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En los cambios para México, ya se dio la primera llamada Visor Social

Ambrocio Mojardín Heráldez
12/01/2019 | 04:03 AM

 

Yo no sé qué piensa usted, pero la mayoría de las decisiones que ha estado tomando el gobierno federal parecen estar “dando en el clavo” de lo que hace mucho la sociedad esperaba. No voy a intentar dar una la lista detallada de ellas porque seguramente me salga incompleta, pero una de esas medidas que tiene captada la atención pública y está en boca de todo el país, es la que se refiere al ataque contra el robo de combustible. 
 
Más allá de los efectos colaterales que la medida está teniendo en el abasto de combustible en algunas zonas del país y que incomoda a grandes sectores de su población, la decisión se antoja correcta y en tiempo. Primero, hay que detener las acciones centrales del delito y luego, atender los efectos que se derivan de ello. 
 
Por lo que hemos escuchado de voz del Presidente López Obrador, el robo de combustible cuesta a la Nación alrededor de lo que el gobierno de Sinaloa ejerce como presupuesto anual. Lo que es peor, quienes lo cometen no son solo personas del crimen organizado ligadas al narcotráfico, como se decía o se quería hacer creer, sino que incluye de manera muy notoria a redes internas de la paraestatal.
 
Ya la gente especulaba sobre el asunto, aplicando el sentido común, cuando veía que carros y pipas iban y venían con combustible, prácticamente sin ser molestados. Abrir una toma en esos ductos sería imposible sin la habilitación técnica y operativa de especialistas ligados a la empresa; o sin participación de estos.
 
Lo que los mexicanos hemos escuchado de propia voz del Presidente, confirma las sospechas y da evidencia de cómo la realidad de la corrupción supera la imaginación. ¿Hasta donde llega la ruta del saqueo de las finanzas nacionales mediante delitos como el del “huachicol” y, ¿qué tanto de la comprensión de ésta se puede alcanzar una explicación sobre el continuo proceso de pauperización que ha vivido la mayoría de la población?
 
Hemos tenido una historia tan extendida de gobiernos ineficientes y corruptos, con formas eficaces para engañar a la población, que ahora que se están tomando decisiones trascendentes para corregir, “estamos que no la creemos”. A los gobiernos anteriores les resultó relativamente fácil cursar por la negligencia, la complacencia y la complicidad, porque la población fue aceptando ser observador pasivo.
 
Son razonables los temores que expresan algunos analistas políticos sobre la posibilidad de que los intereses que están siendo tocados con cada una de las decisiones de cambio endurezcan sus reacciones y pueda llevarles a la irracionalidad de provocar caos en diferentes áreas de la vida nacional (p.ej. en seguridad o en economía). Frente a ello, la población tiene que mantenerse atenta, informarse muy bien, volverse más racional y menos pasiva.
 
Hay que decirlo, decisiones como la de enfrentar el robo de combustible o la de implementar un plan de austeridad, que incluye la suspensión de privilegios para la clase política y hacer el funcionamiento del aparato público menos costoso, suponen riesgo, pero suenan lógicas y coinciden con la expectativa social. Junto a ellas, la decisión de aplicar un sistema tributario más eficiente y dedicar recursos para mejorar los ingresos económicos de las familias más desprotegidas, hacen que la esperanza de un cambio en positivo para todos, por lo menos se sostenga. 
 
Siempre se ha escuchado de que los cambios que necesita México requieren de voluntad política y este gobierno federal está dejando constancia de que la tiene. Ya nos daremos cuenta de que con ella no será suficiente.
 
Dos de las dificultades más importantes que se van a enfrentar (o se están enfrentando) serán: uno, las reacciones al cambio que tendrán quienes ven atacados sus intereses y, dos, la lentitud y laboriosidad que suponen los cambios socioculturales que se necesitan.
 
El dicho dice que “a comer y a misa rezada, a la primer llamada”. Los mexicanos estamos viendo que se quieren hacer las cosas diferentes desde el gobierno federal. Varias de las decisiones hasta hoy tomadas son la prueba. 
 
Una forma de colaborar es sentirnos convocados a formar parte de los cambios que se exigen y empezar a actuar diferente. Los grandes cambios no suceden sin los pequeños cambios.
 
Hay que hacer el esfuerzo de mantenerse informado; hay que hacer uso del pensamiento crítico para consumir la información y tomar decisiones; hay que respetar las normas y leyes que nos rigen; hay que trabajar con decisión y dar lo mejor de nosotros en cada una de nuestras responsabilidades; hay que ser menos individualista y dejar constancia en cada cosa que hacemos, de que creemos en la vida social estable y justa para todos. No está tan difícil y la primer llamada ya se dio!... ¿O usted qué opina?
 
@Ambrociomojardi; amojardin@gmail.com
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