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El naufragio de ‘El Químico’ Malecón

El Centinela
25/02/2019 | 04:00 AM
El Alcalde mazatleco, Luis  Guillermo “El Químico” Benítez Torres vive uno de sus peores momentos en el poder.
Hasta ahora nada lo hacía tambalear, ni siquiera las acusaciones en su contra por el nepotismo evidente de su pareja, o el desastre que se vive al interior del Instituto de Cultura, Turismo y Arte de Mazatlán.
Se mantenía fuerte en la silla grande del Ayuntamiento, a pesar de navegar a fuerza de caprichosos timonazos o rodeado de arribistas al poder.
Pero a fuerza de malas decisiones y en su afán por favorecer a sus protegidos ha cometido el único error que no debía, provocándose a sí mismo un boquete en la línea de flotación.  
La fuerza política de un funcionario es la que determina su posible éxito y la de “El Químico” era prácticamente inexpugnable: su poder era alimentado por su cercanía con el mismísimo Presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Su cercanía con Andrés Manuel rayaba en los linderos del amor y el fanatismo, no había seguidor más fiel, más dispuesto, más solícito..., y era correspondido.
En su oficina del Ayuntamiento, 17 fotografías de “El Químico” con Andrés Manuel presumen su devoción, además de pequeños muñecos con la figura del hombre que habrá de transformar México y recordemos El día en que la vida de López Obrador estuvo en las manos de El Químico. https://www.noroeste.com.mx/publicaciones/view/el-da-en-que-la-vida-de-lpez-obrador-estuvo-en-las-manos-de-el-qumico-1134478
Todo era miel y dulzura. Hasta que se equivocó. 
Fue suficiente un error para perder el amor del líder, un costoso error que hasta ahora se lamenta.
El aciago día
El Alcalde fue notificado desde Presidencia que el 26 de enero, el Presidente Andrés Manuel López Obrador visitaría Playa Espíritu, el proyecto abandonado por anteriores administraciones.
Con la cercanía y la confianza que le merecía, personalmente Andrés Manuel le confió a “El Químico” que atendiendo su política de austeridad, lo acompañaría un pequeño equipo de seguridad, tan pequeño que haría falta alguna escolta que pudiera brindarle.
Le pidieron una sola persona, así que dispuso a enviar a alguien de su confianza para cumplir con semejante honor.
Presidencia esperaba a un general, a un Secretario de Seguridad, a alguien que con su sola presencia garantizara seguridad, “El Químico” lo vio como una gran oportunidad para elevar al “Olimpo” a alguno de sus más cercanos colaboradores, volteó y a su alrededor sólo estaba David González Torrentera, director de Desarrollo Económico. 
Conocido como “El presidentito” o “El hombre del maletín” en los pasillos del Ayuntamiento, González Torrentera ha sabido llegar hasta la intimidad del Alcalde, le habla al oído, opera como su chofer, le carga el maletín.
Y allá fue González Torrentera a cumplir con el encargo de su Alcalde: proteger al amigo Andrés Manuel.
Pero sólo llegó hasta Escuinapa, en cuanto lo vio el personal de Presidencia lo regresó por donde vino, provocando la molestia del Presidente y el hundimiento de un Alcalde que se equivocó por confundir “el amor” con el trabajo. 
La caída
Cuentan que el regaño fue descomunal, de la boca del amado líder provino el peor castigo: le reclamaron su falta de experiencia, “pareces nuevo”, esa frase dolió.
Andrés Manuel regresaría el 16 de febrero a Mazatlán, al estadio Teodoro Mariscal, era la oportunidad para congraciarse con el líder, lo atendería personalmente, estaría siempre a su lado.
Pero el sábado, las puertas del líder estaban cerradas, el Alcalde Luis Guillermo “El Químico” Benítez Torres ni siquiera fue invitado a subirse al templete, fue condenado a la tercera fila, olvidado por Andrés Manuel, el amigo de antes. En el templete lo acompañaban otros.
Por la noche insistió “El Químico”, una invitación a cenar restañaría las heridas, pero el Presidente estaba ocupado, y en el desayuno del siguiente día también, lejos, cada vez más lejos.
Antes de regresar a la Ciudad de México, Andrés Manuel anunció que visitaría las Islas Marías, pero en lugar de “El Químico”, invitó al Gobernador Quirino Ordaz Coppel, el mismo que lo acompañó en el templete, su compañero de desayuno.
Sobraron avionetas y helicópteros para trasladar a las islas al Presidente, la mayoría de la Iniciativa Privada, pero Andrés Manuel eligió el helicóptero de Gobierno del Estado, el de Ordaz Coppel, su nuevo amigo.
La esperanza
El jueves pasado, como ya lo comentamos en este espacio, el Gobernador Quirino Ordaz viajó a la Ciudad de México, donde se reunió con tres grandes de Morena: la directora de Conacyt, el coordinador de Segalmex (la nueva Conasupo) y con el coordinador de los diputados de Morena, Mario Delgado. No les fue a pedir nada, les fue a ofrecer su apoyo.
Con Delgado cenó el jueves por la noche para reforzar una vieja amistad, resulta que el coordinador de los diputados de Morena fue Secretario de Finanzas del Distrito Federal en los tiempos en que Ordaz Coppel tenía el mismo puesto en Sinaloa.
Y mientras el Alcalde de Mazatlán se lame las heridas y planea su estrategia para recuperar el cariño del Presidente, hoy por la tarde, el Gobernador de Sinaloa estará de nuevo en la Ciudad de México para reunirse con el Secretario de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Manuel Villalobos.
Irá acompañado de líderes pesqueros y productores agrícolas, abanderando dos de las causas más delicadas en Sinaloa: el desastre económico que vive la pesca y la incertidumbre causada por el precio del maíz.
Y mientras Ordaz Coppel continúa construyendo, “El Químico” se alista para encabezar su primer Carnaval, la fiesta que puso en las manos de un grupo de improvisados que se han encargado de poner nervioso a todo el puerto.
Le deseamos que todo salga bien, porque si algo no funciona en la fiesta grande, seguramente el eco retumbará hasta Palacio Nacional, donde reside la única opinión que al Alcalde mazatleco realmente le importa. 
Dicen que el que persevera alcanza y que la esperanza muere al último, así que seguramente habrá muchas oportunidades para “El Químico” para recuperar lo perdido, recordemos que siempre valdrá la pena hundir un puerto por un buen amor.
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