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La perspectiva que se olvida Opinión

Cuauhtémoc Celaya Corella
07/07/2019 | 04:06 AM

Creo, Inge, que lo sucedido en el Congreso con respecto a la votación sobre lo que denominaron matrimonio igualitario, movió criterios. Es un tema  espinoso, en donde lo que debe de mantenerse son los principios de cada quien. Sé que lo que escribo como reflexión, nada más, traerá opiniones en contra, tal vez las más, y algunas a favor. Pero creo que, de alguna manera, debemos manifestar lo que creemos.
Recibí tres correos de personas que se manifestaron contra el resultado de la votación. En uno dijo que los que votaron a favor, y venían los nombres, no conocían la Constitución, otro decía que la personas tienen derecho a la felicidad, independientemente de su condición de género, y otro más manifestaba que no puede seguirse trayendo hijos al mundo bajo la perspectiva de la irresponsabilidad. Muy respetables.
Sin polemizar, contesté que los que votaron el no, sí conocen la Constitución, por lo tanto no hay ignorancia. Que todos, aquí sí, provenimos de una familia, y que dependiendo de lo recibido, somos ahora lo que somos. Y también comenté Inge, de que lo que importa son los principios que cada uno, y que la exclusión no es respuesta a un derecho humano, que se debe de entender el rol  en la convivencia y sobre todo, hacerlo con el valor de la responsabilidad social. Más allá no voy, creo. Y dejo de lado el criterio religioso, porque ignoro lo que resulta cuando se mezcla malsanamente este criterio y el  desinterés social. Prefiero quedarme con el criterio humano, simplemente.
Seguro que habrá tesis de uno y otro pensamiento. Y todas justificables a lo que cada quien defiende. Sin embargo hay un principio rector para la procreación de la especie humana, incluso, es el mismo para las otras especies vivas del planeta, en donde la naturaleza no comete errores. ¿Por qué el hombre busca tergiversarlo?
Yo lo que creo Inge, es que el mundo ha buscado generar una opinión favorable para que se establezca la perspectiva de género, y se han hecho y seguirán haciendo esfuerzos de todo tipo para lograrlo, sin reparar en los daños posibles que causen, y muy pocos se ocupan por generar en el mundo una perspectiva de familia, que tanta falta hace fomentar, para tener y mantener condiciones de equilibrio que permitan premiar la racionalidad humana y no denigrarla, como a veces pienso que es el propósito de todo movimiento que se genera en el entorno de la familia.
Es decir, se comenzó con la liberación femenina, luego los derechos de los niños con los que frenaron la autoridad paterna y los padres se dejaron, por comodidad, creo, luego los derechos humanos como bandera para todo desmán social, y ahora, los cañones pareciera se enfocan para acabar con el único reducto de civilidad que tiene la humanidad, la familia. Conservarla es el gran reto social, gubernamental y moral actual. No hacerlo, los ubica como migrantes de un movimiento social que pretende destruirla, y no conservar lo que por sí misma tiene como inmenso valor humano.
Ellos creen que las condiciones están dadas, y hasta hablan de que es  promesa de una campaña. Increíble en verdad que se diga o se piense. Destruirla primero, será destruir después a la humanidad. El núcleo social lo constituye la familia en todo lugar. La familia ha soportado el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el ateísmo, las religiones, guerras y cuanta acción ha emprendido el hombre en el mundo, para ejercer dominación, corrupción, manipulación, conquista, traición y toda acción que lo enfrenta para someterlo.
Las especies no humanas se desarrollan en núcleos de acción que la ciencia les llama familias, ¿por qué el  hombre pareciera buscar destruir el único cobijo y el más firme que tiene, cuando va de la aflicción a la alegría? ¿Por tendencia y moda social, moda jurídica, política, o por cualquier otra forma de expresión actual?
No se trata de mezclar creencias religiosas, con tendencias sociales. Los derechos del hombre son los derechos humanos, sin importar condición cualquiera, ni edad, ni situación económica. Por el más mínimo sentido ético deberemos de darnos un respeto mutuo y entender que el único reducto con orden que queda es la familia con sus reglas internas, que logran la estabilidad física, social y emocional del colectivo humano.
Más que ignorar las leyes y la Constitución, es ignorar la historia, y no entender que en el antes, cuando las leyes eran las costumbres, el patriarca era el ente sobre el que gravitaba la organización familiar, y en el hoy, debe de ser la autoridad de los padres la que subsista, dirija e impulse la organización de la familia. Al defenderla, se defiende su valor principal, ser el sostén de la civilización.
Respetar la integridad de la familia, Inge, no es excluir ni limitar de sus derechos a los seres humanos con preferencias sexuales específicas.

celayacorella@hotmail.com
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