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Las lluvias y fotografías que vienen Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
04/08/2019 | 04:00 AM

¿Cómo no recordar aquellas imágenes solidarias, decididas, donde el Gobernador, funcionarios y diputados con el agua en la cintura llegaban a comunidades aisladas de Ahome y Escuinapa luego de las fuertes tormentas y el huracán Willa de septiembre y octubre del año pasado? ¿cómo no traer a la memoria la imagen de desolación en esos lugares donde había un manto de agua que mermaba la vida comunitaria? o ¿cómo olvidar igualmente las estampas de rostros adultos e infantes marcados por la incertidumbre?

Todas esas imágenes que circularon profusamente transmitían desesperación por la desgracia en un intento calculado que buscaba la conexión del gobierno con los problemas de las comunidades, los gobernados, la gente que, de la noche a la mañana, habían visto disminuidas sus pertenencias y la seguridad.

Ahora con las lluvias adelantadas en el sur no pocos seguramente estarán mirando con temor hacia los próximos meses, los meses de las tormentas, los ciclones y temidos huracanes, y es que con “lluvias leves”, como fueron calificadas por la prensa que cayeron sobre Mazatlán se exhibieron las debilidades estructurales y algunas de las malas decisiones de política pública que se verán en toda su expresión cuando lleguen las “lluvias en serio”.

Cierto, la escasa conciencia de los ciudadanos que siguen tirando basura en las calles o los cuerpos de agua, como si respiraran y no tuviera consecuencias, es parte del problema, pero la pregunta de fondo es qué aprendieron los gobiernos por si llega un huracán del calibre del Willa en nuestros centros urbanos, como estuvo pronosticado para la llamada Perla del Pacífico.

Hace unas semanas conversando con Iván Ayala, el Diputado federal por el distrito de Ahome, me ponía en perspectiva el problema en su comunidad, Los Mochis, donde el drenaje que fue un modelo a seguir en los años sesenta hoy se encuentra literalmente quebrado y reclama para su sustitución una inversión aproximada de mil 500 millones de pesos y sólo se aplicaron 80 para preveer el futuro que ya está aquí con toda su capacidad amenazadora con sus brotes de hepatitis.

He leído en otro momento que los recursos del llamado Fondo de Desastres Naturales (Fonden) nunca llegaron a varias comunidades, y qué decir de los apoyos a cientos de empresas que sufrieron daños cuantiosos, como es el caso de las granjas acuícolas del norte y sur del estado, que resultaron anegadas por el lodo y los gobiernos no contemplaron nada para que siguieran operando y generando empleos.

Es decir, más allá de las fotografías solidarias y las despensas que se entregaron a las familias en desgracia que son muy buenas, podríamos colegir que los sinaloenses estamos desamparados ante los desastres naturales, que cuando llegan cada familia y empresario tendrá que salir adelante con sus mayores o menores recursos.

Cierto, para los desastres naturales, como con la pobreza, no hay recurso público que alcance y menos si no hay estrategias desde los tres niveles de gobierno. Hasta este momento no conocemos de una articulación de esfuerzos que deje entrever que dado que han sido recurrentes los desastres naturales haya una preparación para atender sus consecuencias y eso lo vimos en Mazatlán donde podríamos decir que las “lluvias leves” encontraron a la autoridad municipal prácticamente fuera de lugar en el momento de brindar apoyos.

Se supone que cuando se acerca un ciclón se pone en operación un modelo de prevención donde la Secretaría de Marina moviliza a franjas de su personal a los puertos y protege sus embarcaciones, la CFE busca mantener el servicio de suministro de energía eléctrica protegiendo sus instalaciones y Protección Civil se prepara para emitir alertas y realizar evacuaciones. Y así, pero exige un esfuerzo conjunto, preventivo y coordinado que no se vio en estos días.

La zona anegada, perdón dorada, por ejemplo, mostró nuevamente su impotencia y la justeza del rechazo a las torres que están siendo construidas y viniendo a complicar los problemas de drenaje pluvial y doméstico que resultan insuficientes y, no se diga, los daños que ocasionan en el equipamiento urbano de la joya turística de Sinaloa.

Oficialmente ya dio inicio la llamada época de huracanes y para el Pacífico se esperan en este año los ciclones “Alvin”, “Bárbara”, “Cosme” y “Dalila”, además de “Hilary” e “Irwin”, que fueron los primeros anunciados y que provocaron las “lluvias leves” colapsando las vialidades especialmente en el centro histórico de Mazatlán y la zona norte.

La doctora Christian Domínguez Sarmiento, investigadora del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de la UNAM, recientemente fue entrevistada por el diario digital Sinembargo.mx sobre el tema y señaló lo que arriba mencionábamos que muchos de los problemas se deben “a la mala gestión de riesgos y la nula capacidad de respuesta integrada; como ejemplo, emitir la alerta a la población es muy tardado, ya que, aunque tres días antes se sabe la trayectoria del ciclón, la evacuación se realiza seis o doce horas antes.

Asimismo, destacó: “El problema es que los mexicanos en general tienden a subestimar los eventos meteorológicos; dicen: ‘ah, es una tormenta tropical’, pero si es un ciclón, con categoría de tormenta tropical, puede ser catastrófico por la lluvia que produce, y que causa deslaves en laderas, con peligro para la población que no sigue las indicaciones de Protección Civil.

La experiencia negativa por la falta de atención de los últimos años está en el recuerdo, en otras imágenes. ¿Quién no recuerda los reclamos a los gobiernos municipales por seguir otorgando permisos de construcción en zonas peligrosas o saturadas? ¿El reproche porque no se hicieron obras preventivas? O aquellos cuestionamientos que se hicieron a las autoridades ¿por no avisar oportunamente a la población para desalojar las viviendas y evitar la pérdida de vidas humanas o la falta de celeridad en la entrega de insumos del Fonden, como también las participaciones federales y estatales en la reconstrucción de los daños a la infraestructura básica?

Hoy con el primer aviso que nos manda la naturaleza, lo más fuerte que alcanzamos a escuchar son los reclamos a la ciudadanía por la basura que tapan los drenes y el drenaje pluvial, la mala calidad de las obras de piedra de ornato o los que aprovechan el momento para echar porras a su alcalde, o a tal funcionario movilizado, como si no fuera su responsabilidad garantizar respuestas inmediatas. Mazatlán y todo el estado reclaman estrategias y acciones permanentes destinadas a la atención de un problema mayor que se espera para los meses próximos y así evitar las imágenes que al final terminan siendo un recuerdo vano. Grotesco ante la incapacidad de aprender y pensar que con mercadotecnia está resuelto el problema.

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