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¿Cómo saber si estoy en un culto? Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
06/10/2019 | 04:08 AM

alberto.kousuke@uas.edu.mx

Es imposible precisar realmente cuántos cultos o sectas existen en la actualidad, ya que la mayoría de ellos insisten que no lo son, y la gran mayoría de sus integrantes no se dan cuenta de que están en uno. Estos grupos dirigidos por líderes carismáticos, con creencias extremas y seguidores que caen en el fanatismo, han existido en cada rincón del planeta.

Un culto se define convencionalmente como un grupo de personas unidas por la devoción o lealtad a un movimiento o figura; no obstante, ésta definición general podría incluir virtualmente todo, desde fans de Jenny Rivera hasta a los otakus.

No obstante, hay un pequeño problema con esta definición de culto. Todos y cada uno de los profetas de las principales religiones puede ser considerado como un líder carismático. Dicen algunos expertos que “culto+tiempo=religión”. “Culto” proviene del latín “cultus”, el cual significa “cultivar”, y en la antigüedad se utilizaba para describir a los sacrificios, ofrendas, y monumentos para cultivar buenas relaciones con los dioses.

Un culto, de acuerdo a las ciencias sociales, cuenta con tres elementos principales:

Líder carismático, el cual progresivamente se torna en un objeto de adoración, es impune ante cualquier situación, y se convierte en el único elemento de poder y autoridad en el grupo.

Adoctrinamiento, el cual es una forma de coerción persuasiva o reprogramación mental (lavado de cerebro). Esto se observa cuando los miembros del culto realizan actividades que no son beneficiosas para ellos mismos, sino para el interés del grupo y su líder.

Explotación, ya sea económica, laboral, o sexual, la cual es impuesta por el líder o su séquito más cercano.

¿Qué es lo que convierte a un grupo de personas normales en un culto, y cómo un conjunto de personas ordinarias es capaz de perder su identidad?

Cuando un grupo de personas es sujeto a distintas formas de manipulación, se convierte en un culto. No se trata de los ideales del grupo per se, sino de las conductas y los métodos utilizados para influenciar, manipular, y explotar a sus miembros, para realizar actos que nunca se hubieran imaginado.

Charles Manson convenció a sus seguidores a asesinar a nueve personas, con el fin de incitar una guerra racial.

Shoko Asahara le ordenó a sus acólitos liberar gas sarín en el metro de Tokyo, cobrando la vida de trece personas.

Marshall Applewhite incitó a sus discípulos a castrarse y suicidarse, diciendo que esto les ayudaría a alcanzar un plano espiritual más elevado.

Mark Hughes convenció a sus prosélitos a vender millones de productos “milagrosos” (herbalife) bajo un esquema ponzi, cuyo único efecto era el de dañar el hígado y vender falsas esperanzas a señoras con sobrepeso.

La eterna fascinación con los cultos se debe a la forma misteriosa en que sus líderes ejercen el control completo sobre sus seguidores. ¿Cómo logran esto?

Los humanos estamos en la búsqueda perpetua de sentido de pertenencia y seguridad, y en un mundo lleno de peligros e incertidumbre, los cultos ofrecen exactamente eso. Los líderes de culto hacen promesas inalcanzables, pero bajo la premisa de que ningún otro grupo puede cumplir dichas promesas.

Resulta sorprendente que la mayoría de la gente que ingresa a un culto es gente común y corriente. Son personas que provienen de distintos entornos, estratos sociales, y códigos postales. Empero, un rasgo que comparten todas estas personas, es una baja autoestima. Los reclutadores de un culto buscan individuos fáciles de romper, con la premisa de ayudarlos a salir del agujero, y enseñarles que el culto es el ambiente seguro y repleto de apoyo que tanto estaban buscando.

Posteriormente, los cultos buscan aislar a sus miembros de su vida pasada. Una de las formas más comunes, es la de convencer a sus seguidores de que ellos son superiores a aquellos que no pertenecen a él. Esta mentalidad de “nosotros contra ellos” es lo que termina por recluir a los miembros del culto del resto de la sociedad. Reemplazan relaciones previas por amistades nuevas dentro del culto.

Una vez que los nuevos reclutas son adoctrinados por los seguidores veteranos, el líder llega para finiquitar el proceso de adiestramiento mental y poder manipular fácilmente a los nuevos seguidores.

El líder del culto mantiene el control emocional de sus miembros a través de varias técnicas. Una de sus favoritas es humillar públicamente a un miembro sin una razón válida. Esto genera una necesidad, por parte del seguidor, a remendar sus aparentes errores y obtener la validación del líder.

Asimismo, el líder de culto también realiza un lavado de cerebro periódico a sus seguidores. Este recurre a la constante demagogia, argumentando que otro grupo, la familia, y/o el gobierno busca perjudicar a los miembros del culto. De esta manera, el culto representa un lugar seguro de todas las amenazas del mundo. Esto ocasiona que el seguidor empiece a venerar y poner todas sus esperanzas en el culto y su líder. Esta paranoia genera un falso sentido de seguridad.

Aunque puede resultar bastante obvio para las personas que no están en el culto, para los miembros no resulta tan claro. La mayoría de la gente ingresa a un culto voluntariamente, cegados por la promesa de seguridad y beneficios potenciales, sin advertir los riesgos potenciales del culto.

Grosso modo, si estás en un grupo con un líder carismático que te pide realizar actividades que no son para tu beneficio, y además te explotan, eres miembro de un culto.

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