Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
Suplementos
  • Novias
  • Gloss
  • Campo
  • Clave de Acceso
  • Tu Casa
  • Tu Salud
  • Tu Auto
  • Politicante
  • Mejor Educación

El imaginario de la Nación OPINIÓN

Roberto Blancarte
03/12/2019 | 04:08 AM

roberto.blancarte@milenio.com

 

Todo depende de cómo nos vemos. En el México actual hay muchas narrativas de la realidad.

Estamos frente a intentos de describir lo que realmente está sucediendo a partir de esquemas explicativos amplios, porque de eso depende la evaluación que hagamos de lo que el Gobierno ha hecho a lo largo de un año. Pero todavía no tenemos claro si estamos hablando de cosas distintas o de opiniones encontradas sobre un mismo hecho.

Así tenemos, por un lado, los que defienden una aparente redistribución, aunque no haya habido crecimiento en la economía y por el otro, los que señalan el fracaso de una política económica que condujo al práctico estancamiento del País.

El hecho es el mismo, es decir que el PIB no creció durante 2019. Las interpretaciones sobre lo que eso significa es lo que varía. Podemos preguntarnos lo mismo sobre muchas otras cosas que están sucediendo: ¿se trata simplemente de dos narrativas diferentes de una misma realidad o de visiones divergentes que enfatizan realidades diversas?

Tomemos otro ejemplo: el número de homicidios y otras cifras en materia de criminalidad aumentaron durante el año que transcurrió. Eso es un hecho. Pero cómo se interpreta, es lo que varía. El Presidente López Obrador no siempre niega las cifras oficiales (lo de “yo tengo otros datos” es ya un chiste popular), pero aun cuando las acepta, sigue culpando a Felipe Calderón por el inicio de la guerra contra el narcotráfico y al neoliberalismo por estar en el fondo de la descomposición del tejido social.

Suele omitir en esta narrativa lo hecho en el gobierno de Enrique Peña Nieto, a quien no toca ni con el pétalo de una mañanera. Cualquier manera, la culpa de lo que está sucediendo es de otros. Acusa a altos mandos militares de eliminar sin procesos judiciales a los narcotraficantes (“ustedes acábenlos y nosotros nos encargamos de los derechos humanos”) y propone en cambio una estrategia donde el fracaso en atrapar a los delincuentes se presenta como una defensa de la vida de civiles.

Para la Oposición, la ausencia de una estrategia ha conducido al aumento de la criminalidad, a la erosión del Estado de Derecho y a la práctica subordinación del mismo frente a las fuerzas criminales, cediéndoles, de hecho, territorios de la República. No podemos -señalan- darle abrazos a quienes nos están secuestrando, violando, matando, impunemente. Necesitamos que el Estado imponga su fuerza.

Por eso lo sucedido a la familia Le Barón, sacudió tantas conciencias; porque para muchos fue la prueba tangible de ello. El crimen organizado mata impunemente a mujeres y niños inocentes. El nacionalismo popular, lanzado contra quienes se atreven a apelar a fuerzas extranjeras, es una reacción ideológica que, paradójicamente, privilegia la soberanía por encima de la compasión, la seguridad y los derechos humanos de la población.

Por ello, significó un quiebre y para muchos, la evidencia del fracaso de la estrategia de seguridad. De allí que las grietas en ese bien vendido imaginario de la Nación, ya son evidentes, aunque éste se siga promoviendo en actos multitudinarios, amenizados por la Sonora Santanera.

También de este autor..

Oportunidades