Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Suplementos
  • Novias
  • Gloss
  • Campo
  • Clave de Acceso
  • Tu Casa
  • Tu Salud
  • Tu Auto
  • Politicante
  • Mejor Educación

La quimérica... PUERTO VIEJO

Guillermo Osuna Hi
08/09/2019 | 04:00 AM

osunahi@hotmail.com

 

Los elementos del Ejército y la Armada, cada vez con mayor frecuencia, sufren agresiones y humillaciones a pie firme de parte de grupos irritados por su intervención con el propósito de restablecer el orden o en la ejecución de alguna detención. No levantan ni tan siquiera un dedo para defenderse de sus agresores, lo cual, está convirtiendo en hazmerreír a las instituciones que representan la legítima fuerza del Estado; el instrumento necesario para preservar la seguridad de la ciudadanía.

Desde que la humanidad empezó a organizarse socialmente se vio la necesidad de establecer un marco normativo que englobara las relaciones entre los individuos, el uso ordenado de los bienes comunes y las posesiones privadas, así como los medios para hacer valer la ley, entre ellos, el monopolio de la fuerza por parte de la institución gobernante.

La represión legal del Estado no siempre se ha utilizado como puntal del entramado jurídico, ya que algunos la han accionado para sostenerse o perpetuarse en el poder y para someter a los disidentes de manera brutal, tal y como ha sucedido en nuestro país; sin embargo, su existencia es necesaria para mantener el orden y la paz social.

El secreto de los países más desarrollados y con altos estándares de nivel de vida de sus ciudadanos, es el comportamiento ordenado de los mismos, el respeto hacia las instituciones, entre ellas, la fuerza del Estado. Saben que ésta accionará sin miramientos en contra de todos aquellos que quebranten la ley.

En el caso de nuestro país y bajo el marco de la llamada 4T impulsada por el Presidente de la República, Comandante Supremo de las fuerzas represivas del Estado, se pretende construir un nuevo marco social garantizando el bienestar general de la población y colocando a las fuerzas armadas en colectivos pacifistas, bajo el principio cristiano de no agresión y en su caso, poner la otra mejilla al agresor.

Admirable sin duda la convicción pacifista la del Presidente Andrés Manuel López Obrador, pero está fuera de contexto, ya que somos un país que vive en el desorden con algunas partes del territorio nacional, en los cuales, la delincuencia es el ente dominante, la cual, no está dispuesta a escuchar y obedecer los mensajes pacifistas del Ejecutivo federal, y mucho menos, a dejar la lucha por llevarse la mayor parte del ácido pastel que representan los negocios ilícitos, como el narcotráfico, el secuestro, la extorsión y demás formas de explotar el patrimonio de los particulares.

El Presidente de la República forma parte de la generación que fue objeto de la brutal represión ejercida por el sistema siendo el caso más icónico el trágico suceso de Tlatelolco, al cual le siguieron otros igual de sangrientos que han quedado en la memoria de la camada juvenil dentro de la que creció Andrés Manuel López Obrador.

No sé si ese mal recuerdo haya llevado al Ejecutivo federal a ordenar que las fuerzas armadas de la República no se defiendan ante los embates de individuos o grupos que por alguna u otra razón, rompen el orden social.

De ser así, hay que decirle al Presidente que no se puede vivir, y mucho menos gobernar, cargando ese tipo de fantasmas y recordarle que él, es el Jefe Supremo de las fuerzas armadas, y que por ello, le puede exigir a los centros de mando de las mismas el establecimiento de protocolos en los que las medidas represivas sean la última opción.

Gran cosa sería que pudiéramos vivir bajo un régimen que no ocupara recurrir a la represión para hacer valer el imperio de la ley, pero la dolorosa realidad que ha construido la corrupción y la impunidad, nos dice que para reencauzar la vida nacional, es imprescindible contar con la musculosa fuerza del Estado para imponer orden, principio fundamental en cualquier proceso de cambio.

La quimérica política de besos y abrazos en lugar de la detestable represión, en todo caso, funcionará si se hacen realidad los objetivos de la llamada 4T, planteamiento que más de alguno responderá como los recordados personajes Chano y Chon de Los Polivoces: ¡Uuuuh! ¡Uuuuh! ¡Buen día!

También de este autor..
13-10-2019
06-10-2019

Oportunidades