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Fomentar el uso de la bicicleta OBITER DICTUM

Fernando García Sais
06/11/2019 | 03:56 AM

@FGarciaSais

 

Las ciudades que, en su diseño, privilegian al vehículo sobre otras formas más eficientes de transportación -como la bicicleta- se convierten en el escenario en el que el usuario del vehículo es víctima de sí mismo al verse atrapado en el denso tráfico vehicular. Los embotellamientos son consecuencia natural de las fallas en las políticas públicas urbanas y, con ellos, los problemas de salud.

Si el conjunto urbano se diseña a partir de una estrategia orientada a hacer un uso más eficiente del suelo urbano, que ayude a acortar distancias de traslados y permita optimizar cadenas de viaje, esto es, compacto, conectado y diversificado, en ciudades como Mazatlán, el uso de la bicicleta se incrementará. Si las ciudades se arborizan para generar más sombras y disminuir el calor, con mayor razón.

Los traslados en bicicleta que se desarrollan en un radio no superior a los 5 kilómetros (20 minutos pedaleando) es el rango en que, dicho medio de transporte, muestra más ventajas respecto a otros modos de transporte.

La percepción de seguridad es muy importante para que el usuario tome la decisión de modificar hábitos de transporte. Si pedalear es percibido como una actividad de alto riesgo, no habrá tantos ciclistas como quisiéramos. Debe existir una segregación visible que transmita seguridad al ciclista sin que necesariamente se deba prohibir el vehículo. No se trata, evidentemente, de poner una ciclovía con la inteligencia del pintor de líneas que dividan simplemente el carril de vehículos con el de bicicletas.

Si, además, se logra conectar puntos de origen y destino en toda la ciudad y promover decididamente el uso combinado con otras opciones de transporte e infraestructura urbana como la instalación de “biciestacionamientos”, estaciones de bicicletas públicas junto a o cerca de las paradas de transporte público y obligar a los concesioanrios de camiones urbanos a permitir el acceso mediante la instalación de dispositivos para colgar bicicletas, la gente optará por usar la bicicleta. Si a la bicicleta provista en el espacio público se le incorpora una sillita para niños, se promoverá el uso por parte de familias, como por ejemplo para llevar y recoger a los niños a las escuelas, hoy una misión suicida.

No se trata de excluir a los coches, sino de que se complemente y se rediseñen las calles y avenidas para permitir el uso compartido entre ciclistas, peatones y vehículos motorizados. Una calle que transmita seguridad va a ser más usada por la gente, no sólo para salir a pedalear sino para usar patines, patinetas o salir a caminar.

Los funcionarios públicos que prometieron que iban a trabajar por nuestro bienestar deberían iniciar a hacerlo por el suyo. Bajarse regularmente de sus vehículos motorizados e intentar trasladarse en bicicleta, sería un primer gran paso y muestra de interés. No hacerlo sólo para la foto pues eso al ciudadano consciente lastima. Si tienen hijos o nietos menores, corran el riesgo de invitarlos a los trayectos. Además de mejorar su imagen y salud, conocerán las fallas urbanas y se expondrán a los terribles peligros a que someten a la población con sus fracasos como empleados públicos.

En el ámbito de la empresa privada, países como Francia dan un incentivo económico a sus trabajadores por cada kilómetro que recorran (casa-trabajo). En Edimburgo, en las inmediaciones de algunos colegios, se cierran las calles al tráfico en las horas de entrada y salida de los niños para facilitar que éstos vayan a clase caminando o en bicicleta con total seguridad. En Hamburgo, no habrá coches en los centros de las ciudades en el año 2034.

¿Y en Mazatlán?

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