¡Ay Dios! ¡Woow!” Con la seguridad de quien sabe cómo funciona su mercado, Natalia dijo: “Sabía que iban a hacer esas caras; déjenme les explico”, y ahí fue cuando narró la historia sobre cómo surgió su negocio. En resumen, de niñera pasó a la industria del fraude académico.

Segura de que a los tiburones les encantaría escuchar la parte de la rentabilidad, apenas dijo dos palabras cuando Arturo Elías Ayud la detuvo: “Antes de que continues con lo de los números, Naty perdóname que te interrumpa, ¿lo que haces es cobrar por hacer tareas de otros? Yo estoy fuera. Y déjame decirte por qué, este país lo último que necesita es a jóvenes tramposos”. La chica se defendió tirándose a la yugular: “¿Arturo nunca hiciste trampa, copy-paste, nunca copiaste en un examen?” No, no hice trampa, dijo Arturo, “reprobé”.

Rodrigo Herrera, algo más tranquilo, porque en esos momentos el resto de tiburones coleteaba nerviosamente sobre sus sillas, pidió a Natalia que explicara la parte de los números. “En 2018, las ventas fueron de un millón y medio de pesos, y medio de utilidad. Lo que les quiero proponer es que me den 750 mil pesos a cambio del 30 por ciento de la empresa”. Explicó que el dinero lo quería invertir en mejorar la plataforma para “poder dar un servicio más transparente a los grupos de interés, las universidades y empresas que tenemos como clientes”.

Ni la mención a este tecnicismo propio de la Responsabilidad Social Corporativa, disuadió a Emmanuel de su postura: “No entiendo la parte positiva del asunto; copiar me parece nefasto. Yo estoy fuera”. A este “no” vino otro que sirvió de preámbulo a Herrera para darle a Natalia una última “ronda” de consejos empresariales: “¿Estás consciente del daño al intelecto y desarrollo que esto causa?” Patricia Armendáriz, con tono indignado, interrumpió a su colega, diciendo: “Me parece increíble que creas que esto sea un negocio honesto”; Rodrigo Herrera retomó la palabra para señalar: “Hay algo que o yo no estoy entendiendo, o tú no estás entendiendo o alguien aquí no estamos entendiendo” (y aquí Arturo Elías Ayud de inmediato reviró: “¡Yo lo entendí desde el primer segundo!”). Yo no solamente también estoy fuera, sino que te quiero dar un consejo, si tienes la oportunidad de ayudarles a hacer la tarea, oblígales a interactuar para que aprendan de alguna manera; ya los tienes ahí. Pero lo que haces se me hace incluso inmoral...”. Ayud y Armendáriz rematan: “Es fomentar la corrupción, la mentira, la trampa en este país”; “No puedes ni siquiera pararte ahí enfrente. Yo estoy fuera”. Y así con el resto de tiburones; nadie ocultó su asombro ante la manera que esta joven les proponía un negocio que no solo era inmoral, sino la puerta de entrada a la corrupción social y profesional.

No es la primera vez que la “CEO” de Homework Dealer se piensa y presenta como una empresaria en mayúsculas. En el sitio “Vice”, Diego Urdaneta, el 28 de febrero de 2018 escribió un artículo donde alababa el ingenio “empresarial” y éxito económico de la joven. El artículo también contiene una entrevista en video donde esta chica, escondida tras una máscara, responde a 10 preguntas relacionadas con su actividad. Lo mismo que dice en el video fue lo que expresó en el tanque de los tiburones: su negocio puede ser inmoral, pero es legal, y es una opción para todos aquellos estudiantes que malgastan su dinero reprobando asignaturas por no entregar sus tareas. No es culpa de ella que la gente solicite sus servicios, la culpa es de los métodos de enseñanza que aburren al estudiante atiborrándolo de teorías y dejando poco espacio para la práctica.

 


Lo que esta pseudo empresaria no logra ver es que su “negocio” es una fuente de corrupción, mentiras y fraudes, como dijo Arturo Elías Ayud, sino también un semillero de profesionistas corruptos que tendrán un título profesional en la mano sin haber desarrollado las competencias profesionales que garanticen que pueden ejercer como abogados, ingenieros, médicos, psicólogos o dentistas, sin poner en riesgo nuestras vidas.
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