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A 50 años de Tlatelolco, la historia se repite La Vida de Acuerdo a Mí

Alessandra Santamaría López
11/09/2018 | 04:06 AM

alessandra_santamaria@hotmail.com

@Aless_SaLo

 

 

 

 

En tan solo un par de días se cumpliran 50 años desde la matanza de Tlatelolco. Aquel 2 de octubre de 1968, como ya sabrán, miles y miles de personas marcharon en la Plaza de las Tres culturas por un México mejor, y el miércoles pasado, la juventud mexicana se reunió e hizo lo mismo frente a la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México. Reclamaban la cobardía de su Rector, Enrique Graue; así como la falta de recursos, la inseguridad en el campus, la falta de justicia ante los homicidios ahí cometidos y otras problemáticas que no dejan de obstaculizar su formación. Se trató de la movilización estudiantil más grande desde #YoSoy132 en 2012.

 

Como era de esperarse, vinieron las críticas. “Quieren ser mártires”, dijeron algunos. Creo que los estudiantes que participaron en la marcha y que continúan con el paro, saben que 2018 no será 1968. Aunque podría serlo, porque si somos sinceros, las cosas solo están peor. Pero el Gobierno ha aprendido de sus errores; no porque ahora valoren la libertad de expresión y la vida humana, si no porque conocen el peso de la opinión pública, y en la era actual, las noticias viajan demasiado rápido. No habría cómo esconder un acontecimiento como lo fue entonces Tlatelolco. No obstante, han olvidado que los jóvenes, desesperados, hormonales e ingenuos como podemos ser, tenemos una voz, y esa voz es potente. Tal vez ya olvidaron las consecuencias que tuvo el 2 de octubre, y el que olvida su historia está condenado a repetirla.

 

También se habló de “no desestabilizar al País”. Se mencionó que es importante que el sexenio de Enrique Peña Nieto concluya en paz; que la administración de López Obrador debe arrancar con el pie derecho y en armonía con la población para poder hacer las cosas bien. ¿Importa eso en verdad? ¿Importa más que las muertes sin resolver de sus propios jóvenes? ¿Importan más que los pasillos impregnados de crimen organizado y venta de drogas a la vista de todos?

 

En contraste, un día antes, el Tecnológico de Monterrey anunció que para celebrar su 75 aniversario, todas las cafeterías Starbucks que operan dentro de sus planteles venderían un frapuccino exclusivo inspirado en los colores de la Institución.

No podría haber dos realidades más distintas, porque lo cierto es que existen dos Méxicos muy diferentes. Uno en el que jóvenes privilegiados pueden ir a comprar una bebida de tintes indudablemente elitistas en una escuela donde pagan aproximadamente 220 salarios mínimos mensuales para poder asistir, y uno en el que tienen que ir a reclamar que dejen de matarlos, de reprimirlos y de criminazarlos por ejercer uno de sus derechos como estudiantes.

 

El Tec de Monterrey y los miembros de su comunidad no tienen la culpa de lo que está sucediendo en la UNAM y en las preparatorias que forman parte de su sistema.Tampoco tienen la culpa de que hace casi cuatro años, 43 estudiantes normalistas hayan desaparecido para nunca ser encontrados. No tienen la culpa de que tantos mexicanos, ocultos tras el relativo anonimato que ofrece una computadora o un celular, los hayan atacado; insultado; apodado de “revoltosos” o “hippies comunistas”. No entienden. Nunca entenderán. Tal vez yo misma no lo entiendo, pero estoy intentando hacerlo.

 

Porque tuve que ir a trabajar, no pude asistir a la marcha, pero muchos de mis compañeros sí lo hicieron, y lo que vieron fue una de esas muestras de valor y resistencia que pocas veces alcanzas a presenciar. Sin embargo, me tocó observar en varias estaciones de metro como los jóvenes llenaban los vagones cargados de carteles y banderas, y cantaban el Himno Nacional. Durante un minuto me contagiaron con su ánimo. Sentí que pertenecía a ellos. Aunque soy parte de otra escuela, y afortunadamente nunca he vivido en carne propia los horrores que algunos de ellos sí (cómo encontrar a una estudiante estrangulada en campus. Su nombre era Lesvy Berlín Osorio), sé que al final tenemos el mismo propósito.

 

En un futuro lejano, hablarán del 5 de septiembre de 2018 como uno de los días más influyentes en la identidad del universitario mexicano. De una forma u otra lo viví, y siento orgullo

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