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Adicción a las drogas; ¿y la familia? VISOR SOCIAL

Ambrocio Mojardín Heráldez
13/04/2019 | 04:00 AM
@ambrociomojardi; amojardin@gmail.com 
 
 
 
 
Casi en cualquier reporte oficial sobre el consumo de drogas en el mundo destaca que el grupo de edad que más crece en el consumo, los que lo hacen con más frecuencia y los que resultan más problemáticos por ello, son los adolescentes y los jóvenes adultos. ¿Cómo llegan a esto y qué se puede hacer para reducir las probabilidades de que lo hagan?
 
De acuerdo con los resultados de la investigación científica en psicología, no hay  respuesta absoluta ni solución infalible, pero las razones de “llegada” de los adolescentes y niños a las drogas están más o menos identificadas y resultan sencillas de comprender. Las alternativas de prevención pueden ser variadas, pero concentran puntos comunes que facilitan la definición de acciones específicas. Casi todas centradas en el cuidado de la familia como círculo primario de salud mental.
 
De acuerdo con el reporte 2018 de la oficina de la ONU para el Control de las Drogas (https://www.unodc.org/wdr2018/prelaunch/WDR18_Booklet_2_GLOBAL.pdf), las y los adolescentes son el grupo de edad con mayor número de nuevos consumidores. Por eso los ubica como el grupo social en el que hay que concentrar la atención.
 
El Dr. Neil I. Bernstein, de la Universidad de Washington, enlista una serie de condiciones psicosociales de la adolescencia que facilitan el ingreso de las y los adolescentes a las drogas. Su argumento tiene dos componentes: 1) Las y los adolescentes viven en vulnerabilidad psicosocial por las condiciones de desarrollo que experimentan y, 2) La sociedad les ofrece pobre acompañamiento y bajo soporte para enfrentar las dudas propias de su desarrollo.
 
Según Berstein, entre las razones más frecuentes por las que las y los adolescentes reportan haber ingresado en el mundo de las drogas están las siguientes:
1. Sensación de soledad y desprotección. La peor condición que puede sufrir un adolescente es sentirse solo y creer que nadie se interesa por lo que le pase. Con el consumo de alcohol, tabaco y sustancias ilegales sienten que llenan el vacío interno que traen y encuentran motivo para interactuar con “iguales”. Las drogas y el alcohol funcionan rápido y con efectos iniciales muy buenos, que les provoca sentido de “libertad” y “bienestar”.
 
2. Necesidad de escape y tranquilidad. Es frecuente que durante la adolescencia las personas enfrenten emociones encontradas difíciles de comprender y de compartir. Para “sentirse mejor” las y los adolescentes buscan soluciones rápidas, que puede llevarles al alcohol o a las substancias ilegales y encontrar en ellas la condición que desean.
 
3. Manejo pobre de emociones y sentimientos. Cuando las y los adolescentes no entienden lo que viven y no cuentan con el apoyo familiar y social que les puede servir para enfrentarlo, recurren a conductas como las de provocar a los adultos (padres o autoridades), romper reglas públicas y cometer actos de riesgo, tales como consumir drogas y asociarse con otros para cometer actos ilícitos.
 
4. Pobre autoestima y baja confianza en sí mismo. Los efectos de crecer en ambientes de violencia, maltrato y carencia de afecto terminan siendo de los más negativos para la estabilidad adolescente. Cuando se enfrentan a dificultades propias de su desarrollo, o tienen que convivir en ambientes difíciles, se perciben incapaces y pueden recurrir al alcohol o a las drogas para sentirse más confiados y seguros de sí mismos. 
 
Desafortunadamente, en muchas de ellas encuentran el atractivo de obtener valor para hacer cosas que de otra manera no harían y de sentir el poder que no sienten cuando se encuentran drogados. 
 
5. Desinformación sobre lo que son y lo que causan las drogas. Con frecuencia saben de las drogas por lo que otros adolescentes les cuentan. Casi nunca es información correcta y viene cargada de consideraciones emocionales que otros adolescentes compartieron. Desafortunadamente, en la edad de secundaria y preparatoria, la mayoría de los estudiantes tienen amigos o compañeros que se dicen conocedores de las drogas y les “venden” la idea de que no son tan riesgosas como se dice.
 
6. Tendencia a la imitación y validación de conductas de otros. En la adolescencia es fácil seguir los ejemplos de personas a las que “admira” y muy pocas veces se da tiempo para razonar el sentido de lo que ve en ellos. Desafortunadamente, muchos se motivan al ver a sus padres y otros adultos fumando, tomando alcohol, o usando sustancias y que lo hacen en ambientes de aparente “convivencia” y “alegría”. También a través de los medios de comunicación les llegan modelos de consumo que les resultan atractivos. Según estudios de la Asociación Americana de Psicología cuatro de cada 10 adolescentes adictos dicen que personajes de la televisión y el internet “les ayudaron” a ver las drogas como cosa normal.
 
La doctora Vera Valente de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, Brasil, en tres décadas de seguimiento a la drogadicción de adolescentes propone tres condiciones básicas de la crianza para prevenir los aspectos antes descritos:
Mantener vida familiar con reglas y comunicación abierta. Las familias con reglas claras, que comprenden y comparten todos sus integrantes, forman personas disciplinadas y respetuosas. Familias con ambientes de libre expresión forman hijas e hijos con disposición para expresar lo que sienten y lo que piensan.
 
Supervisión y contacto permanente. Los adolescentes que reciben atención permanente de sus padres tienen menos probabilidades de recurrir a las drogas o de incorporarse a grupos que rompen con las normas.
 
Formación en disciplina. La vigilancia solo es útil en la formación de los hijos cuando se promueve la disciplina y el autocontrol. Es indispensable que se impulse desde edades tempranas, con actividades en complejidad creciente, porque con la edad su logro es más costoso.
 
La adicción a las drogas es un problema serio que daña en lo individual, en lo familiar y en lo social. Sus consecuencias alcanzan la salud física, la mental y la emocional, a tal grado de poner en riesgo extremo la vida. Por eso trabajar en su prevención es la mejor alternativa.
 
Una vez que se cae en ella, el laberinto se torna largo y tortuoso. Quizá nada asegure al 100 por ciento su prevención, pero por lo que dice la ciencia, cuidar lo que se vive en familia es clave. ¿O usted que piensa?
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