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Entre vigor y sabiduría Éthos

Rodolfo Díaz Fonseca
08/11/2018 | 04:03 AM
El joven es fogoso e impetuoso. Su ardor lo lleva a realizar grandes empresas, pero no siempre cuenta con suficiente sabiduría para dirigir y sostener el timón de su vida. La arrogancia puede nublar su entendimiento, cerrar su oído al sereno consejo y obsesionar febrilmente su espíritu.
Es cierto que en la juventud reside el futuro del mundo, mas no conviene que se menosprecie la sabiduría. Cuando se es joven se tiene fuerza, pero se carece de experiencia. Sin embargo, el extremo contrario también sería funesto; es decir, si el anciano impidiera que el joven asumiera un papel protagónico.
De este último caso encontramos un ejemplo cuando el tirano Sila no permitía que su yerno Cneo Pompeyo brillara más que él, a pesar de que el joven había conquistado buena parte de África. Empero, Pompeyo convenció a su suegro con esta frase: “El sol naciente tiene más adoradores que el sol poniente”.
Respecto al primer caso, podemos remitirnos a la mitología griega. Faetón era hijo de Helios, el dios sol. Al alardear ante sus amigos acerca de su divino origen, no le creían y se burlaban. Un día visitó a su padre, le comentó el incidente y éste accedió a concederle un deseo. Faetón dijo que quería conducir el carro del sol.
A Helios no le quedó otra alternativa y le concedió el deseo. La inexperiencia de Faetón le hizo perder el control de los caballos. Primeramente, se alejó demasiado y la tierra se enfrió. Corrigió el rumbo, pero se acercó demasiado y convirtió gran parte de la tierra en desierto y oscureció la piel de los etíopes.
Fastidiado, Zeus zanjó el asunto: derribó el carro del sol y Faetón se precipitó en las aguas del río Erídano.
¿Equilibro el vigor y la sabiduría?

 

@rodolfodiazf
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