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Desaparecidos EDITORIAL

Editorial
06/12/2019 | 04:03 AM

Podrían ser 10, o 100, o 200, o muchos más. No importa cuántos. Lo que importa es que cada uno de ellos se ha convertido en uno de los tantos signos de la descomposición social del País. Se trata de los desaparecidos.

Porque la violencia ha llegado hasta los lugares donde menos se ha pensado. No la de los enfrentamientos violentos que antes llenaban las calles. Sino de esa muchas veces silenciosa, de la que se habla quedito pero que se propaga rápidamente.

Y porque como muchas cosas que pasan con el tema de la seguridad en México, lo que hasta ahora se tiene para atender el problema de las desapariciones no ha sido suficiente para contener el problema.

En agosto de este año, las cifras que se tenían en Sinaloa superaban ya las 4 mil 200 personas desaparecidas y registradas ante la autoridad. Y el problema no ha sido contenido. Ni resuelto tampoco. Como tampoco lo han hecho para encontrarlos.

Porque a cambio de la inactividad de las autoridades, ha surgido un sector de la sociedad civil que ha reaccionado y ha actuado y ha dado con sus desaparecidos. Con sus hijos o familiares, enterrados de manera clandestina en sitios tan recónditos como inimaginables.

Frente las desapariciones en México aún no hay una política clara de parte del Gobierno. ¿Cómo se reacciona? ¿Qué protocolos obedece? ¿Quiénes participa en la búsqueda? ¿Qué nivel de eficiencia se tiene?

Son asuntos a los que todavía no hay respuestas y mientras, sigue desapareciendo gente, en el País y en Sinaloa.

El País no puede cambiar, ni transformarse, mientras la gente siga viviendo sometida al temor que generan los grupos de la delincuencia organizada, que actúan porque si algo tienen garantizado hasta ahora es que sus acciones no tendrán castigo.

No podrá transformarse México ni dejar atrás la descomposición que ha permeado por años cuando los delitos siguen impunes y las víctimas de los hechos delictivos no reciben justicia.

México y Sinaloa merecen otra realidad. La transformación del País debería iniciar por hacer de cada rincón, un lugar seguro para todos.

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