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El nuevo discurso Editorial

Editorial
12/02/2019 | 04:00 AM
No hay político mexicano que el día de hoy no hable de transparencia, austeridad y transformación, aunque sólo sea un discurso de moda, de esos que llegan cada seis años y se difuminan en cuanto asoma la cabeza del poderoso en turno.
 
Se acuerdan de la “renovación moral” del ex Presidente Miguel de la Madrid, o de la “solidaridad” de Carlos Salinas de Gortari, o el de “bienestar para toda la familia”, de Ernesto Zedillo.
 
O más recientemente, el “cambio” que prometió Vicente Fox, o la paz que traería Felipe Calderón, o los cientos de promesas que lanzaba Enrique Peña Nieto, como si hablar y hablar fuera suficiente para resolver nuestros problemas.
 
Todo eso se llama discurso político, frases emblemáticas, algunas de ellas hermosas y hasta creativas, pero que el tiempo siempre termina por demostrar que son puro viento, un glosario de buenas intenciones que generalmente nunca se convierte en realidad.
 
Hoy, las cosas no han cambiado mucho, si acaso el discurso se renueva, se le saca brillo, se ajusta a las nuevas necesidades y se lanza insistente y provocador, para que entendamos, de una vez por todas, que esta vez sí va en serio.
 
Una de las condiciones para que funcione un nuevo discurso es que sea tan esperanzador que haga olvidar completamente a sus antecesores, que venda donde ya todos vendieron, que convenza donde ya todos convencieron.
 
El discurso ahora promete transparencia, aunque a dos miembros del gabinete del Presidente se les haya olvidado declarar que poseen departamentos en el extranjero.
 
También se habla de austeridad, aunque jueces y diputados se nieguen a ganar menos y hagan berrinches y protestas para terminar perdiendo sólo unos cuantos centavos.
 
Y al final viene una palabra gorda: transformación, la cereza del pastel. Aunque aún nadie haya entendido en qué cosa nos quieren transformar. 
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