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Campo minado Opinión

Denise Dresser
10/06/2019 | 04:05 AM

Negociando y cediendo, Marcelo Ebrard desactiva la bomba tarifaria que Donald Trump había armado. Corta los cables justo antes de que dinamitara a la economía nacional; para el reloj segundos previos a que estallara la relación bilateral. Frena los aranceles e impide que México se convierta en “Tercer País Seguro” y promete ordenar los flujos migratorios y obtiene el apoyo estadounidense para el Programa de Desarrollo Integral El Salvador-Guatemala-Honduras-México. El país suspira de alivio, alza al Presidente en hombros y declara no haber perdido una pizca de dignidad. En Tijuana la clase política reconoce a Dios por su papel en el cese de las hostilidades y se hinca para agradecérselo. Pero quienes celebran con tanto frenesí la paz pactada no parecen darse cuenta de lo que hay debajo de la bandera blanca que AMLO agita. Por el momento, Trump dijo adiós a las armas, pero convierte a México en un campo minado.
Los acuerdos celebrados colocan dispositivos por el territorio nacional que en cualquier momento podrían hacer explosión. 6,000 miembros de la Guardia Nacional enviados a la frontera y a lo largo del País para perseguir indocumentados. La aceptación y ampliación de los Migration Protection Protocols, que obligarán a México a recibir a centroamericanos deportados, mientras procesan su petición de asilo en Estados Unidos. La obligación de proveer seguridad, salud y alimentación a cientos de miles de refugiados en toda la zona fronteriza. El compromiso de frenar la entrada y el cruce de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos a quienes AMLO inicialmente tendió la mano, ahora transformada en puño. El endurecimiento de la política migratoria que transfigura a México en antesala, en muro, en Policía.
Antesala porque López Obrador oficializó el retorno masivo de migrantes a México, lo que ninguno de sus predecesores había permitido. Muro porque como lo argumenta Alejandro Madrazo del CIDE, “los pocos y mal entrenados recursos nos pondremos al servicio de la Patrulla Fronteriza estadounidense en nuestra frontera sur”. Policía porque el gobierno ha ofrecido cazar y aprehender y deportar más migrantes, como lo ha venido haciendo en los últimos tres meses. El gobierno lopezobradorista evitó el uso de la bomba nuclear, pero a cambio instaló artefactos dañinos, enterrados por todas partes, con la capacidad de causar daños de largo plazo. Costos humanitarios, costos financieros, costos comerciales incluso. Porque lo que se negoció y cómo se negoció tendrá implicaciones inciertas que apenas empezamos a conocer y a sopesar. Si no cumplimos las demandas trumpistas en 90 días exigirá más, ya que la suspensión arancelaria no ha sido cancelada, sino “suspendida indefinidamente”. Si no cumplimos los pedidos que a Trump se le ocurren y le son útiles políticamente, con cualquier otro tuit resumirá el bombardeo. El dedo de Donald, colocado sobre el disparador.
Ahí estamos, doblegados y a la merced del matón. Ahí nos colocó una negociación emprendida desde la debilidad, limitada por la asimetría de poder, constreñida por el poco margen de maniobra. Sí, México fue extorsionado y no le quedó más remedio que dejarse extorsionar. Sí, México fue tomado como rehén y no tuvo más opción que pagar el rescate. Pero el nuevo gobierno también carga con el peso de haber puesto al país en peligro; es más, algunos de los explosivos enterrados son de fabricación nacional reciente. En menos de seis meses, AMLO ha logrado postrar aún más a Pemex, reducir la inversión, disminuir las perspectivas de crecimiento, bajar la calificación crediticia, paralizar el gasto público y ensombrecer las expectativas económicas. Trump nos pateó, pero ya estábamos en el suelo.
Para levantarnos, para andar sin miedo, para ir removiendo las minas construidas internamente y también colocadas desde afuera, será necesario hacer mucho más que actos autocongratulatorios en Tijuana. Será imperativo hacer mucho más que volvernos marrulleros con los migrantes. Habrá que apelar a los aliados y a las reglas que rigen el comercio internacional. Habrá que pensar en represalias arancelarias en el futuro y no solo en reacciones apaciguadoras en el presente. Habrá que ir desmantelando los explosivos que el propio AMLO ha armado y que amenazan a la economía nacional. Porque convertir al país en campo minado no es un acto de dignidad; es un acto irresponsable.

@DeniseDresserG 
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