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Laberintos (2) Opinión

Rafael Morgan Ríos
03/08/2019 | 03:00 AM

cp_rafaelmorgan@hotmail.com

Se comentó anteriormente que, según el diccionario, un laberinto es “un lugar en el que es difícil orientarse… y encontrar una salida”; “un lugar formado artificialmente por caminos y rodeos que se entrecruzan, de manera que es muy difícil orientarse”, y si los muy amables lectores analizan, aunque sea someramente, la situación en que se encuentran la seguridad, la economía, la salud, la política, la ecología, la educación, etc., observarán que cada uno de ellos pareciera un laberinto, en el que es difícil orientarse y encontrar salidas efectivas o por lo menos salidas decorosas, por lo que habrá que sumergirse ahora en el laberinto de la economía mexicana.

Se está discutiendo si la economía de México está en recesión, en recesión técnica, en desaceleración o en “atonía” y hasta se ven contradicciones como las de City Banamex que desplomó su pronóstico del PIB a un paupérrimo 0.2 por ciento para 2019, pero aclaró que no se está en recesión, posiblemente para no confrontarse con el Presidente López Obrador. Según todos los analistas el PIB Nacional tendrá un crecimiento de 0.5 por ciento, si bien va. Recesión o no, lo cierto es que casi todos los factores económicos van a la baja: el desempleo se ubica en un 3.5 por ciento y según el IMSS los nuevos empleos formales en lo que va del año fueron 289 mil, 60.6 por ciento menos que en el mismo periodo en 2018 y el peor resultado desde la crisis de 2008/2009; la producción industrial, que significa el 30 por ciento del PIB, cayó 3.1 por ciento en mayo, pues la construcción y la minería llevan varios meses disminuyendo; igualmente la inversión pública ha pasado a segundo plano ante los recortes presupuestarios y la canalización de recursos hacia subsidios y apoyos sociales; la Bolsa ha disminuido hasta los 41 mil puntos, el mínimo en el año, lo cual se explica por los mediocres resultados de las empresas en Bolsa o porque los inversionistas están vendiendo las acciones; además, estando nuestra economía tan integrada a la de Estados Unidos, generalmente el PIB Nacional se mueve en mismo sentido de su PIB, pero en esta ocasión la economía de México va a la baja, mientras que la de Estados Unidos está creciendo a niveles cercanos a 3 por ciento anual.

Como factor positivo se menciona la revalorización del peso frente al dólar, pero esto se da por las tasas de interés de Banxico en un 8.25 por ciento, mismo que, descontando la inflación, da una utilidad al inversionista de casi cuatro puntos que es muy atractivo para traer dólares a México, lo que permite que el peso se revalúe.

Igualmente se menciona que la inflación se mantiene controlada abajo del 4 por ciento, pero también hay que considerar que el consumo privado también ha bajado, es decir que hay una menor demanda, lo que causa una disminución en los precios.

Se tiene pues un PIB a la baja, una falta de inversión pública y privada, una caída en el sector industrial, poca creación de empleos, un sector primario estancado, una Bolsa disminuyendo y una inversión extranjera directa que no solo no llega, sino que se retira; una economía informal de más de 50 por ciento y una inflación que denota el poco avance en el consumo privado. Este es el laberinto cuyas salidas a explorar podrían ser:

1. En primer lugar, otorgar una mayor confianza a los inversionistas, nacionales y extranjeros. Restituir la credibilidad en las decisiones del Gobierno. El problema está en que el Presidente ve con desconfianza la inversión privada; sin embargo, parece ser que ya va a aceptar coinversiones público-privadas en el sector energético, pero bajo ciertas condiciones.

2. El Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, anunció reactivar el gasto público con 485 mil millones de pesos en infraestructura, apoyar al capital productivo y para abrir las licitaciones ya aprobadas. Esta salida pudiera funcionar como medida de emergencia, pero debe acompañarse con otras que den certidumbre y confianza, sobre todo en los contratos de largo plazo.

3. Lograr echar a andar a Pemex, principalmente en su elemento más redituable que es la producción de crudo; reparar y reconfigurar las seis refinerías bajando sus costos de operación; olvidarse de la nueva Refinería en Tabasco; abrir la inversión privada para alejar la posibilidad de otra baja en la calificación; sin embargo, Pemex tiene su propio laberinto que debe explorarse y encontrar pronto sus salidas, sí las hay.

Para salir de un laberinto se requiere calma, consultar con los que saben, no confundirse ni confundir, retroceder ante salidas bloqueadas o que lleven a una catástrofe y no entrar un conflicto con quienes quieran ayudar.

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