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Un mundo mejor para todos, no sólo para los Godínez Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
30/06/2019 | 03:54 AM

Todo Godínez sufre el mismo calvario: una jornada laboral de 5 días (algunos, hasta más) que implica pasar más de 40 “horas nalga” en un cubículo, esperar a que llegue el fin de semana para ver televisión, comer alitas, y tomar cerveza. Este es el espiral descendente de muchos mexicanos, repetir el ciclo y esperar a que llegue la inevitable muerte.
Como dice el grupo Intocable “¿Y todo para que?” Para poder comprar cosas que no necesitamos, buscar la aprobación de la sociedad y tratar de llenar ese vacío que nos deja estar laborando todos los días.
Nadie puede negar que es antinatural la cantidad de tiempo que pasamos trabajando. Resulta inverosímil pasar la mayor parte de nuestras vidas dedicadas al trabajo como autómatas, cuyo único anhelo es la llegada del tan anticipado viernes y/o vacaciones.
Esta infame jornada laboral no siempre fue la norma. Antes de la era industrial, los campesinos tenían tiempo para descansar, recrearse, y divertirse con las festividades de su comunidad, es decir, tenían tiempo para disfrutar de la vida. Se estima que en aquella época, la gente no trabajaba más de 150 días al año.
La Revolución Industrial cambió radicalmente el tiempo que le dedicamos al trabajo. En el Siglo 19, el trabajador promedio se echaba 69 horas de labor a la semana, usualmente en condiciones deplorables y a cambio de un salario liliputiense (justo como hoy en día). Esto cambió cuando los trabajadores se organizaron y formaron sus sindicatos. Aquellos revolucionarios lograron que la jornada laboral se redujera a 8 horas de trabajo al día, de lunes a viernes, entre muchos otros beneficios ganados con sangre y sudor.
En algún momento de la historia, los sindicatos se corrompieron, las empresas ganaron más poder político y la demanda de políticas progresistas en favor de los trabajadores se perdió en el camino. Con el paso del tiempo, el trabajador fue despidiéndose de todos los derechos y beneficios básicos que debe gozar un empleado. Pero no todos salieron perdiendo, el detrimento del trabajador se tradujo en mayores ganancias para el patrón.
Resulta interesante que no existe una correlación entre largas jornadas laborales y la generación de riqueza. De hecho, es el caso opuesto, aquellas naciones con menos horas de trabajo tienden a ser más acaudaladas.
Reducir la jornada laboral no solo beneficiará al Godínez promedio, sino que también favorecerá a la sociedad, la economía, la democracia, y hasta al medio ambiente.
Las condiciones laborales actuales ocasionan un detrimento físico y mental para el trabajador. Disminuir la jornada laboral mejorará nuestra salud, permitiéndonos dedicarle más tiempo a las actividades físico-recreativas, a comer saludablemente, y a pasar menos tiempo en labores estresantes e insatisfactorios. Se estima que el estrés genera alrededor del 37 por ciento de las enfermedades comunes y es causa del 45 por ciento de las faltas por enfermedad.
Asimismo, también nos permitirá pasar más tiempo con nuestros seres queridos, fortalecer las relaciones interpersonales y desarrollar una comunidad más sólida. También ayudará a crear una sociedad más justa y equitativa al fomentar una división ecuánime del trabajo remunerado y el no remunerado, roles tradicionalmente adjudicados a la mujer.
Desde el punto de vista económico, una jornada laboral más corta ayudará a reducir los niveles de subempleo, aquellos que trabajan pero no obtienen las horas suficientes para alcanzar el estándar de una vida decente. La brecha entre aquellos que trabajan muchas horas y aquellos que trabajan pocas horas cada vez se vuelve más abismal, resulta lógico redistribuir las horas de labor entre todos los trabajadores disponibles.
Menos horas de trabajo también ayuda a tener trabajadores más felices y eficientes. Esto ayudaría a disminuir el ausentismo y generaría una fuerza laboral más comprometida, creativa, y productiva.
Por otro lado, el transporte y la alimentación son las actividades que realizamos diariamente y que generan más contaminación. Menos trabajo se traduciría en un estilo de vida más sustentable, otorgando a la sociedad más tiempo para caminar o trasladarse en vehículos no motorizados. Cuatro días de trabajo se traducirían en un menor impacto ambiental y menos consumismo (a los Godínez les encanta ordenar comida y generar basura).
Por último, menos trabajo nos permitiría estar más involucrados con lo que sucede a nuestro alrededor. Hoy en día, necesitamos estar más involucrados en la política y tomar decisiones sobre aquellas cosas que tienen relevancia en nuestras comunidad (en lugar de estar esperando el viernes solo para actualizarse en el chisme). La fuerza de la democracia depende del tiempo que la gente le dedica a involucrarse con la política, participar en actividades locales, e informarse. El tiempo es un recurso fundamental para una democracia funcional.
Es momento de preguntarnos si queremos seguir en estas condiciones. Nadie quiere pasar la mayor parte de su vida trabajando, viendo como la vida se esfuma con el paso del tiempo. El tiempo es realmente el único capital con el que contamos, y es finito. Es momento de ser eficientes y emplear nuestro tiempo en actividades que harán de nuestra vida un viaje más satisfactorio.

alberto.kousuke@uas.edu.mx
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