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Evo, el eslabón caído Opinión

Cuauhtémoc Celaya Corella
01/12/2019 | 04:00 AM

celayacorella@hotmail.com

Ahora sí, Inge, Evo podría ser el combustible para reponer a AMLO de los efectos del culiacanazo y de la violencia que se nota que le afecta a la 4T. Evo se encargará de darle un empujón a quien todas las mañanas ve que las cosas no le van bien, y se la lleva buscando a los fantasmas del pasado, lo cuales no habitan en los fríos espacios de Palacio Nacional. Ahí se encuentra la recámara de Don Benito, tal como fue, según te explica la guía en la visita a Palacio, o te explicaba, porque no sé ahora con sus nuevos inquilinos, si Palacio sea un lugar para visitar.

No pasaban 24 horas de la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, Inge, cuando México ya enviaba como súplica velada un salvoconducto de “asilo”, justificándolo con que el ex Presidente estaba en una situación de peligro. No lo creo. Mostró Evo que no tenía una base social de apoyo. Y a todo esto, el gabinete de la 4T obedeció la orden: todos sepan y digan que fue en golpe de Estado.

Etimológicamente, para saber Inge, el término golpe de Estado es un calco del francés coup d’État, que fue usado por primera vez en la Francia del Siglo 17 para designar las medidas violentas que tomó el rey para deshacerse de sus enemigos, sin respeto por las leyes y bajo la excusa de que eran medidas necesarias para el mantenimiento de la seguridad del Estado y el bien común de la población.

Y lo que la teoría jurídica le da como significado es lo siguiente: Como golpe de Estado se conoce la actuación rápida y violenta por medio de la cual un determinado grupo toma o intenta tomar el poder por la fuerza, sin respetar las leyes, con la finalidad de desplazar a las autoridades legítimas vigentes. Nada de esto sucedió en Bolivia. Lo sucedido en Chile en 1973 con la caída de Salvador Allende, ése sí fue un golpe de Estado. Lo del país andino fue como una caricatura, porque se le invitó a que renunciara y lo hizo sin oponerse, y las fuerzas armadas no tomaron el poder gubernamental.

Bolivia no se puso en paz. La culpa ha sido del propio Evo, quien desde México presiona a su grupo para que violente el país. Pasó Evo de ser un buen Presidente, a convertirse en un exiliado que no soportó ni 24 horas la presión que ejercieron para deshacerse de él. Tenía, Inge, razones para continuar y terminar bien su mandato. Pero lo venció su propia ambición dictatorial. Tardará esa nación en volver a su paz constitucional.

Entonces, todo lo que mediáticamente armó la cancillería por orden de tu sabes quien, es como un teatro que muchos en México han ido comprando, unos por ignorancia, otros por más ignorancia y otros más, porque creen en la voz de su pastor. Despertarán en algún momento.
Yo te pregunto, Inge, ¿cómo nos seguirá viendo el mundo, o cómo seguirá viendo el mundo al gobierno de un Presidente que se niega viajar al extranjero, a representar legítimamente a un pueblo que votó por él, y a los que dice proteger, a los pobres, a buscar relaciones diplomáticas de primera mano, y no por intermedio de la cancillería, si todavía no sale de su asombro del culiacanazo, de la matanza en Sonora, en Oaxaca y en otras zonas del país?

Pero dentro de su planeación electoral, Evo es como un regalo. Refuerza la posición diplomática de México, se congratula con el ala populista del continente, agrada a su fuerza clientelar, incomoda al vecino del norte, le representa una baraja diplomática ante los países socialistas, y demuestra que ante el huésped lo anfitrión que es, otorgando protección, hogar, cuidados médicos de primera, y foros para que se exprese como quiera en temas comunes, y con ello refuerza la fuerza que pareciera haber perdido. Evo, aun siendo un eslabón caído, es una buena inversión.

No la tuvieron ni Chávez, ni Castro, ni Fujimori, ni Maduro, ni Correa. La costumbre que México ha tenido de acoger a quienes huyen por razones políticas, y les cobija de mejor manera que a connacionales en estado precario, es una buena imagen para el gobierno, aun para el de la 4T. No sé, si en el caso de Evo, se pueda considerarse como tal. Sin duda que dirá que no le gustará ese gesto a los conservadores, como suele llamar a los fantasmas que le obsesionan, los adversarios, como les llama, pero cuando hubo de entregar el premio al ingeniero destacado del año 2019, no te lo dio a ti Inge, se lo dio al Ing. Slim. Entonces, ¿de qué se habla?

Las redes sociales han mostrado, y las fotos en los diarios también, de cómo se sacó del baúl a miembros del Estado Mayor, ahora incorporados al Ejército por disposición presidencial, para que brindaran protección a Evo, ilustre huésped del Campo Marte. Ellos sí saben cuidar a una persona, no en vano fueron entrenados para cubrir espaldas y flancos personales de los presidentes y de sus familiares. Y no dudo que lo hagan con quien desea que lo cuide el pueblo bueno y feliz. De su familia, poco se sabe, pero todo el país intuye que ese grupo debe brindarles protección.

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