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Al ministro, al profe Cossío Obiter Dictum

Fernando García Sais
22/11/2018 | 04:05 AM

www.garciasais.com.mx

 

 

 

 

 

Escribir sobre el profesor Cossío es una empresa compleja, es un reto elevado pero un camino de recuerdos que navegan entre el orgullo que se siente por haber sido su alumno y, a la postre, su pupilo y amigo, y la esperanza de que el aprendizaje que ha dejado y los avances conquistados como ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sirvan para continuar consolidando el Estado de Derecho en México.

 

A la fecha de redacción de este artículo (14 de noviembre de 2018), en el Semanario Judicial de la Federación aparecen 4796 tesis que, en el lapso de 15 años, integran un legado a México, de parte de un jurista que, sin demagogia, dentro y fuera de la judicatura encabeza una escuela de pensamiento jurídico, asentada además en algo así de 26 libros, cátedras y publicaciones en revistas serias y periódicos, caracterizada por varios elementos auténticos. De ese mundo de tesis, en 1501 jurisprudencias aparece como ponente y 1579 tesis aisladas de las que también fue ponente; una producción general de 320 tesis por año, promedio.

 

Para el ministro Cossío Díaz, el Derecho como Ciencia no se satisface en la ausencia de otras disciplinas científicas, requeridas para entender la realidad regulada y para aplicarse eficientemente. Como juzgador, su origen académico quizá o su formación, le permitió entender que su posición frente a las normas era limitada y debía acudir a expertos para que las sentencias tuvieran mayor calidad, al final de cuentas son un producto (normativo, pero producto). 

 

Su trayectoria académica, tanto en lo que se refiere a su paso por las aulas, particularmente por el ITAM, como por su extensa, densa y rica producción literaria, permite calificar al doctor Cossío como un rarísimo caso en la judicatura que debería imitarse.

 

No voy a recapitular, aquí y ahora, los grandes avances que, en términos de Estado de Derecho, justicia, Estado social y democrático, se contienen en sus fallos, en sus votos particulares, en los debates con sus pares. El caso Radilla en el que se resolvieron temas de derechos humanos y relacionados con el control de la convencionalidad y de la constitucionalidad y sus efectos; el tema del aborto; el de la píldora del día siguiente; la igualdad entre hombres y mujeres; su constantes reflexiones críticas y el reconocimiento de deficiencias institucionales, etc., son muy relevantes, como también su positiva obsesión por acercar las sentencias al lenguaje general de la población y, sobre todo, con un método expositivo sencillo y económico.

 

Quienes lo conocimos en las aulas tenemos una deuda perene, por la valiosísima transmisión desinteresada de conocimientos. El ejercicio profesional de algunos de sus alumnos refleja en la cotidianidad sus ideas y sus valores. El efecto expansivo de su personalidad incitó el despertar de otros profesores y colegas, quienes de manera dispersa pero consistente comulgan con su escuela de pensamiento jurídico.

 

 

La Suprema Corte y México ganaron mucho con el doctor Cossío. Que su paso por el máximo órgano de control constitucional sirva para que su legado continúe. La academia seguirá presente en su trabajo diario. Sus alumnos, amigos y juristas a quienes formó, seguiremos escuchando sus charlas, leyéndole en los medios escritos y, seguro estoy, continuará buscando un México más equitativo, menos desigual.

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