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La transparencia... PUERTO VIEJO

Guillermo Osuna Hi
14/04/2019 | 04:00 AM
osunahi@hotmail.com
 
 
 
El sentido común nos indica que el manejo de recursos ajenos o la representación de algún colectivo, nos implica la responsabilidad de dar cuenta, oportuna, clara y precisa, bien sea de la aplicación del patrimonio confiado y los resultados obtenidos, o bien, informar sobre las acciones realizadas en nombre de nuestros representados. 
 
Y de hecho, aún en el manejo del patrimonio propio tenemos que dar cuenta al gobierno, como obligación constitucional, para el pago de los tributos al gobierno, es decir, nuestra aportación para el sostenimiento del gasto y la inversión pública y sí así lo requiere el recaudador, tiene el derecho de, a libro abierto, revisar nuestras declaraciones.
 
También hay otra obligación moral para los maridos, la de informar financieramente a la esposa, pero bueno, ese es otro cantar y no hay que moverle mucho, y por ello, mejor vuelvo a la obligación elemental de informar que tiene el que maneja dineros ajenos o que actúa en representación de la sociedad, como es el caso de los gobernantes, alcaldes, los del Poder Legislativo y Judicial, así como los titulares  de las demás instituciones que conforman el sistema gubernamental.
 
Para ello hay un entramado de leyes, federales y locales, que ordenan a representantes populares y funcionarios públicos presentar información cuantas veces se lo requiera la ciudadanía, de manera personal u organizada, pero resulta que no les gusta hacerlo, ya que la mayoría de ellos, se manejan con un sentido altamente patrimonialista y desdeñan el legítimo derecho ciudadano del reclamo informativo, hecho que se convierte en factor que alimenta la corrupción, el cáncer, que como divinidad se encuentra en todo lugar y momento dentro de la vida institucional.
 
Ciertamente hay leyes que nos dan derecho a la información pública, y en base en ellas,  ha surgido toda una parafernalia de organismos burocráticos que pretenden darles vigencia, pero por otro lado, el legislador les dio a los remisos una puerta para lograr su cometido, la de la reserva de la información, cuando el requerido así lo considere, y de dicha figura, se ha hecho un uso abusivo, como en su momento lo fue el caso de la inversión en los pisos viales elevados en el antiguo Distrito Federal, bajo la administración del actual Presidente de la República.
 
Y bueno, en los estados y municipios, a cada rato se recurre a la reserva informativa. En una de esas, no nos extrañe que el gasto en papel sanitario se clasifique como inconfesable, por considerar que se estaría develando un dato que puede dar pie a calcular el número de veces promedio de defecación de los implicados, asunto totalmente confidencial. Dado el caso, eso alegarían, no lo dude usted.
 
Leyes, organismos y demás, no le han facilitado a la ciudadanía, el ejercer plenamente  su derecho a la información pública, y en algunos casos, el interesado tiene que incurrir en gastos para conseguirla; todo ello ha dado pie al surgimiento de organizaciones ciudadanas que le dan seguimiento al quehacer gubernamental y promueven la transparencia de dicho ejercicio.
 
En Mazatlán, en el curso del trienio anterior, surgió el llamado Observatorio Ciudadano que ha estado haciendo hasta lo imposible para obligar al gobierno local a que cumpla con su obligación de informar y ha fincado denuncias ante la autoridad judicial sobre casos que apestan a transa.
 
Recientemente dicha organización puso en la hoja de calificaciones de la administración de Luis Guillermo Benítez Torres, un rotundo Cero en cuanto a la transparencia de su ejercicio. Como quien dice, cero por chapucero y conste que el evaluador no forma parte de la prensa fifí local, la que según “El Químico”, pretende desestabilizar su administración.
 
No es de extrañar que un Alcalde actúe con un sentido patrimonialista y desdeñe las obligaciones que tiene con sus gobernados, pero sí, causa muina que un representante popular que se dice abanderado de un movimiento transformador de la vida del país se conduzca fuera de la ruta que marca el líder de dicho intento, fomentando la corrupción, dando cabida al nepotismo y a la ineficiencia colocando a funcionarios no aptos para cumplir con el papel que se les asigna, acción que se configura como un robo.
 
La transparencia implica no mentir y no robar ¿Entenderá “El Químico” lo que esto significa e implica? Por lo visto, no. ¡Buen día!
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