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El conflicto sobre el tomate Tierra Nuestra

Juan de Dios Trujillo
15/05/2019 | 04:07 AM
El arribo de Donald Trump representó el retorno a un enfoque de nacionalismo económico, contrario a la idea de comercio global libre, más motivado por la utilización de su fuerza para garantizar la hegemonía de Estados Unidos en la economía global. Este enfoque estuvo presente en la negociación del T-MEC y también se ha expresado en la renegociación del acuerdo de suspensión de la investigación de dumping sobre tomate que pesa sobre los exportadores mexicanos.
 
La negociación del T-MEC no creó el espacio que los horticultores esperaban para la continuidad del acuerdo del acuerdo de suspensión, debido a que Estados Unidos está más motivado por la defensa de sus propios productores que en garantizar un comercio libre, y porque coyunturalmente Florida es importante para el próximo proceso electoral en Estados Unidos.
 
El escenario político en Estados Unidos es desfavorable a los productores mexicanos. Pesa el sentimiento antimexicano, y los líderes republicanos provenientes del estado antes mencionado son actualmente muy influyentes en el Departamento de Comercio y en el Congreso de Estados Unidos. Adicionalmente, los demócratas presionan por reabrir la negociación respecto al T-MEC, y el gobierno mexicano no quiere meterse de nuevo en esa dinámica.
 
Además, hay ya preocupación en el Departamento de Agricultura de Estados Unidos respecto al peso creciente que tienen las importaciones de tomate, que representaron en 2018 el 60.7 por ciento de la oferta disponible para consumo doméstico. En 1970 esa proporción era del 26 por ciento; después de altas y bajas, derivadas de presiones competitivas, se llega al 30.5 por ciento en 1995 y asciende a 50.2 por ciento en 2011. Desde 2013 las importaciones exceden a la producción doméstica, de hecho, la producción doméstica actual es menor al nivel récord registrado en 2002. Las importaciones desde México se ven como amenaza creciente.
 
Hay varios factores que explican esa pauta de comportamiento, destacamos aquí dos. Uno de ellos ha sido la apreciación del dólar, que ha perjudicado a su producción doméstica y facilitado que las importaciones ganen competitividad, particularmente las provenientes de México. Otro factor importante es el cambio tecnológico, relacionado con el desplazamiento de plantaciones de cielo abierto a cultivos bajo cubierta en países competidores, lo cual implicó la adopción y generalización de todo un nuevo sistema de producción.
 
En estado Unidos se pone el acento en las importaciones de productos cosechados bajo invernadero, incluso más que en el tipo de cambio. La tecnología para la producción bajo invernadero, que se ha acompañado de nuevas semillas para la obtención de tomates de larga vida de anaquel, del riego por goteo y de mejores prácticas de nutrición y de protección vegetal, buscando formas y productos más amigables con el ambiente, ha permitido tener un flujo de oferta más estable a lo largo del año; así como mejores prácticas agrícolas y de proceso para garantizar la inocuidad en los productos exportados.
 
Desde la perspectiva de las importaciones desde México, la producción bajo invernadero ha facilitado el encadenamiento de las diferentes zonas de producción de este país, articulando la producción de Sinaloa a la de otros estados, como San Luis Potosí y Baja California, entre otros. Sin embargo, en Sinaloa, la región tradicionalmente especializada en la exportación de tomate de invierno-primavera, ha sido más importante el desplazamiento hacia la producción bajo casa-sombra, que se considera un sistema menos costoso pero que da volúmenes satisfactorios de tomates de calidad invernadero.
 
En 2017, según información del Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, los tomates clasificados como de invernadero representaban ya el 56 por ciento del total importado por Estados Unidos y cerca del 32% de su oferta doméstica. Antes de 2005 los productores de Estados Unidos, México y Canadá contribuían cada uno con alrededor de 300 millones de libras de tomate de invernadero, pero desde entonces, las exportaciones de México habrían crecido a una tasa del 35 por ciento anual.
 
En 2017, las importaciones de México dan cuenta de casi el 84 por ciento (1.8 mil millones de libras) de tomates de invernadero importados por Estados Unidos. Las importaciones desde Canadá han permanecido en los 300 millones de libras. Las importaciones del resto del mundo son aún menores.
 
De acuerdo con las circunstancias actuales, el escenario más probable es la conclusión de la investigación de dumping y la aplicación de un cierto arancel sobre tomates importados desde México. Como resultado habrá reajustes, se concentrará más la actividad y quedarán en el mercado los productores con capacidad de hacer frente al arancel.
 

 

En tal sentido, ya es tiempo que los productores mexicanos pongan mayor atención a la creación de condiciones para el acceso a otros mercados, ampliando incluso, la gama de productos exportables, particularmente en el estado de Sinaloa. Si realmente se busca mantener una tendencia expansiva.
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