Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Suplementos
  • Novias
  • Gloss
  • Campo
  • Clave de Acceso
  • Tu Casa
  • Tu Salud
  • Tu Auto
  • Politicante
  • Mejor Educación

Aprender a escuchar Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
12/06/2019 | 04:05 AM

rfonseca@noroeste.com
@rodolfodiazf



Cuando un niño comienza a balbucear, los papás se entusiasman y celebran cualquier sonido que quiera semejar una palabra. El día que pronuncia la primera palabra se festeja como un espectacular logro. A todos se nos enseña a hablar, pero no siempre se nos enseña la importancia de saber escuchar.

Sin escucha no puede existir comunicación y auténtico diálogo. Quien centra todo su esfuerzo en articular palabras es un deficiente comunicador y conversador. Sin escucha no puedo intimar ni alternar con el otro. Lo atiborraré e indigestaré con mis comentarios, pero no se nutrirá de mi estéril e inútil perorata. Si no lo escucho seguirá siendo un número más y un perfecto desconocido. Para conocerlo, necesito allanarle el camino y dejarle abierta la puerta. Se dice más contemplando que gritando. Los enamorados no necesitan hablar, pues sus ojos son más transparentes que el profundo significado de cualquier palabra.

Lo que sucede en el plano de las relaciones humanas lo podemos, también, aplicar a la relación con el ser supremo. El fariseo de la parábola de Jesús creía que a Dios se le agrada hablando largo y bonito; en cambio, el publicano dialogó mejor con su Padre sin decir tantas palabras (Lc 18,9-14).

La experiencia de Sören Kierkegaard fue muy semejante: “Al ir haciéndose mi oración cada vez más devota y recogida, tenía cada vez menos cosas que decir. Por último, me quedé del todo callado. Me convertí -cosa que no puede estar en mayor contradicción con el discurso- en oyente. Pensaba de verdad que orar era hablar. Pero aprendí que orar no significa meramente quedarse callado, sino escuchar. Orar significa aquietarse, entrar en un profundo silencio, y esperar hasta que quien ora escuche a Dios”.

¿Sé escuchar? ¿Tiendo un puente de contemplación, quietud y silencio?

También de este autor..
17-06-2019
14-06-2019

Oportunidades