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Sinaloa: un referente en violencia contra la mujer Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
28/07/2019 | 04:00 AM

Lamentablemente, la violencia contra la mujer ha sido parte de la idiosincrasia de muchas sociedades, incluidas la mexicana. Una de las ciudades más reconocidas por esta barbarie, Ciudad Juárez, incluso llamó la atención del escritor chileno Roberto Bolaño, quien plasma en su novela “2666” todo el imaginario que gira en torno a los feminicidios en esta ciudad fronteriza.

En el pasado, México había sido un entorno menos peligroso para las mujeres que otros países latinoamericanos. La tasa de feminicidios era alrededor de una décima parte que en países como El Salvador, Honduras, Guatemala, Venezuela, Colombia y Brasil; no obstante, estos números han aumentado estrepitosamente en el último lustro.
En el ámbito local, Sinaloa actualmente ocupa el tercer lugar con mayor número de feminicidios en México (registrados de enero a noviembre de 2018). Después del Estado de México (94 casos), Veracruz (85 casos), Nuevo León (74 casos), Chihuahua (48 casos); Sinaloa y Ciudad de México les pisan los talones con 38 feminicidios cada uno.

¿A que se debe esto? ¿Acaso el estereotipo del sinaloense tiene algo que ver?
En nuestro folklore contemporáneo, el paradigma del macho sinaloense es un “compa” bien arremangado, que gusta de la bebida, las armas de fuego, no se deja de “naiden” y se acompaña de voluptuosas mujeres como si fueran un accesorio desechable.
Sinaloa es un territorio que ha normalizado la barbarie, esta ecología anómala ha mutado en una máquina de feminicidios y violencia de género, un aparato que no solo ha creado las condiciones para el asesinato de docenas de mujeres, niñas, homosexuales, y transexuales, sino que también ha desarrollado instituciones que garantizan la impunidad de esos crímenes e incluso lo fomentan. Es una tierra de nadie, financiada por un Estado en crisis. Los hechos hablan por si mismos, la situación actual es un reflejo de nuestra descomposición social.

¿Que es lo que dice la ciencia al respecto?
El homicidio es dependiente del género, las circunstancias en las cuales hombres y mujeres son asesinados tienden a ser muy distintas, así como los patrones demográficos de riesgo y los aparentes factores motivadores.
Para aquellos que se quejan de que el hombre también sufre violencia, la mayoría de los hombres asesinados ocurren en el contexto de conflictos competitivos entre hombres, mientras que la mayoría de mujeres asesinadas usualmente nunca son asesinadas por otras mujeres en ese contexto.
Los asesinatos de mujeres son perpetrados por hombres, y en la gran mayoría de estos casos, el hecho de que la víctima era mujer es una de las razones por las cuales fue victimizada. En la mayoría de los casos, estos feminicidios son incurridos por los maridos y muchas otras son asesinadas en contextos que sugieren elementos de motivación sexual.
Aún no se ha descubierto el gen de la violencia y todo parece indicar que no existen factores hereditarios causantes de una conducta violenta.
Una personalidad propensa a entablar una conducta violenta está altamente correlacionada con complejas influencias sociales y ambientales. No es de extrañarnos que Sinaloa sea un ambiente propicio para este tipo de crímenes.

¿Que medidas o acciones se han tomado?
La política contemporánea ha logrado que términos como “equidad de género”, “patriarcado”, “sexismo”, “misoginia”, “misandria”, “mansplaining”, entre otros, hayan adquirido notoriedad y formen parte del argot en la discusión, así como en la vida política. Pero ¿ciertamente se ha logrado algo con esto? La respuesta es un rotundo NO.
La realidad es que los derechos de la mujer son protegidos en la esfera pública, pero no en la esfera privada. Los sinaloenses debemos hacer un ejercicio de conciencia y replantearnos cuales son los verdaderos problemas causantes de la violencia en nuestra entidad. Y aunque el sentido común dicta que esto podría lograrse fácilmente siendo respetuosos, cordiales y honestos los unos con los otros, la realidad es que el sentido común es escaso en nuestra comunidad, así como con la mayoría de nuestros políticos.
Alberto Kousuke
alberto.kousuke@uas.edu.mx

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