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Falta de sueño: la epidemia del México moderno Opinión

Alberto Kousuke De la Herrán Arita
12/05/2019 | 04:00 AM
alberto.kousuke@uas.edu.mx
 
 
La próxima vez que le digas a tu yo interno “dormiré/descansaré cuando esté muerto”, toma en cuenta que estás tomando una decisión que podría hacer que ese día llegue más pronto de lo esperado. Desvelarse y privarse de sueño es igual de nocivo que tomar refrescos de cola, estar obeso, o estar inmerso en la drogadicción.
 
Aproximadamente un tercio de la población adulta duerme menos de las 7 horas de sueño recomendadas. Este dato estadístico nunca ha recibido mucha atención mediática, a pesar de que le dedicamos al sueño un tercio de nuestras vidas. Veinticuatro horas al día no son suficientes para el humano moderno.
El problema radica en que biológicamente seguimos siendo idénticos a los humanos primitivos de hace miles de años, los cuales tenían un ritmo de 24 horas y al cual dedicaban un tercio del tiempo estrictamente para dormir.
 
Actualmente, nuestro modus vivendi repleto de la búsqueda de estímulos y gratificaciones pasajeras, el consumismo y la inmediatez, la dieta saturada en azúcares y alimentos procesados, nos ha convertido en una especie enferma. Las enfermedades crónico degenerativas y condiciones propias de la vejez ya no son exclusivas de unos pocos ancianos, sino que ya están normalizándose en jóvenes adultos y hasta en nuestros niños. 
 
Como es frecuente con los temas relacionados con la salud, las enfermedades crónicas, a pesar de ser devastadoras, parecen intangibles hasta que ya es demasiado tarde. 
 
Todos estamos familiarizados con los estragos de la falta de sueño, el letargo se apodera de nuestro cuerpo y disminuye nuestra reactividad a los estímulos externos; asimismo, la mayoría sabe que una falta de sueño deteriora la memoria y altera nuestro estado anímico. 
 
Estudios recientes están dilucidando lo que pasa en nuestro cerebro cuando nos privamos del viaje a los dominios de Morfeo. 
 
Cuando dormimos, nuestro cerebro remueve proteínas tóxicas de las neuronas que se forman como producto metabólico de la actividad neuronal que tenemos cuando estamos despiertos, y se acumulan a lo largo del día. Cuando no logramos dormir lo suficiente, estas proteínas tóxicas permanecen en nuestras neuronas y alteran su función. El letargo secundario a una desvelada es un síntoma de esta alteración en la función neuronal, el cual no se podrá revertir, por más café que uno ingiera, hasta que se logre recobrar el sueño perdido.
 
Asimismo, estas alteraciones en el cerebro inducen un estado pro-inflamatorio en nuestro cuerpo. Se liberan sustancias que normalmente se secretarían durante una infección y el cuerpo permanece en un estado de estrés. Esto perturba todos los procesos fisiológicos y metabólicos que se llevan a cabo en el cuerpo y son necesarios para mantener la homeostasis corporal y la salud.
 
Todas las enfermedades neurodegenerativas (ej: Alzheimer, Parkinson, demencia, etc.), son secundarias a la acumulación de proteínas tóxicas en el cerebro. El llevar un estilo de vida donde el sueño no es una de las prioridades acelera este proceso degenerativo y predispone a muchas otras más enfermedades prevenibles. La falta de sueño está asociada con un periodo de vida más corto y un aumento en el riesgo de padecer diversas enfermedades como cardiopatías, diabetes mellitus tipo 2, y cáncer, entre otros.
 
La medicina preventiva debe ser una de nuestras prioridades. Aunque el estilo de vida contemporáneo puede resultar gratificante para algunos, si seguimos por este camino terminaremos con un país obeso, enfermo, triste, demente, y pobre.
 
Podemos ser más felices, saludables, y prósperos si logramos la armonía con nuestro cuerpo y con el mundo que nos rodea.
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