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Sistema Anticorrupción y Espectáculo Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
14/07/2019 | 04:06 AM

Habrá que plantearse la pregunta si instituciones pretendidamente ciudadanizadas y autónomas, que no lo son, le sirven ya no digamos a la sociedad civil sino al mismo poder votado, evidentemente el Comité de Participación Ciudadana no ha dado buenas cuentas de su desempeño, se ha quedado corto

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Luego de un largo año de espera por el acomodo del Comité de Participación Ciudadana (CPC) por fin se constituye el Sistema Estatal Anticorrupción que se inaugura con la presidencia de Norma Sánchez, una joven comprometida con la construcción de un verdadero sistema que sirva a los sinaloenses y no lo que ha sido hasta ahora una institución burocrática sin mayor efectividad y visibilidad pública.
Ya veremos si Norma logra algo, por lo pronto su currículo la avala. El CPC cumplió un año de constituido y lo último que vimos fue la serie de cuestionamientos que se les hizo por su bajo rendimiento. Recuerdo uno de ellos, como prueba de ello, en un evento de Iniciativa Sinaloa un académico de la UAS preguntó a bocajarro a Francisco Mojica, el presidente saliente del CPC, ¿cuál era el principal hit que había dado para sentirse satisfechos? La respuesta fue un penoso silencio y la charla se desvió en otra dirección.
Recordé entonces cuando la Comisión de Selección nombró a los miembros del primer CPC, el gobierno había tomado las decisiones más relevantes y estas fueron aprobadas por el Congreso del Estado donde el PRI tenía mayoría.
No solo se había promovido una legislación por debajo de la media nacional sino el papel del Ejecutivo era decisivo en toda la estructura anticorrupción empezando con la designación del Fiscal General, quien técnicamente es autónomo y este a su vez con una legislación ad hoc nombró a quien tiene la alta responsabilidad de combatir la corrupción en las entidades de gobierno.
Es decir, la autonomía, que por ley tiene el Fiscal, no aplica en la vicefiscal anticorrupción que depende del humor de su jefe y puede destituirla si cuenta con la anuencia de la mayoría del Congreso del Estado en caso de que considere que no hace bien su trabajo o porque simplemente está haciendo bien su trabajo. Hasta, ahora, ¿alguien cuál es su nombre y el mejor hit de esta funcionaria?
Con el control del calendario de las bases de formación del Sistema se nombró la Comisión de Selección que tenía por ley una decisión: nombrar a los miembros del CPC y así lo hicieron a la par de que se avanzaba en las reformas constitucionales y reglamentarias, pero esto llevó su tiempo y cuándo estaba constituido el CPC no tenía materia en cuanto a influir en la selección de la Secretaría Ejecutiva y la vicefiscal anticorrupción. Y, a eso, agreguemos que se les había olvidado a asignar presupuesto por lo que su primera tarea fue tocar puertas y conseguir dinero para operar con lo básico.
Con este diseño gobiernista era poco lo que se podía lograr por mejores perfiles que tuvieran los miembros del CPC por lo que se ha ido prácticamente en blanco el primer año. Por más que se haya rendido un informe en las primeras ciudades del estado donde pasaron sin pena ni gloria hasta ahora no hay nada que permita pensar que el CPC sirva de algo y vamos a ver si esa inercia sirve o se vuelve más opaca con la integración de los otros miembros del Sistema Estatal Anticorrupción.
Ya las desconfianzas se han hecho presentes con las declaraciones de Silber Meza, líder de Iniciativa Sinaloa, que ha cuestionado severamente al Sistema al señalar que esta “capturado por el gobernador” y más duro todavía es el activista mochitense Guillermo Padilla que ha calificado a priori de “lacayos del gobernador” a los miembros del Sistema.
Y es que, mire, cómo se diseñó y se manejó el calendario de formación del Sistema favorece el burocratismo y la incursión de funcionarios de gobierno -cómo fue el caso de Fernando Ruiz el recién nombrado miembro del CPC que contra del principio de equidad de género- en roles que deberían ser de la ciudadanía. No de un exfuncionario que ocho años después nos vienen a decir que durante la alcaldía de Héctor Melesio Cuén Ojeda en Culiacán hubo corrupción. ¿Así cómo puede servir este “ciudadano” que opina ante hechos consumados?
No se si este señor ha llegado gracias a los buenos oficios que tiene en el tercer piso de gobierno, lo que si es claro que con esos antecedentes hay las suficientes reservas para pensar que vaya a hacer algo que incomode al gobernador y a los otros miembros del Sistema o si su actuación estará sólo en la lógica de hacer curriculum para futuros cargos en este u otros gobiernos. Es la triste historia de los llamados organismos ciudadanizados a los que se les vacía todo el espíritu para el que fueron creados y termina siendo un eslabón de los intereses del gobernante.
Entonces, habrá que plantearse la pregunta si instituciones pretendidamente ciudadanizadas y autónomas, que no lo son, le sirven ya no digamos a la sociedad civil sino al mismo poder votado, evidentemente el CPC no ha dado buenas cuentas de su desempeño, se ha quedado corto, no soporta una revisión medianamente rigurosa de su actuación y bueno, si no le sirve a la sociedad, entonces, ¿a quién le sirve?
El poder necesita de la simulación y el espectáculo, léase a Guy Debord en su texto La Sociedad del Espectáculo o de Mario Vargas Llosa La civilización del Espectáculo, y lo hemos visto en la larga transición mexicana estallan los escándalos políticos o en el caso que nos ocupa las decisiones que convocan a la formación de nuevas instituciones garantes de libertades y control de los poderes electos y fácticos, se crea una gran expectativa y se llega a pensar que se va a ir a fondo con la captura de un elefante que termina siendo una mosco burocrático.
Se ha caído en la perversidad de que los temas de escándalo pueden llegar a ocupar semanas, incluso meses y años enteros de seguimiento mediático opacando otros temas que quizá sean más costosos para la sociedad en aras de tener entretenida a la opinión pública.
Ahí, está, el espectáculo de los escándalos de corrupción de la administración pasada sin que ninguno de los corruptos termine siendo encauzado penalmente y menos todavía que se avance hasta contar con un diseño institucional sólido que verdaderamente persiga el delito de los funcionarios públicos e inhiba las malas prácticas por el alto costo que pudiera tener.
Vamos, ahí está la burla de que se negocia con los delincuentes de cuello blanco y hasta se les absuelve por medio de jueces sistémicos que se intuye fácilmente de donde reciben ordenes para enderezar acusaciones sustentadas.
Se dirá ahí está el caso de LAPO, el recién sentenciado por el robo de dinero público, alguien confía que estará trece años en prisión, qué es el único corrupto de la administración pasada o que ahora si empieza la cacería de brujas.
El problema es el diseño y los personajes con responsabilidad pública, mientras eso no cambie como dice el profesor Mauricio Merino: En el mejor de los casos, tendremos el corrupto de la semana.

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