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Narro, el último clavo en la cruz del PRI Opinión

Jesús Rojas Rivera
21/06/2019 | 04:02 AM

Por 46 años José Narro militó en el PRI, le tocó vivir de todo: imposiciones, cargadas, compra de votos, traiciones, magnicidios, en fin, todo aquello que sabemos es el PRI desde su fundación hasta nuestros días. Lo verdaderamente sorprendente de la renuncia del exrector de la UNAM a su candidatura y militancia, no es la queja de un proceso inequitativo manipulado por “la cúpula del PRI”, sino la afirmación de aquello que todos suponíamos, pero nadie al interior se había atrevido a sacar a la luz pública.
Narro asegura en su renuncia que los gobernadores y la cúpula priista decidieron entregar el partido en una perversa simulación de oposición. Que en afán de mantener acuerdos políticos, el PRI será comparsa y no oposición del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y que bajo esa lógica, él prefiere no estar.
José Narro clavó el último clavo en la cruz del PRI, lo hace sabiendo que en las declaraciones que acompañan su renuncia, están esas palabras premonitorias del final del tricolor. Una especie de sentencia que declara formalmente el proceso de extinción del dinosaurio.
Hace unos meses, cuando lanzaron la convocatoria para renovar la dirigencia nacional, se dijo que el proceso electoral sería ejemplar, que sería una forma de regresar el poder a la militancia y que la transparencia del proceso, ligado a la civilidad de los contendientes, darían certeza para que los ciudadanos confiaran de nuevo en el partido más repudiado del país según las encuestas.
Pero desde entonces, voces anticipaban que un grupo de priistas trabajaban en la construcción de amistosos puentes de entendimiento con los mandamases de Morena, incluyendo el Presidente Obrador.
Llegaron las elecciones en Puebla y Baja California, en donde el PRI simplemente no pintó y puso, en dicho de destacados analistas; candidatos “a modo”. El resultado es por todos conocido, el PAN avanzó, Morena ganó dos grandes y el PRI se desfondó, fue entonces que el equipo de Narro comenzó a construir el discurso de salida digna.
Según el excandidato Narro, son 11 gobernadores los que han caído en la “simulación y el exceso”, que ayudan abiertamente a Alejandro Moreno “Alito” un candidato que tiene pacto con Morena para hacer del PRI una oposición comodina, muda y alcahueta. Y que por esas razones el veterano político se va, sumando las voces de Ivonne Ortega, Manlio Fabio Beltrones, Ulises Ruiz y Beatriz Páges exdiputada Federal y directora de la revista Siempre! quien también terminó renunciando a su militancia argumentando las mismas razones.
El PRI está condenado a desaparecer, es un dinosaurio que muere lentamente dije en columnas anteriores, y el tiempo termina abonando al adjetivo. México camina rumbo al bipartidismo, a la discusión programática de los postulados de la derecha y la izquierda, acabando con las tesis del “fin de las ideologías”, en el futuro mexicano importarán más que nunca las ideologías. El gran problema del PRI fue precisamente su indefinición, el pragmatismo de sus estatutos y el menosprecio que la cúpula siempre mostró para con su militancia y sus organizaciones, vistas como carne de cañón y no como las verdaderas fuerzas vivas a las que se refirió don Alfonso Martínez Domínguez.
No tardará mucho el PRI en morir, seguirán los desprendimientos locales, la suma en los territorios de los aliados a las fuerzas de Morena o sus franquicias en los estados. En Sinaloa vendrán alianzas de todo tipo, la gubernatura en juego para 2021 estará en un estira y afloje para el grupo del gobernador, que a decir de Narro, entra en el pacto del “Alito”.
Mientras tanto voces como la de la exdiputada local Fernanda Rivera, lamentan la salida de José Narro y afirman que serán varios los que se van. Tienen a donde llegar, si Morena les hace el feo, están las Redes Sociales Progresistas el nuevo partido satélite de la maestra Elba Esther armado y manufacturado con ingeniería electoral sinaloense. Luego le seguimos..

jesusrojasriver@gmail.com
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