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El síndrome de hybris Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
12/01/2019 | 04:00 AM

rfonseca@noroeste.com

@rodolfodiazf

 

 

 

Ayer hablamos de la importancia de la política; ahora trataremos de la importancia que se dan algunos políticos. Lógicamente, nos referimos a una importancia desmesurada y sin fundamento que fue calificada por David Owen, médico y político inglés, como el “síndrome de hybris”.

 

En griego, la palabra hybris significa desmesura, orgullo, vanidad, soberbia y arrogancia, sobre todo en el caso de la persona que ejerce un poder político. Quien padece el síndrome de hybris es incapaz de conservar el equilibrio, moderación y ecuanimidad.

 

Por eso, la filosofía griega recomendó el equilibrio y sobriedad. Aristóteles, por ejemplo, pregonó la regla del justo medio, para no dejarse llevar por ningún extremo. Asimismo, en el oráculo de Delfos existía una máxima que hoy ha sido explotada ampliamente por empresas vinícolas o cerveceras: “Nada con exceso, todo con medida”.

 

En su libro En el poder y en la enfermedad: Enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos 100 años, Owen escribió: “La trayectoria de la hybris tenía más o menos las siguientes etapas. El héroe se gana la gloria y la aclamación al obtener un éxito inusitado contra todo pronóstico. La experiencia se le sube a la cabeza: empieza a tratar a los demás, simples mortales corrientes, con desprecio y desdén, y llega a tener tanta fe en sus propias facultades que empieza a creerse capaz de cualquier cosa. Este exceso de confianza en sí mismo lo lleva a interpretar equivocadamente la realidad que lo rodea y a cometer errores”.

 

Algunos síntomas conductuales que llevarían a diagnosticar el síndrome de hybris, serían: una inclinación narcisista; una preocupación desproporcionada por la imagen y la presentación; una forma mesiánica de hablar de lo que están haciendo y una tendencia a la exaltación.

 

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