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Homicidios: la tendencia a la baja se estabiliza, ¿qué sigue? Opinión

Adrián López Ortiz
04/08/2019 | 04:00 AM

Según el conteo de medios no oficial, los sinaloenses cerramos julio con 81 homicidios dolosos. Cifra similar a los meses de enero y mayo; las tres más altas del año de acuerdo a los datos oficiales de la Fiscalía General del Estado.

Con un acumulado anual de 521 homicidios, el promedio diario se ubica en 2.46 y de mantener esos niveles, este año cerraríamos con 893 homicidios en total, lo que haría de 2019 el año más bajo de asesinatos desde 2008, año en que se registraron 820 homicidios (según cifras del INEGI).

Esa reducción significaría para nuestro estado una tasa (proyectada) de 30.1 homicidios por cada 100 mil habitantes, esa sí, la tasa más baja desde el año 2007 con 15.22.

Un dato alentador pero, hay que decirlo, todavía por encima de la media nacional de 27 para el año 2018 y muy, muy lejos, de los datos registrados por países más desarrollados como, por ejemplo, Estados Unidos con 5.3 (2017).

Faltaría además considerar el ajuste del subregistro que INEGI hace a los datos de la Fiscalía estatal y que suele corregir la cifra a la alza en (+) 0.33 homicidios diarios.

Es decir, la posibilidad de que 2019 sea un “mucho mejor” año en materia de homicidios se mantiene pero hay que ver también que la tendencia a la baja se estabiliza, pues desde el arranque del gobierno de Quirino Ordaz Coppel, prácticamente ha dejado de bajar de manera sensible desde octubre de 2018.

No quiero hoy entrar en el por qué de esta aparente “pacificación” de Sinaloa (ya lo he hecho en otras entregas), sino señalar que un estancamiento así obliga a preguntarse: ¿qué se ha dejado de hacer?, ¿qué acciones hay que mantener? y ¿qué ideas diferentes habría que implementar para continuar con la tendencia a la baja en los homicidios?

Por supuesto desde una óptica integral de prevención del delito, acciones duras de seguridad y fortalecimiento de la procuración de justicia en el estado.

El alto en el camino es necesario toda vez que sabemos que los asesinatos son el delito que más eleva la percepción de inseguridad en la población en general, al tiempo que daña la imagen de Sinaloa en el exterior, lo que complica atraer inversiones y talento para generar desarrollo.

En suma, en el combate a la inseguridad hay números para el aliento pero Sinaloa sigue siendo un estado violento en materia de homicidio y otros delitos del fuero común (especialmente violencia intrafamiliar, robo y lesiones).

Mención aparte merecen las desapariciones de personas que ya igualan a los homicidios y que las autoridades se resisten a ver y atender en su justa dimensión, mientras grupos de buscadoras y fosas clandestinas proliferan por todo Sinaloa. Todo indica que los desaparecidos no nos duelen como los asesinatos.

En materia de inseguridad, nuestra posición relativa en lo nacional ha mejorado gracias a una combinación de factores: Sinaloa ha reducido sus niveles de violencia al tiempo que el resto de los estados del país los han incrementado.

No podemos conformarnos con lo logrado mientras más de la mitad de los sinaloenses sigue viviendo con miedo a ser víctima de la violencia.

Por eso es necesario preguntar, ¿qué sigue? y continuar exigiendo a las autoridades responsables desde los medios y la sociedad civil en un acompañamiento permanente que nos permita eliminar nuestro estigma narco-violento y salir a la calle con la tranquilidad de que regresaremos, sanos y salvos.

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