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Río Magdalena: al rescate del rescate Opinión

Francisco Ortiz Pinchetti
14/07/2019 | 04:02 AM

Me impactaron las fotografías publicadas hace unos días por la prensa en las que vecinos de Coyoacán limpian el Río Magdalena, cerca de los Viveros. Ellos aparecen metidos hasta la cintura en el agua fétida envenenada por basuras de todo tipo –incluidos animales muertos–, armados de azadones, cubrebocas, redes y bolsas.

El efecto que me causaron esas gráficas tuvo dos motivos. El primero, el constatar que en la capital sí hay habitantes preocupados por su entorno, que actúan en consecuencia sin atenerse solamente a que las autoridades cumplan su obligación. La segunda es que la escena se ha repetido varias veces a través de los últimos años.
Y es que el Río Magdalena es el único “vivo” que queda en una ciudad en la que hubo cincuenta caudales de agua corrientes y sanos, y en la que fueron entubados 83 kilómetros de ríos –tres veces el largo de la avenida Insurgentes– para construir vialidades y evitar inundaciones, lo que a la postre resultó un error garrafal. Y criminal.
El Magdalena, que tiene 22 kilómetros de extensión, nace en la zona boscosa de La Palma, de la parte alta del Cerro de las Cruces, en la hoy Alcaldía de Cuajimalpa. Baja por el Parque Nacional de los Dinamos, y entra con cauce abierto a la ciudad, a través de diversas colonias de Magdalena Contreras; posteriormente, atraviesa el Periférico hasta la presa Anzaldo; de ahí, parte del caudal se va al Interceptor Poniente y otra continúa su curso, ya en un tramo entubado, por la avenida Río Magdalena, que atraviesa Revolución e Insurgentes, y sigue entubado por Chimalistac y a la altura del templo de Panzacola (a un costado de avenida Universidad) recupera el cauce abierto, el cual pasa por los Viveros de Coyoacán; luego se encuentra con el río Mixcoac, y ambos forman el río Churubusco, donde se vuelve a entubar.
La recuperación del mentado Río ha sido utilizada como promesa demagógica por diversas administraciones capitalinas, cuando menos desde la de Andrés Manuel López Obrador (2000-2006), que en marzo de 2003 ofreció en efecto su saneamiento... lo cual quedó en mera promesa. Y a lo largo de tres sexenios, se han invertido más de 442 millones de pesos en ese supuesto salvamento...
Marcelo Ebrard Casaubón (2006-2012) emprendió un programa de rescate parcial que culminó en noviembre de 2012, a unos días de dejar el cargo como Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En esa ocasión, la entonces Secretaria del Medio Ambiente (SMA), Martha Delgado Peralta, calificó al hecho como uno de los proyectos más ambiciosos que se propuso el Gobierno de la Ciudad en aras de revertir el deterioro ambiental de la cuenca del Valle de México “El primer río que se rescata en la Ciudad de México, misión cumplida”, dijo la funcionaria ante su orgulloso jefe.
El rescate, sin embargo, fue mera fantasía. El río continuó siendo caudal de desperdicios, drenaje de las casas que existen a lo largo de su trayecto, atarjea del poniente de la capital. Y al llegar a la Jefatura de Gobierno como candidato del PRD Miguel Ángel Mancera Espinosa (2012-2018), se emprendió un nuevo, el enésimo proyecto de salvamento del Río Magdalena.
Esta vez, la tarea se hizo sobre bases más solidas, a partir de un Plan Maestro elaborado por especialistas del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad de México (PUEC) de la UNAM, encabezado por el investigador Manuel Perló, doctor en planeación urbano-regional. Sería “un ambicioso proyecto que devolverá a la Ciudad de México lo que otras grandes metrópolis disfrutan cotidianamente: un río de cauce abierto, limpio, que alimente espacios verdes y contribuya a mejorar el abastecimiento de agua”, según el investigador Juan Tonda, que escribió un muy documentado ensayo sobre el tema (Al rescate del Río Magdalena) en la revista ¿Cómoves? de la UNAM número 107.
Entre las medidas propuestas por el PUEC estaban el manejo forestal de la cuenca alta, ordenamiento de las actividades económicas en suelo de conservación, detener el crecimiento de la mancha urbana, saneamiento del cauce principal, evitar las descargas residuales (legales y clandestinas) que se vierten en el río, así como quitar los desechos sólidos de todo tipo que hay en el lecho y en los bordes, saneamiento de los afluentes y tributarios la recarga del acuífero. Y el mejoramiento del paisaje urbano, así como la creación de espacios públicos y el manejo integrado de los recursos hídricos.
Se contemplaba también el aprovechamiento del agua de lluvia para regar parques y jardines, evitar las inundaciones por crecidas extraordinarias del río y el desperdicio de una gran cantidad de agua limpia que actualmente se va al drenaje. Y algo muy importante: involucrar a la población local, ya que si el proyecto no es adoptado por la gente que vive cerca del río es imposible pensar en su recuperación en el largo plazo. Para ello, subrayaba el proyecto, se requería un cambio de hábitos y percepciones sociales sobre los ríos urbanos. “De lo que se trata es de sustituir un drenaje a cielo abierto por un río vivo que es necesario para la sostenibilidad ambiental de la Ciudad de México”, ponía.
Mancera Espinosa anunció muy orondo el 1 de febrero de 2018 la conclusión del Proyecto Integral de Rescate del Río Magdalena, en el que se invirtieron 374 millones de pesos, que beneficiarían a 160 mil habitantes de las entonces delegaciones Magdalena Contreras, Tlalpan y Coyoacán, según presumió.
Meses después se constató sin embargo que el supuesto salvamento había sido un fracaso, debido sobre todo a la persistencia de la población en utilizar el caudal como basurero, lo que incluye por cierto las prácticas de brujos y chamanes que de manera clandestina llevan a cabo en la zona de los Dinamos rituales que implican el sacrificio de animales diversos, cuya sangre y despojos son arrojados al río.
Y hace un par de semanas, el 24 de junio pasado, la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum Pardo anunció que el Río Magdalena, único afluente vivo de la Ciudad, tendrá... ¡un rescate integral! Dijo que son necesarias más acciones para su conservación, las cuales están en el programa de saneamiento de ríos.
“Este año se está planteando un saneamiento integral que tiene que ver desde drenajes marginales hasta lo que es el cauce, el tamaño del cauce, porque en algunos lados se ha reducido enormemente y en otros lados se ha ampliado”, dijo. O sea, ahora es menester rescatar el rescate. Válgame.
@fopinchetti
Sinembargo.MX

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