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Dios puso orden Opinión

Roberto Blancarte
11/06/2019 | 04:03 AM

roberto.blancarte@milenio.com

Esa es en todo caso, la versión que, en medio de un acto oficial, el pastor evangélico Arturo Farela transmitió a los congregados en el “Acto de unidad en defensa de la dignidad de México y en favor de la amistad con el pueblo de los Estados Unidos”.


El representante legal de un cierto número de Iglesias evangélicas, asentadas sobre todo en el norte del País, pero presentado como si fuera el dirigente de todos los evangélicos mexicanos, en un discurso más bien incoherente y deslucido, dijo entre otras cosas que debíamos dar gracias al Señor porque “Dios puso orden tanto en el gobierno estadounidense como en el gobierno mexicano, partiendo de un principio fundamental que es la justicia social”.


Me pregunto nada más si debo creerle a este pastor oficialista, por qué se habrá tardado tanto Dios en poner orden en nuestros países. ¿Quiere decir entonces que parte de este orden divino es que Trump esté a la cabeza del gobierno norteamericano? ¿Qué ahora sí, después de 200 años de independencia ya Dios se decidió a que impere la justicia social en el país?


Lo bueno es que Farela no se quedó sólo hablando de Dios, insisto, en este acto oficial de nuestro gobierno juarista. Lo acompañó, por suerte, el sacerdote católico Alejandro Solalinde, quien inmediatamente contratacó confesionalmente y señaló, en ese acto público y oficial, que México es un “espacio bendito y maravilloso bendecido por una gran señora que es la Virgen de Guadalupe”. Dijo también que “Jesús de Nazaret nos va a guiar” y que había que pedirle a Dios que nos ayude en esta transformación (la cuarta por supuesto). Y para rematar, aunque de manera un poco adelantada, candidateó a una mujer (¿será Claudia Sheinbaum?) para la próxima Presidencia de la República.


En suma, que, en un acto oficial, organizado por la Presidencia, tuvimos a dos ministros de culto como oradores, quienes, aprovechando el espacio, se dedicaron a empujar sus propias visiones político-religiosas. Si eso no es una abierta violación al espíritu de nuestra República laica y del principio histórico de separación, francamente, no sé qué pueda serlo. 

 

Lo más triste para mí es ver a varios personajes en el estrado, que hasta hace poco se decían defensores del Estado laico, pero ahora estaban calladitos y aplaudiendo. Como ver al propio Solalinde apoyar la nueva política migratoria del gobierno, que básicamente significa la creación de un nuevo muro de 6 mil guardias semi-militarizados para impedir la llegada de centroamericanos a Estados Unidos.


¿Dónde quedaron los principios de autodeterminación de los pueblos y no-intervención? ¿Dónde quedó la solidaridad con los más pobres? El propio Presidente se refiere a ellos como “ilegales” cuando durante años luchamos para que a nuestros migrantes les llamaran “indocumentados”.


Eso sí, nuestro gran equipo negociador nos salvó de los aranceles. La verdad, que poco necesitó Trump para doblarnos. Pero después de haber oído a nuestros ministros de culto, me siento tranquilo. Porque sé que, con la ayuda de Dios, quien ya puso orden en todo esto, nos encaminamos hacia un futuro de bienestar y felicidad.

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