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El mecanismo del lavadero Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
21/07/2019 | 04:00 AM

No hay esa policía que es capaz de detectar el lavado de dinero (...) tampoco, está esa autoridad que revisa las pruebas y va sobre los “lavadores”, menos todavía se desmantelan las redes de complicidad que alcanzan la esfera del gobierno y los organismos anticorrupción


Imaginemos por un momento que los flujos de venta de una gasolinera están por muy debajo de los depósitos que se hacen en el sistema bancario, seguro de forma inmediata tendremos la sensación de que hay algo turbio y digno de investigar.
Bien, pues un indicio tan cotidiano, tan elemental como las entradas y los ingresos de una gasolinera de esquina, fue la hebra que en Brasil llevó una investigación judicial hasta el mismísimo expresidente de Brasil Luis Inacio Lula da Silva, que hoy todavía se encuentra en la prisión federal de Curitiba.
Sin embargo, hay que decir en justicia para Lula, que, en amplios círculos de la sociedad brasileña e internacional, existe la certeza de que, si bien la corrupción consumía la riqueza pública brasileña, el juicio contra Lula fue una jugada política para dejarlo fuera de la papeleta electoral en los comicios del año pasado. Y es que Lula era el candidato mejor posicionado en las encuestas presidenciales y su encarcelamiento permitió la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro.
Pero vamos al punto. Esta trama corrupta en contra de la empresa estatal Petrobras ha dado pie para la serie televisiva El Mecanismo de la empresa Netflix que con los ajustes correspondientes -por ejemplo, en la serie la investigación policiaca surge no de la gasolinera Posto da Torre sino una rotura externa del drenaje de la vivienda del policía jubilado Marco Ruffo que debería arreglar la autoridad.
Sin embargo, está a través del empleado de gobierno, sugiere que para dar celeridad a la reparación lo haga un plomero privado y detecta que la cantidad le resulta exagerada de reales. Y por el “particular” se da cuenta que el precio del servicio tiene varios pisos de coimas donde la más pequeña corresponde a quien hace la reparación - y es así, cómo el policía identifica los círculos concéntricos de la corrupción que de acuerdo con distintas fuentes podría alcanzar más de 8 000 millones de dólares.
Esto define los contornos de la Operación Lava Jato -lavado de carros- considerada la trama de lavado de dinero más importante en la historia de Brasil ya que la investigación detectó que trece grandes empresarios se habían beneficiado con este tipo de operaciones que lavaban el dinero robada a la empresa estrella de la economía carioca y fue un poder judicial autónomo el que poco a poco, con toda la paciencia del mundo, fueron identificando cada una de las piezas del mecanismo corrupto y corruptor.
Con las pruebas en mano de una investigación sobre movimientos financieros sospechosos, por ejemplo, la compra de un intermediario criminal de una camioneta del año Range Rover Evoque para Paulo Roberto Costa, exdirector de Petrobras, justificó una orden judicial de arresto y revisar su casa además de la oficina donde encontraron dinero y detectaron vía cámaras que su yerno e hija habían sustraído información comprometedora.
Quien había comprado la mencionada unidad de lujo era un delincuente de poca monta que antes traficaba cigarrillos desde Paraguay, pero, que había tenido la habilidad para ganarse la confianza de algunos de los grandes empresarios y cumplía servicios de intermediación para corromper políticos, funcionarios y policías.
Fue así cómo estando detenido decide declarar en contra de sus jefes y así la trama corrupta empezó alcanzar a los empresarios. Uno a uno fue detenido en sus lujosas viviendas u oficinas en barrios residenciales. Todos ellos fueron trasladados a celdas individuales, en medio del azoro y la crisis existencial de quienes hasta entonces eran intocables -Cualquier semejanza con Juan Collado, el llamado “abogado de la mafia” es mera coincidencia.
Antes de ser detenidos los empresarios de la construcción de obra pública buscaron un acuerdo administrativo y ofrecieron devolver una parte ínfima de lo robado a Petrobras. Utilizaron todos los recursos a su alcance hasta llegar al Fiscal General, que en un principio se sensibilizó por el pedido de un exprocurador que en ese trance fallece y eso provoca que este deje sin efecto la negociación y el camino queda libre para que la policía entre en acción -Cualquier semejanza con Ernesto Echeverría, también es mera coincidencia.
La corrupción de franjas del medio empresarial solo es inteligible en la complicidad de políticos en activo. Los interrogatorios a los empresarios que no querían morir solos terminaron por vincular a quienes eran sus padrinos en el poder ejecutivo y el legislativo brasileño. Así fue, como se detuvo a decenas de personajes de todo el espectro político generando una verdadera conmoción política y social de apoyo al fiscal anticorrupción Sergio Moro.
Y en ese punto, no podemos dejar de ver el aspecto político, en Brasil en el otoño de 2018 hubo elecciones presidenciales y cómo la reelección está permitida, el partido de gobierno tenía como candidato a Lula da Silva. Lula seguía teniendo un apoyo amplio y lo que se vio fue apresuramiento de las partes para vincularlo al proceso corrupto.
Apareció entonces un apartamento en la costa de Guarujá que supuestamente habría recibido “por los servicios prestados” sin que haya quedado claro quién era el verdadero propietario. Sin embargo, eso no importaba se trataba de encauzar a Lula y de paso destituir a Dilma Rousseff, la presidenta del gobierno, por la reasignación de recursos públicos – Cualquier semejanza de la maniobra de Fox para detener a AMLO, es también mera coincidencia.
Allanado el camino vinieron las elecciones y Bolsonaro sin oponentes de peso, gana y empieza una nueva etapa en la vida pública brasileña marcada por el desmantelamiento de muchos logros alcanzados durante los gobiernos petistas y es una historia que está por escribirse con todo su drama social y político.
Ver los 16 capítulos de la serie televisiva El Mecanismo no sólo tiene que ver con visualizar un caso exitoso de lucha contra la corrupción, incluso con las dudas fundadas sobre el encarcelamiento de Lula da Silva, sino vernos en ese espejo que muestra nuestro propio rostro. Un rostro menos feliz, con una sonrisa simulada.
En la entrega anterior mencionábamos nuestras dudas sobre la eficacia del Sistema Estatal Anticorrupción y hoy lo refrendamos en un país, no hay esa policía que es capaz de detectar el lavado de dinero a través de gasolineras, o cualquier otra de las muchas que realizan esta actividad que alcanza cientos de miles de millones de dólares; tampoco, está esa autoridad que revisa las pruebas y va sobre los “lavadores”, menos todavía se desmantelan las redes de complicidad que alcanzan la esfera del gobierno y los organismos anticorrupción están atados de manos con una ley que los hace aparecer como simple parapeto ciudadano.
Una buena noticia, sin embargo, son las detenciones habidas en los últimos días que habrán de sumar otros pero el desafío está en la calidad de las instituciones y sus agentes anticorrupción. Y hoy sin duda, está claro para muchos mexicanos, se encuentran por debajo de las necesidades y la urgencia de combatir la corrupción.

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