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Por lo pronto... Puerto Viejo

Guillermo Osuna Hi
15/09/2019 | 03:40 AM

osunahi@hotmail.com

 

“¡Vivan los hombres y mujeres que nos dieron patria!” es el renglón más incluyente dentro de la arenga del llamado Grito de Independencia, pues honra a los insurgentes anónimos y a pesar de ello, solo es citado por algunos encargados de encabezar el protocolo que recuerda el inicio del parto de una nueva Nación.
El transitorio fervor patrio que estamos viviendo en estos días por la celebración del movimiento independentista constituyó la primera transformación de nuestra vida nacional y es el arranque de la pretendida 4T planteada por Andrés Manuel López Obrador, bajo la cual, promete construir un escenario social más sostenido por una conducta honesta del sector gubernamental; una distribución de la riqueza más equilibrada y un ambiente de paz que nos permita crecer de manera integral. Veremos.
Obviamente el movimiento iniciado por el cura Miguel Hidalgo y Costilla y concluido por Agustín de Iturbide, ha tenido sus frutos, entre ellos, un símbolo que le dio identidad a nuestra patria, la bandera nacional, y en esta conmemoración, la traigo a colación por el significado que se le ha dado a sus colores, desde su creación en 1821, por iniciativa del propio Iturbide.
Hago notar que la que se utiliza actualmente, curiosamente, dado los planteamientos del Presidente de la República en turno, es conocida como la cuarta bandera.
El Verde._ Inicialmente se le traducía como el distintivo de la independencia, pero con el paso del tiempo se interpretó como la esperanza de un mejor porvenir, que se suponía, acarrearía la independencia nacional.
La esperanza de atenuar hasta el borde de la eliminación, las causas que motivaron a los insurgentes a emprender el trascendental quehacer que se echaron a cuestas, como la inequidad social y la explotación de la clase trabajadora.
Posteriormente, el renacer que han significado los siguientes sucesos nacionales, como la Revolución Mexicana, incentivados por los rezagos de la independencia.
En la actualidad, la presidencia encabezada por Andrés Manuel López Obrador, le ha dado lustre al verde de la esperanza. Ya veremos si logra, de una vez por todas, liquidar los pasivos que se han venido arrastrando desde hace más de 200 años, esperando que el verde bandera no termine, una vez más, desteñido por el desencanto.
El blanco._ El escudo de nuestra bandera está insertado en la franja blanca de la misma y la nívea coloración representa la limpieza de los ideales de nuestros héroes nacionales y la aspiración por la unidad nacional. En épocas pasadas también se le interpretaba como la pureza de la fe mexicana, centrada en aquellos años en la religión católica.
El caso es que con el paso del tiempo, la clase política se ha encargado de percudir el albo color de nuestro lábaro patrio, traicionando los ideales de los que dieron su vida en procuración de un país caracterizado por una plena justicia social.
El rojo._ Este color primario siempre ha servido para encarnar el fuego y la sangre. Dentro de nuestro lábaro representa la sangre derramada por todos aquellos, cuyas vidas quedaron sembradas a lo largo y ancho del territorio nacional en la lucha por la independencia y las posteriores batallas que le dieron forma a la nación mexicana.
El rojo, que en la actualidad también se puede interpretar como el río de sangre que no deja de manar, alimentado por una fuente no de ideales, sino de las acciones delincuenciales que crecieron con el abono de la corrupción y la impunidad.
Verde, blanco y rojo estampados en un lienzo, coronado por la imponente águila, bajo la interpretación que se le quiera dar, es el máximo símbolo de la mexicanidad y ha servido de fuente de inspiración para grandes hombres y mujeres, como el poeta Carlos Pellicer: “La bandera mexicana- verde, blanca y roja- en sus colores aloja la Patria en flor soberana. Cuando en las manos tenemos nuestra bandera, es como tener entera agua, naves, luz y remos...”
Por lo pronto y mientras nos dura el ardor patrio, gritemos: ¡Viva México! ¡Buen día!

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