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Diagnósticos específicos, estrategias diferenciadas DESDE LA CALLE

Iliana del Rocío Padilla Reyes
19/10/2019 | 04:00 AM

iliana_pr@hotmail.com

 

El jueves, en conferencia de prensa con el Gabinete de Seguridad en Sinaloa, el Secretario de Seguridad Pública Alfonso Durazo reconoció que no previeron el escenario que resultaría ante una estrategia mal planeada para detener a Ovidio Guzman, quien no sólo es hijo de “El Chapo”, sino también es líder de una célula de la delincuencia organizada en el estado.

No lo previeron aún con el antecedente de la emboscada en el 2017, donde un grupo de sicarios acudió a la salida norte de Culiacán, pero en plena zona urbana, a “rescatar” al “Kevin”, tío de los denominados Chapitos. En aquella ocasión el mensaje fue claro: estaban dispuestos a causar caos y escenarios de guerra en la ciudad, además de enfrentarse de manera frontal con las fuerzas del orden con tal de ejercer su dominio sobre el uso de la fuerza en Sinaloa.

Desde el centro del país no lo previeron, y tampoco recordaron los eventos del 2008, donde enfrentamientos entre dos familias del crimen ocasionaron una serie de eventos en espacios urbanos, y en plena luz del día, que generaron imágenes de guerra y un clima de incertidumbre en cuanto a la seguridad pública. En Sinaloa no olvidamos, por ejemplo, cómo se detonó una bazuca en un centro comercial en el Tres Ríos, una de las zonas de mayor actividad en la capital, y amenazaron a través de redes sociales con iniciar una verdadera carnicería que afectaría a la población no implicada en el conflicto.

En la planificación del operativo federal del 17 de octubre, las autoridades tampoco consideraron los diagnósticos que hemos escrito académicos y periodistas sobre la situación de complicidades que se vive en Sinaloa, y las extensas redes de la delincuencia a las que se han integrado cientos de jóvenes que encontraron reconocimiento colectivo y mecanismos de movilidad social que les son inaccesibles por otros medios. Esos jóvenes que salieron ayer a las calles a defender a su líder y demostraron que tienen poder por encima del Estado.

Desde allá, en la federación, no se analizaron antes los estudios y recomendaciones de organizaciones de la sociedad civil que han señalado la corrupción y complicidades en las fuerzas del orden, sobre todo de las policías municipales y estatales, y la necesidad de mejorar las capacidades locales para generar un verdadero estado de derecho.

Desde hace tiempo hemos señalado la necesidad de estudiar las geografías de la violencia; requerimos entender la configuración compleja de los diversos espacios para identificar sus causas, elementos, y así desarrollar estrategias diferenciadas. De haber estudiado las características de lo que hemos llamado “códigos de la violencia en Culiacán”, por ejemplo, no habría salido el Secretario de Seguridad Pública a decirle a los medios que en un patrullaje de rutina se había identificado a Ovidio Guzmán. Nadie que conozca las características de la violencia en esa ciudad, o en ciudades de ese tipo donde se han desarrollado redes de complicidades y solidaridad con el crimen, creería algo así posible. Tampoco hubiera pensado que 35 elementos federales podrían detener a un Guzmán en su territorio un jueves cualquiera por la tarde.

La estrategia de seguridad de la presente administración sin duda es confusa; se dice que no se repetirán las prácticas del pasado, pero a la vez se da la orden para detener en su propio territorio, por demás controlado por el narco, a uno de los delincuentes que más ha generado noticias y cuyo grupo tiene antecedentes por causar caos. Además, ante la falta de información sobre lo ocurrido, todavía hay muchas dudas por responder; aún quedan en el aire testimonios de periodistas y habitantes que estuvieron en el lugar y hablan de enfrentamientos en la Fiscalía, y otros hechos que contradicen la versión oficial.

Algunos analistas, desde el centro, con mucha autoridad en la materia, pero desconocimiento del lugar y sus violencias, salieron a decir a los medios que este fenómeno y la incertidumbre de no ser dueños del espacio público es sin duda producto de la guerra contra el narco. Se declararon conocedores de primera línea de una situación que para ellos tiene 13 años, pero que, nosotros, los “culichis”, hemos tenido que enfrentar por varias décadas. Cada 31 de octubre, 31 de diciembre, entre otras fechas, se nos presentan en Culiacán avisos poco atentos, y muy agresivos que nos dicen que la ciudad no es nuestra, le pertenece al narco, y son ellos quienes mandan, y quienes han mandado desde los ochentas o antes.

En mi parecer, en la estrategia no han faltado buenas intenciones, tampoco valentía. Desde arriba, desde donde se ve la realidad de otra manera y se toman las decisiones, ha faltado humildad y autocrítica. Pero también desde otros escenarios arriba, donde están académicos y formadores de opinión ha fallado el conocimiento desde la experiencia - lugar, y mucha empatía.

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