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80 años de panismo sinaloense Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
22/09/2019 | 04:00 AM

 

Alejandro Avilés, el adolescente guasavense había quedado prendado con la prédica de José Vasconcelos en su cruzada por desterrar los males dejados por la Revolución de 1910 y tocado vivir como lo narra con todo detalle en su obra autobiográfica.

Recordemos, el oaxaqueño venía desde Los Ángeles, haciendo campaña para alcanzar la Presidencia de la República. Su mensaje era del intelectual católico convencido de que sólo a través de la educación se podía realmente producir una revolución en las conciencias de un pueblo que en la década de los veinte vivía el peor momento de desasosiego por el caudillismo revolucionario.

Los asesinatos políticos estaban a la orden del día. Así habían muerto entre otros los generales sinaloenses Ángel Flores el 3 de marzo en 1926 en Culiacán, producto presuntamente de un envenenamiento y Francisco Serrano el 3 de octubre de 1927, en la ley fuga que se le aplicó en Huitzilac, Morelos, ambos paisanos aspiraban a la Presidencia de la República y por ende eran rivales acérrimos de Álvaro Obregón Y Plutarco Elías Calles.

Luego de la muerte de Obregón se abre la posibilidad de poner fin al Maximato callista y llega el General Lázaro Cárdenas a la Presidencia de la República y con él sus políticas de corte nacionalista, estatista y corporativo que sería decisivo para que Manuel Gómez Morin y Efraín González Luna, entre otros intelectuales conservadores, llamaran a formar un partido opositor. Bajo esa atmósfera adversa se sientan las bases filosóficas y políticas para la constitución del PAN en la ciudad de México, el simbólico 616 de septiembre de 1939.

Alejandro Avilés, debió estar en el acto constitutivo y volvió a Sinaloa, específicamente a Los Mochis, donde trabajaba como profesor en el Centro Escolar del Noroeste, un reducto conservador donde se veía con preocupación el activismo del cardenismo en la región y eso no lo llamaba a la parálisis sino por el contrario a la creación de instituciones, entre ellas, el periódico El Debate.

Alejandro y su hermano Alberto, como miembros activos de Acción Nacional, se dan a la tarea de recorrer el Valle del Fuerte llevando el mensaje político del nuevo partido. No era fácil en un ambiente proclive todavía cardenista, pero eso no los detenía, había esa mística y ese espíritu de sacrificio que caracterizó a los primeros panistas.

Iban, como los Testigos de Jehová, casa por casa, persona por persona con su prédica. Así se fue construyendo lentamente el partido en Sinaloa, pero también en el resto del país. La reforma electoral alemanista que creó el partido de Estado tendría consecuencias sobre el famélico sistema de partidos. No obstante, en 1952 el PAN postula a Efraín González Luna, como candidato presidencial con resultados magros, luego de que muchos panistas habían apoyado a Juan Andrew Almazán y en 1946 postularon a Luis Cabrera, pero este renuncia.

El PAN en esa etapa tenía una presencia testimonial y estaba reducido prácticamente a cenáculos doctrinarios en estados y municipios. Será hasta 1962 cuando a nivel federal se reforma la Ley Electoral para dar paso a los diputados de partidos. Pero, en los estados, seguía el control político de los gobernadores en turno y las elecciones en realidad eran ejercicios plebiscitarios, no había oposición que hiciera el contrapunto político.

El PAN postulaba candidatos a los cargos políticos federales, pero frecuentemente no lo podía hacer en los estados. Es hasta finales de los setenta por la crisis de legitimidad en la elección presidencial de 1976, cuando se abre la posibilidad de una reforma política de fondo, que favoreciera a la oposición y su réplica en los estados.

En Sinaloa, en los comicios de 1980, con una candidatura testimonial que le permitió la gracia de los primeros miles de votos y los primeros diputados locales. Para 1983 el partido había recibido a los primeros neopanistas y había postulado a algunos de ellos como candidatos a las alcaldías. Son los casos con Ernesto Hays en Ahome, Jorge del Rincón en Culiacán y Humberto Rice en Mazatlán, en esas elecciones la gente se vuelca a favor de los panistas y las manifestaciones contra el “fraude electoral” no se hicieron esperar.

Sin embargo, solo se les reconoció un 10 por ciento de los votos y que era un partido en ascenso, en 1986 vuelven a la carga con la candidatura para Gobernador de Manuel Clouthier, quien hace una gran campaña por todo el estado. No gana, pero al PAN se le reconoce más del 20 por ciento de los votos y la figura del Maquío se proyecta a nivel nacional y eso lo lleva a la candidatura presidencial en 1988.

El PAN sinaloense tiene su mejor momento electoral en 1995, cuando gana las principales alcaldías del estado y aumenta su representación en el Congreso del Estado. Se habla de un bipartidismo PRI-PAN que duraría 21 años hasta la segunda aparición electoral del PAS en 2016 que resulta la segunda fuerza más votada.

El deterioro electoral del blanquiazul, se ha dicho por los propios militantes, ha sido producto de una generación de dirigentes sin identidad partidaria que han puesto por delante sus intereses personales, y esta visión no está lejos de la realidad, los panistas que recientemente han dejado los cargos directivos dejaron un partido anclado en la inercia.

Los que los han sustituido tendrán que demostrar que más allá del discurso están dispuestos en la práctica a recuperar la mística que marcó a panistas como Alejandro Avilés -que dicho de paso muere en 2005, el mismo día que el PAN cumple años.

Hoy, el PAN, es la cuarta fuerza política del estado y no se ve cómo podrá remontarlo la nueva dirigencia. No lo tienen fácil, si en las próximas elecciones se mantienen las tendencias de 2018, pero sobretodo si no renuevan su discurso y este se expresa en las candidaturas a cargos de elección popular.

El PAN está en la mayor encrucijada de su existencia y prácticamente el dilema es vivir o morir. Si opta, por lo primero, tendrá que enviar mensajes que no está enviando por el pasmo que vive en el ámbito federal y local, y si decide lo segundo, será producto de la inercia y sobre todo que los ciudadanos no le brinden apoyo.

Alejandro Avilés, el chamaco de La Brecha, al que deslumbró Vasconcelos, lo tuvo claro cuando decidió abrazar la formación del PAN en Sinaloa. La política exige mística, tiempo y una voluntad inquebrantable de superación personal, no es casual que su larga travesía por la vida fue sembrando en la política, el periodismo, la poesía.

Sería bueno que los nuevos dirigentes panistas empezaran por leerlo, así como al Maquío Clouthier, dos sinaloenses que tienen un lugar en la historia nacional y quizá menos en el partido.

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