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El decreto y la promesa Editorial

Editorial
23/04/2019 | 04:00 AM
Con dos herramientas cuenta el Presidente Andrés Manuel López Obrador para enfrentar la grave crisis de violencia que afecta al País: el decreto y la promesa.
 
El decreto lo ha utilizado para intentar espantar espíritus, porque los decretos no sirven para otra cosa. Desde que andaba en campaña le gustaba decretar el fin de la pobreza, el fin de la desigualdad, el de la corrupción y el de la violencia.
 
Sus seguidores se acostumbraron a imaginar que en cuanto llegara a la Presidencia, la violencia desaparecería de México como si dependiera de una orden del tabasqueño, sin embargo la realidad nos ha despertado de una bofetada.
 
Su otra costumbre es prometer, primero que acabaría con la inseguridad, con todo tipo de delitos y de paso con la delincuencia organizada, y todo gracias a la Guardia Nacional, su creación, pero a pesar de todas sus promesas la violencia sigue estacionada en México. 
 
Los números de asesinatos siguen creciendo, sin importarles que los gobiernos del PAN y del PRI sean cosa del pasado, a los asesinos no les interesa la política y nadie les ha avisado que ya está Morena en el poder.
 
A pesar de todas sus promesas, de sus mañaneras y nocturnas, López Obrador no ha conseguido detener la impunidad con la que operan los grupos delincuenciales y después de la primera masacre en su Presidencia, se ha visto obligado a salir públicamente a prometer una vez más.
 
La muerte de 14 personas en Minatitlán hizo que AMLO prometiera que los primeros resultados de su estrategia se verán en los próximos seis meses, una fecha que se antoja muy corta para resolver un problema que se ha ido gestando desde hace décadas.
 
Dentro de unos meses, la Guardia Nacional entrará en operación, esperemos que el Gobierno federal no tenga que seguir extendiendo las fechas para contener el baño de sangre en el que vivimos los mexicanos.
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