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En México nos están matando de trabajo Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
21/07/2019 | 04:00 AM

¿Recuerdan cuando la gente trabajaba incontables horas, sufriendo excesos y abusos por parte del patrón, por una mísera paga? Esa sigue siendo la norma en México, un país lleno de realismo mágico donde las prácticas de la Revolución Industrial siguen siendo vigentes.

El movimiento de “40 horas a la semana” fue un movimiento social que inició en Inglaterra de 1917 y estaba enfocado a regular la duración de las horas de trabajo y disminuir la jornada laboral a 8 horas diarias por 5 días a la semana (lo usual era trabajar 10-16 horas, 6 días a la semana). La explotación infantil también solía ser la norma.
Hoy en día, trabajar 40 horas a la semana es considerado un esquema laboral ineficiente derivado de una costumbre que llegó con la Revolución Industrial para maximizar la producción (fijando horarios a los trabajadores).
Alrededor del mundo, muchos gobiernos y empresas están conscientes de que las “horas nalga” no equivalen a un trabajo eficiente y bien hecho, y que resulta más redituable tener trabajadores descansados, relajados, y felices.
El mexicano promedio no goza del tiempo suficiente para descansar del trabajo, y es propenso al término japonés “karoshi”, el cual significa “morir por demasiado trabajo”. En México, el artículo 123 de la Constitución Mexicana de 1917 estableció las 8 horas de trabajo; sin embargo, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el mexicano promedio trabaja 2,255 horas al año (43 horas a la semana), casi el doble que un alemán (1,363 horas al año), y 492 horas más que el promedio mundial (1,763 horas al año).
En México, el temor al desempleo, las endebles leyes laborales, trabajos de tiempo parcial, y los jefes inescrupulosos, permiten que una semana laboral máxima de 40 horas rara vez se cumpla. Aún si tenemos la fortuna de ir 8 horas al día al trabajo, el Internet nos mantiene conectados en horas no laborales. Cuando nuestros teléfonos celulares y computadoras tintinean al son de un nuevo correo electrónico, nos resulta muy difícil resistir la tentación de revisar nuestra bandeja de entrada y responderlo sin importar la hora del día.
Para muchos mexicanos, las anheladas vacaciones por fin han llegado, y con ello la oportunidad de descansar y relajarse; no obstante, para muchos de ellos, las vacaciones son meramente una ilusión y dedicarán sus días libres para sacar pendientes o adelantar labores.
En México, 6 días de vacaciones al año es el mínimo que un empleador debe otorgar después de un año de servicio. Se añaden 2 días más por cada año de servicio subsecuente (hasta un máximo de 12 días). Después del cuarto año de trabajo, el periodo vacacional incrementa 2 días por cada 5 años de trabajo.
Este no es el caso de Brasil, Suecia, o Finlandia, donde la gente goza de al menos 40 días de vacaciones pagadas.
¿Por qué debemos cambiar este esquema?
Simplemente porque el cuerpo humano no está diseñado para las prácticas de trabajo actuales. Retirarse de las personas, actividades, y ambiente con el cual un individuo asocia el estrés y ansiedad no solamente es necesario para tener sanidad mental, sino también para dedicarle tiempo a la recreación y convivencia con los congéneres. La falta de tiempo libre enajena a los individuos de su comunidad y es una de las causas del descontento social.
Somos un país cansado y enfermo, sin tiempo de atender otros aspectos de la vida fuera del trabajo. Es momento de empezar a poner nuestras necesidades fisiológicas y recreativas como prioridad. Los días de descanso son esenciales para la salud física y mental de cualquier individuo, y necesarias para regresar al trabajo más efectivos y productivos. Si tu patrón no tiene la decencia de otorgar un horario de trabajo y días de vacaciones decentes, es hora de reclamarle a tus legisladores.
alberto.kousuke@uas.edu.mx


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