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El tiempo de los derechos Opinión

Ernesto Hernández Norzagaray
23/06/2019 | 03:54 AM
‘Votar en contra de algo que ya resolvió la Corte si bien ha dado motivo para el festejo y la burla de que fue escenario el Congreso del Estado no significa definitividad, menos ley, a los opositores les queda el recurso de ampararse ante la decisión o ir a la Corte...’


 


La abogada Tere Guerra lo ha dicho con todas sus letras en su muro sobre el sentido del voto mayoritario en contra del matrimonio igualitario: “Los legisladores juraron respetar la Constitución, y hoy la violaron: la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró inconstitucional prohibir el matrimonio a personas del mismo sexo” y advierte a los legisladores sinaloenses: “No confundan su fe, con sus obligaciones, ni al Congreso lo conviertan templo” (sic).

La primera lectura es básica, los legisladores se mueven en un marco legal y desconocerlo no significa que puedan hacer lo que se les antoje y los exima de responsabilidades por ir en contra de derechos humanos. 

Votar en contra de algo que ya resolvió la Corte si bien ha dado motivo para el festejo y la burla de que fue escenario el Congreso del Estado no significa definitividad, menos ley, a los opositores les queda el recurso de ampararse ante la decisión o ir a la Corte para presentar una acción de inconstitucional que vendría a ratificar lo legislado en otros congresos locales que votaron mayoritariamente en el mismo sentido.

Estamos en un Estado laico que aun con todos los peros que se les quieran poner que sigue manteniendo la separación Estado-Iglesia y lo más relevante, es que los legisladores deben conducirse de acuerdo con esa filosofía política racionalista, no por sus creencias retrógradas, o tabúes religiosos, menos por sus prejuicios, los que no pueden estar por encima de las leyes que existen en materia de matrimonio igualitario.

Y eso es lo que ocurrió esta semana cuando veinte de los diputados del PRI, Morena, PAN, PAS y PT votaron en contra este tipo de matrimonios, y un diputado morenista, de la llamada izquierda lopezobradorista, lo justificó con una expresión de las catacumbas cuando justificó su voto con el mito de Adán y Eva. 

Ahora, este tipo de diputados, están metidos en un problema tanto porque votaron en contra de derechos consagrados en la Constitución y porque mediante cinco amparos ante la Corte podrían revertir la decisión mayoritaria y eso lo tendrán que hacer por mandato de ley y por encima de sus creencias personales.

Vicky Ibarra, una de las figuras más visibles, inteligentes e informadas de la Comunidad LGBTTT de Sinaloa, sale al paso de este tipo de diputados cuando en una entrevista televisiva con argumentos de peso va contra quienes desde el prejuicio quieren imponer sus creencias al resto de la sociedad.

Lo dice con una claridad sorprendente, cuando sale en defensa de su derecho a reclamar el reconocimiento para la comunidad a la que pertenece como cualquier otro ciudadano que paga sus impuestos. 

Vamos, no puede ni debe haber ciudadanos de primera y de segunda, el ideal de cualquier sociedad democrática “es todo iguales frente a la ley”. Sinaloa está retrasado en la materia no sólo frente a otros 14 estados sino frente al mundo donde este derecho humano está ampliamente reconocido y legalizado.

Norberto Bobbio, el gran filósofo político publicó en 1991 un libro bajo el título esperanzador de El Tiempo de los Derechos (Sistema), donde ya hablaba de derechos de séptima generación que estaban siendo una realidad en Europa occidental. Es decir, habían quedado atrás derechos por simple habituación y los de ese momento eran los que tienen que ver con el que a todo ciudadano se le deben garantizar condiciones para su desarrollo en un medio ambiente limpio. 

Es decir, lejos muy lejos, de los derechos de primera y segunda generación, donde frecuentemente estamos en búsqueda de alcanzarlos como el derecho a estar informado o la de libre tránsito, que si bien existen en el papel esta se encuentra negada en regiones enteras donde impera el crimen organizado que con su activismo los reduce a prácticamente nada.

Entonces, las luchas ciudadanas que hoy reclaman la aplicación de la máxima “mismas obligaciones mismos derechos”, como es el caso de la comunidad lésbico-gay impulsada principalmente por millennials que buscan avanzar en el terreno de los derechos en su estado.

Su lucha en sentido estricto no es sólo por su comunidad, sino para ampliar las avenidas de participación ciudadana y el reconocimiento de derechos. Hoy son los de ellos mañana serán los de los universitarios o los indígenas y seguramente igual saltarán los sectores conservadores que buscarán mantener el establishment. 

La votación del pasado martes mostró, sin embargo, que si bien hay quienes simpatizan, siendo o no miembros de esa comunidad, con el reconocimiento de sus derechos hay también un sector importante e influyente de la sociedad que busca mantener las cosas como están, con un doble discurso, sea del Gobernador y algunos diputados que, en privado, así lo dijo Vicky Ibarra, se tomaron la foto y les ofrecieron apoyo a sus derechos. 

Busca mantener aquellos roles sociales que impone la tradición, las iglesias sean la católica o la evangélica y que están de alguna forma contemplados en un Código Familiar totalmente desfasado de la realidad. En ellos sólo se reconoce la familia heterosexual cuando la sociedad cambió y hoy tenemos varios tipos de familias. 

Es más, para consumo de los grupos conservadores, en una entrevista que recientemente le hicieron al Papa Francisco sobre los homosexuales fue enfático cuando señaló: “Me alegra que hablemos sobre las personas homosexuales porque antes que nada viene la persona individual en su totalidad y dignidad. Y la gente no debe ser definida solo por sus tendencias sexuales: no olvidemos que Dios ama a todas sus criaturas y que estamos destinados a recibir su amor infinito”, y selló con un contundente: ¿Quién soy yo para juzgarlos?

Ergo, hablar de totalidad y dignidad, es el reconocimiento de vivir en sociedad en una convivencia marcada por la ley, en medio de derechos y obligaciones, como parte de un todo y la dignidad humana no puede ser entendida sino como respeto en la diversidad. 

En definitiva, el sentido del resultado de la votación sobre matrimonio igualitario si bien provocó una mayoría parlamentaria el mismo sistema jurídico deja abiertas otras puertas para que como sociedad sigamos construyendo con la arcilla de los derechos que es lo que subyace al planteamiento de Tere Guerra.
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